LA CRUZ SIGNO DE VIDA
Queridos militares peregrinos:
Con gran alegría me dirijo a todos los componentes de la PMI en su 52ª convocatoria.
Peregrinar es ponerse en camino con la finalidad de alcanzar un fin deseado. En este caso nuestra meta se convierte en un objetivo muy especial: la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Ella, que al pie de la Cruz, signo de Vida, es corredentora con Cristo, nos alienta en nuestro caminar hacia el encuentro definitivo con Dios y con los hermanos. Ella nos acoge con maternal misericordia transformando la pesada carga de nuestras dolencias corporales y morales en instrumentos asociados a la Cruz del Señor. De este modo, por medio de nuestras cruces, alcanzaremos la Vida. La Cruz es la puerta estrecha, el camino angosto, pero no el sufrimiento absurdo, si no la antesala de la Casa del Padre en la que nos espera también nuestra Madre con todos los santos para experimentar un gozo que “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó lo que Dios tiene preparado para los que le aman” (1º Cor. 2,9)
¡Cuántos milagros han sido realizados por la intercesión maternal de la Madre del Señor! A ella acudimos con la firme confianza de que cure nuestras dolencias, de que remedie nuestros males, de que sea para todos el bálsamo, el alivio y el descanso en este caminar por nuestra historia personal hacia la Patria del Cielo. Llevémosle el corazón colmado de necesidades y vaciémoslo en su regazo, que ella nos lo devolverá repleto de favores. Presentémosle nuestra alma enferma y dañada por el pecado, que ella la sanará y la envolverá en innumerables gracias divinas.
Ella, al invitarnos a la reconciliación con Dios y con los hermanos, ejerce su maternidad desde la perspectiva del perdón y en dirección a la unidad. Por eso nos presenta la ocasión propicia para que, revisando con seriedad nuestra conciencia, acudamos al Sacramento de la Confesión para recobrar la salud espiritual. De este modo, reconciliada nuestra alma con el Padre, fortaleceremos al mismo tiempo, por la comunión de los santos, la unidad con los demás. Esta unión se manifestará tangiblemente en el hermanamiento entre los soldados de los ejércitos de las diversas naciones y se sustentará en un colosal anhelo por la paz.
Santa María de Lourdes: que la paz, la justicia y la libertad sean una realidad en este mundo convulso. Transforma nuestros corazones con tu amor de Madre y “haz que nosotros tus hijos, confortados por Ti en las penas, protegidos en los peligros, apoyados en las luchas, amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, y merezcamos los goces eternos junto a Ti. Amén.” (Oración a la Virgen de Lourdes compuesta por Pío XII)
Con el deseo de que esta 52ª PMI sea espiritual y humanamente provechosa para todos y cada uno de nosotros, os bendice vuestro Arzobispo.
†Juan del Río Martín,
Arzobispo Castrense de España.



















