Arzobispado Castrense

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Los Cadetes de Zaragoza

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La Santa y Real Hermandad del Santo Refugio de Zaragoza, es una entidad benéfico privada sin ánimo de lucro que desarrolla obras sociales gracias a la comunidad de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, una reducida plantilla de trabajadores de la Hermandad y el Voluntariado.

la historia de dicha Hermandad se remonta a mediados del siglo XVII en Madrid, desde se expande a otras ciudades de España; en Zaragoza queda establecida en 1642, apoyada por doce familias de la ciudad y el apoyo incondicional del Arzobispo Apaolaza de Zaragoza.

Para conocer más detalles del origen y de los títulos de Santa y Real, consultar página web www.hermandadelrefugio.es

Respecto a la colaboración de la Academia General Militar hay que remontarse a hace 10 años, cuando el entonces General Director D. Blas Oliver, se vinculó de forma personal con la Hermandad, haciéndose Hermano, y se establecieron vínculos de colaboración y ayuda permanente.

Siempre los cadetes de la General, han colaborado en distintas instituciones y actividades de orden social en la ciudad de Zaragoza; desde hace diez años, y por mediación del General Oliver, dicha colaboración se ha focalizado hacia dicha Hermandad.

El Refugio tiene un albergue de acogida para 64 transeúntes, una guardería para más de 60 niños, programa "gota de leche" dirigido a niños de madres solteras y familias sin recursos, asesoramiento jurídico-social, programa "reinser" dirigido a personas desempleadas...

Durante el curso académico, los cadetes colaboran y participan en:

Los miércoles por la noche, 3 Caballeros Cadetes acompañan al Páter, para dar de cenar a los transeuntes, y dejar preparada la sala del desayuno,

Recogida de ropa y alimentos en campañas puntuales, así como donaciones económicas en momentos puntuales.

En Navidad el coro de cadetes ofrece un conciero benéfico en el Auditoriun de Zaragoza, para recoger fondos económicos.

Del suplemento “armas y cuerpos”, Academia General Militar

Cuando contemplo el rostro de los cadetes, que acuden por primera vez a colaborar en el reparto de la cena en el Santo Refugio, descubro siempre una extraña mezcla en sus miradas: por un lado, sus ojos reflejan la preocupación, la inquietud e incluso, el temor de encontrarse en primera persona, el drama de la pobreza y la marginación social que sacude a diversos ámbitos de nuestra sociedad española; y por otro lado, sus ojos expresan la satisfacción del deber cumplido o de haber realizado una obra buena.

Son muchos los caballeros y damas cadetes, que desde hace ya bastantes años, colaboran, de manera voluntaria y generosa, con diversas actividades relacionadas con la beneficencia social en la ciudad de Zaragoza. Reconozco que son como pequeñas gotas de agua en un inmenso océano, ante la gran demanda de ayudas sociales que sacuden nuestras conciencias; pero aún así, este compromiso altruista de los cadetes, se convierte en una respuesta positiva y necesaria a todas esas demandas sociales, y también, es expresión de unos principios que definen la figura del futuro oficial de nuestro Ejército y de la Guardia Civil.

En la conferencia de la Cátedra Cervantes, impartida por el General Sañudo, nos recordaba que “la formación moral es seña de identidad de nuestro Ejército…nuestros valores y virtudes no pueden ni deben ser cuestionados y han de ser parte intrínseca de nosotros a lo largo de nuestra vida militar” y, así mismo, recalcaba en diversos momentos que el servicio, la entrega, el sacrificio, la ejemplaridad y el compromiso definen al que ejercerá el mando en nuestras fuerzas armadas; pero, sobre todo, el General apuntó un detalle, siempre esclarecedor: ante las dificultades, valor y honor; el primero, necesario para vencer el miedo al sufrimiento, a las fatigas y al cansancio; y el honor, entendido desde el respeto a uno mismo y al prójimo, y como ese sentimiento interior que nos lleva a buscar y hacer siempre el bien.

Compromiso solidario, generosidad, servicio, disponibilidad, son palabras que quedan escritas, todos los miércoles por la noche, en los corazones de aquéllos que se resguardan al amparo del Santo Refugio de Zaragoza; “palabras escritas” por cadetes de nuestra Academia, y que muestran su valentía y disponibilidad ante los miedos, fatigas y sufrimientos provocados por una crisis económica que no cesa y, a la vez, se convierte en testimonio silencioso pero ejemplarizante, para una sociedad que está imperiosamente necesitada de cimentarse en valores y virtudes sólidos y duraderos.

Aquí no hay ni aplausos ni felicitaciones; el cadete se quita el delantal con el que ha servido la cena, se despide de los voluntarios y de las monjas responsables del Refugio y, con la satisfacción interior del deber cumplido, vuelve a la Academia, donde se le enseña que el honor nace en el respeto a la dignidad humana, y en ese compromiso que nos lleva a hacer siempre el bien y a luchar por el progreso y bienestar de nuestra sociedad.

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Por otro lado en la tarde del pasado 26 de mayo, 18 caballeros y damas cadetes, a los que se unieron Jesús Manuel, Cabo del Ejército del Aire, y Alejandro, joven vinculado familiarmente a la Academia, recibieron de manos del antiguo Vicario Episcopal del Ejército de Tierra, D. Manuel de Blas, el sacramento de la confirmación, por el que se infundía en el corazón de todos ellos, el don del Espíritu Santo.

En la presentación de los confirmandos, se recordó cómo el Servicio Religioso de la Academia General había asumido el compromiso que hicieron los padres y padrinos de los confirmandos en el día de su bautismo. Al inicio del presente curso académico se invitó a los caballeros y damas cadetes a participar en un proceso catequético para crecer, madurar y reflexionar desde la fe; de esa invitación nació este grupo de confirmandos.

En la homilía, D. Manuel les recordó a los confirmandos los frutos del Espíritu Santo: paz, alegría, bondad, mansedumbre, amor, tolerancia, amabilidad, fe y dominio de sí mismo; frutos que nos muestran la Buena Nueva de Jesucristo a los hombres. Así mismo, en tono cercano y familiar, el Vicario invitó a los nuevos confirmados a que se sintiesen llamados a ser misioneros, a transmitir en su vida cotidiana la alegría de Dios y ser en medio de sus compañeros de Academia ejemplo de bondad y compromiso.

Un numeroso grupo de cadetes y familiares acompañaron a los confirmandos en la celebración eucarística y, así mismo, contamos con la presencia del Vicario Castrense de la Suige 3 (Barcelona), de los capellanes de la Base Aérea de Zaragoza y de la ACLOG de Calatayud y de D. Emilio García del Moral, Coronel-Capellán retirado y que durante un período importante de años fue capellán de esta Academia General.

Enhorabuena a los nuevos confirmados, a sus padres y padrinos.

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