El pasado dieciséis de julio, como cada año, los miembros de la Armada vivimos con gozo la festividad de nuestra patrona la Virgen del Carmen, dando gracias a Dios por la intercesión maternal de María y por su protección en tierra y en la mar. Los actos en honor de la Virgen marinera se multiplicaron en toda la “geografía de la Armada” y, por supuesto, en los buques que se encontraban en la
La imagen de la Virgen del Carmen ya fue protagonista especial en la Santa Misa que RTVE emitió en directo un día antes, el domingo quince, desde el Arsenal de Ferrol, a bordo de la fragata “Almirante Juan de Borbón”, presidida por el Sr. Arzobispo Castrense y concelebrada por el Obispo de Mondoñedo-Ferrol.
Ya en el día de la fiesta, el acto principal tuvo lugar en la Escuela Naval, coincidiendo con la Jura de Bandera de los Aspirantes de Primero y la Entrega de Reales Despachos a los nuevos Oficiales. El Santo Sacrificio de la Misa se celebró en la explanada de la Escuela. Como retablo, tras el altar, la impresionante escala monumental, de la que pendía un precioso crucifijo de marfil, recuerdo de la época colonial, y la talla de la Virgen del Carmen que con mirada materna recibía nuestras oraciones. Como fondo, frente al altar, las aguas de la ría y la silueta del Buque Escuela “Juan Sebastián de Elcano”. La Eucaristía fue presidida por el Sr. Arzobispo Castrense y concelebrada por el Vicario Episcopal de la Armada y el capellán de la Escuela Naval Militar. Asistieron el Ministro de Defensa, el Almirante General Jefe de Estado Mayor de la Armada, numerosas autoridades civiles y militares y muchos familiares que llenaron completamente las gradas, siguiendo la celebración con silencio y devoción.
Los actos en honor de la Virgen del Carmen se multiplicaron por toda la geografía española, principalmente en los grandes núcleos de la Armada: Ferrol, Cartagena, San Fernando, Rota, Canarias y Madrid, pero también en otras ciudades con vocación marinera, en las que las comandancias navales hacen presente la tradición del Armada
Mención aparte merecen los testimonios de devoción que también se vivieron en Nápoles o en Bruselas, donde los marinos allí destinados y sus familias compensaron la nostalgia con el amor a la Virgen del Carmen. Que Ella siga protegiendo a todos aquellos que, siguiendo una tradición gloriosa, sirven con generosidad a España en la Armada.
Javier Orpinell Marco
Vicario Episcopal de la Armada

















