Arzobispado Castrense

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XXV Conferencia Internacional de Delegados y Agentes de Pastoral Sanitaria

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Del 17 al 20 de noviembre, asistí en Roma a las Jornadas que se desarrollaron, en el Nueva Aula del Sínodo de la Ciudad del Vaticano, organizadas por el Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios, sobre el tema “Hacia una asistencia equitativa y humana a la luz de la Encíclica Caritas in veritate”, que afrontaron la cuestión actual de la igualdad de acceso a los servicios sanitarios básicos, no sólo en general, sino en sintonía con la dignidad del hombre y su vocación.

A la luz de esto, bajo la Presidencia del Cardenal Zygmunt Zimowski, Presidente del Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios, una cincuentena de relevantes conferenciantes, entre los que se encontraban teólogos, científicos, políticos, diplomáticos, empresarios, también cristianos de base y profetas de nuestro tiempo, manifestaron la dificultad de conciliar el progreso económico, científico y técnico con la persistente disparidad de acceso a los servicios sanitarios de los países ricos y de los países pobres. Además, y asimismo en todos los países ricos existen marcadas diferencias en el acceso a los cuidados sanitarios. Muchos pueblos no tienen opción a los medicamentos y a las tecnologías “salvavidas” debido a los costos inaccesibles o a las escasas infraestructuras sanitarias existentes en sus naciones de origen.

Frente a estas situaciones de miseria e injusticia, la Iglesia tiene una misión de verdad por realizar, con el fin de promover una sociedad que esté en sintonía con el hombre, con su dignidad y su vocación. En un mundo que se está volviendo progresiva y ampliamente globalizado, el amor en la verdad –caritas in veritate- es realmente un gran reto para la Iglesia. “El riesgo de nuestro tiempo es que la interdependencia de hecho entre los hombres y los pueblos no se corresponde con la interacción ética de la conciencia y el intelecto, de la que pueda resultar un desarrollo realmente humano. Sólo con la caridad, iluminada por la luz de la razón y de la fe, es posible alcanzar objetivos de desarrollo con un carácter más humano y humanizador. El compartir los bienes y recursos, de lo que proviene el auténtico desarrollo, no se asegura sólo con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor que vence al mal con el bien (cf. Rm 12, 21) y abre la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad”(n. 9).

La Encíclica, pues, a tenor de la glosa que hacían los participantes, invitaba a reconocer y afrontar los males de nuestro tiempo, sobre todo en el sector fundamental de la sanidad. Guiada por la Caritas in veritate, la Conferencia examinó, entre otros, las perspectivas básicas para una promoción equitativa y más humana de la salud, la misión de la Iglesia a favor de los enfermos, el patronazgo de de una asistencia sanitaria antropocéntrica, sin desentenderse de la sociedad civil ni de cualquier institución u organismo privado que fomente la justicia, la equidad y la solidaridad en el ámbito sanitario.

La obligación moral proveniente de los derechos humanos invita a tratar a toda persona como a uno mismo, con la misma dignidad y con las mismas oportunidades de obtener una vida saludable. Por tanto, no se puede excluir a nadie de la sanidad. Las desigualdades actuales en la asistencia sanitaria claman para que se emprenda una acción valiente, sin titubeos. “Esta urgencia viene impuesta por la caridad en la verdad. Es la caridad de Cristo la que nos impulsa (caritas Christi urget nos-2 Co 5, 14). Esta urgencia no se debe sólo al estado de las cosas, no se deriva solamente de la avalancha de los acontecimientos y problemas, sino de lo que está en juego: la necesidad de alcanzar una auténtica fraternidad”(n. 20).

Todos apostamos para que esta Conferencia ilumine los modos para mejorar el acceso a la tan deseada igualdad de la asistencia sanitaria básica y, que al mismo tiempo, sea respetuosa con la dignidad inalienable del hombre.

Y de esta forma, se confiaron los trabajos a la Santísima Virgen María, Salus Infirmorum, para que nos guíe y nos proteja siempre en el ejercicio de nuestro compromiso cotidiano.

Julián ESTEBAN,
Delegado Episcopal de Pastoral Sanitaria