En la tarde de ayer martes 21 de febrero, tuvo lugar la segunda intervención del ciclo cuaresmal: “El corazón de la vida cristiana”, que verso sobre: “El ancla de la esperanza”.
Comenzó el Arzobispo Castrense haciendo un breve resumen de lo expuesto el día anterior acerca de la virtud de la fe. A continuación desarrolló los elementos antropológicos de la esperanza centrándose en el cómo somos Homo Viator. Nuestra existencia se desarrolla en el mundo y en la historia. La temporalidad del ser humano, no sólo reclama un fundamento de su existir, sino también tener muy claro hacia donde caminamos, cual es nuestra meta final, que nos espera después de la muerte.
Mons. Del Río, se detuvo en los fundamentos bíblicos de la esperanza y en el significado de los grandes acontecimientos del Antiguo Testamento, que anunciaban nuestra promesa que se ha realizado en la plenitud de los tiempos con la venida del Hijo de Dios, Jesucristo. Él es el objeto de nuestra esperanza ( cf. 1 Tm 1,1). El que ha puesto su esperanza en Cristo, lleva en sí mismo algo del gozo celestial que es nuestra meta. La esperanza cristiana está anclada en el acontecimiento por excelencia que es la encarnación, muerte y resurrección que vivió el Verbo de Dios.
En un tercer momento hizo un recorrido de la virtud de la esperanza a lo largo de la tradición de la Iglesia. Abordó los frutos espirituales de esta virtud y la actualidad de los pecados contra la esperanza.
Finalizó con unas recomendaciones bibliográficas de tipo divulgativo sobre el tema desarrollado. Así mismo, exhortó a la meditación personal de algunos Salmos que ayude a crecer en la esperanza. Virtud tan necesitada en la sociedad de hoy, e imprescindible para el nuevo evangelizador del Evangelio de la esperanza en el siglo XXI.
Hoy miércoles de cenizas se tendrá la tercera conferencia con titulada: “El amor que no pasa nunca”.















