Arzobispado Castrense

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Día del Seminario, testimonio del seminarista D. Rodrigo Nieto

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“La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Lc 10,2). Estas son las palabras con las que Jesús envía a la Misión a setenta y dos discípulos. Y en el día de hoy son las palabras con las que nos alienta a seguir trabajando en su mies que es abundante y escasa de obreros.

Está próximo el Día del Seminario, el día especial de nuestro seminario castrense bajo la advocación del siervo de Dios Juan Pablo II. Un día en el que nuestras oraciones se intensifican y se aumentan para pedir al Padre del Cielo, al Dueño de esta mies tan concreta, tan delimitada, las Fuerzas Armadas, más obreros, más valientes jóvenes como aquellos setenta y dos discípulos enardecidos los corazones por un nuevo proyecto que Cristo les encarga, una nueva historia en sus vidas: la historia de Dios y de su salvación.

Nuestro seminario castrense esta formado hoy en día por catorce seminaristas. Tres de ellos recibieron el sagrado orden del diaconado. Cabe decir que parece providencial que un seminario joven reciba cada año alrededor de 12 seminaristas por la semejanza con el círculo íntimo de los Doce Apóstoles de Jesús. Porque es Él quien escoge a su círculo de amigos y discípulos.

Es Cristo quien nos elige, nos llama, nos escoge de entre tantos chicos del mundo de hoy. Nuestras vidas son muy variadas, muy concretas. Nuestros orígenes son de zonas muy diversas de España: las Islas Canarias, Galicia, León, Cuenca, Cáceres, Madrid, Valencia, Castellón. Cada uno con una experiencia de Dios y del hombre de hoy, cultivada a lo largo de nuestra vida con sencillez y esmero. No somos superhombres, ni jóvenes que debemos realizar heroicidades espectaculares, somos chicos que nos dejamos moldear por Aquel que nos llamó: algunos en la más temprana edad, otros en una madurez más avanzada estando en universidades o en trabajos…etc.

Somos jóvenes del mundo que nos toca vivir hoy, con sus exigencias y sus cambios, venidos de nuestros ambientes, del principal de todos de una familia sencilla cristiana que es donde recibimos la primera llamada; nuestros padres, al entregarnos el don de Dios en el bautismo, la santidad, nos dieron la semilla de Dios de la vocación. Ellos fueron y son los que gracias a sus oraciones diarias nuestra vocación mantiene su fundamento y unidos a ellos recibimos la fuerza del Señor que nos propone seguir trabajando en su mies. Y no solo ellos nos apoyan con sus oraciones sino todas las personas que sienten que la mies es mucha y los obreros pocos y ruegan a su Dueño para que envié muchos mas.

Esa semilla que sembraron nuestros padres en el bautismo ahora florece y se cultiva en el seminario, con el estudio diario, con la oración personal y comunitaria, con las actividades personales y comunitarias. En un ambiente familiar, recordando el hogar oculto y desconocido de nuestro Señor en Nazaret, maduramos nuestra vocación bajo la protección de María Inmaculada patrona de los capellanes castrenses. Ante las dificultades o los sinsabores y cuando recibimos alegrías y bienestar como cualquier joven nos acercamos, tanto para pedir fuerzas como para dar gracias, al sagrario, centro del Seminario, y con un seguimiento en la vida espiritual y psíquica.

Nuestra formación intelectual se realiza en la Facultad Teológica de San Dámaso en Madrid. Allí tenemos la oportunidad de recibir una solida formación teológica y filosófica que la Iglesia pide para la formación de los sacerdotes, de conocer otros seminarios y seminaristas, de participar en actividades académicas, de vivir en comunidad y en contacto con todas las demás formas de experiencias cristianas y carismáticas de la Iglesia en donde nos sentimos miembros de la universalidad de la Iglesia, en comunión con el Santo Padre. Allí sentimos y palpamos que esa mies es tan abundante y tan necesitada que se extiende desde Oriente a Occidente y nosotros formamos parte de ella.

Nuestra “parcela” encomendada son las Fuerzas Armadas de España que unidos a nuestro Arzobispo Castrense trabajaremos como fieles colaboradores en su ministerio; nuestro trabajo se dirige a todos los militares españoles allá donde estén. Nuestro desgaste es en el ejército español donde hay tantos cristianos, sobretodo jóvenes, que en medio de sus obligaciones y sus vidas el sacerdote se hace presente para su asistencia espiritual y su cercanía humana. Donde el sacerdote se asemeja al soldado de Dios que proclama la victoria de Cristo, su misericordia. Por eso el lema de este año es “el Capellán, testigo de la misericordia de Dios en las Fuerzas Armadas”, el sacerdote castrense o capellán castrense es un verdadero testigo de esa misericordia, es su cometido único, especial y concreto; una misericordia que ha de extenderse por todo el ámbito castrense allá donde se encuentre. Es la misión que el Padre nos encomienda y por la que debemos orar intensamente ante la necesidad de obreros en esta parcela tan delimitada de la Iglesia universal.

Por eso, junto a toda la Iglesia orante en el Día del Seminario ruego a mi Padre del Cielo por intercesión de San José, patrono de los seminarios, que envíe mas obreros y animo a todos que oréis por esa necesidad y al mismo tiempo por los jóvenes entusiasmados que nos estamos preparando para tal cometido y misión, que el Señor nos de fuerzas y valentía para llevar a cabo su tarea en medio de nuestros militares, en medio de la sociedad y del mundo que nos toca vivir.

 
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