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El Papa reanuda la Audiencia General en la Plaza de San Pedro acompañado por sesenta mil monaguillos

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El pasado miércoles, Benedicto XVI reanudó, después de tres semanas de una breve pausa en sus actividades, la tradicional celebración de la Audiencia General de los miércoles en la Plaza de San Pedro.

En esta ocasión la audiencia contó con la numerosísima participación de los jóvenes miembros de la Peregrinación Europea de Monaguillos, encabezados por Mons. Martin Gächter, Obispo Auxiliar de Basilea y presidente del "Coetus Internationalis Ministrantium".

Fueron aproximadamente sesenta mil jóvenes, de entre 14 y 25 años de edad, procedentes de 17 países, en su mayoría de Alemania, los que se encontraron presentes en Roma para la celebración de esta reunión internacional.

Con el pañuelo del evento al cuello y con camisas de diferentes colores que identificaban a los distintos grupos nacionales, los monaguillos -chicos y chicas- celebraron una vigilia de rezos.

Benedicto XVI dedicó su catequesis al tema de la Eucaristía destacando, en particular, a San Tarcisio, patrono de los  monaguillos.

El mensaje del Santo Padre fue una invitación a comunicar la fe con alegría y entusiasmo, sin temor.  Por eso les pidió: «Custodiad celosamente en vuestro corazón la amistad con Jesús. Cada vez que os acercais al altar tenéis la fortuna de asistir al gran gesto del amor de Dios que se sigue donando para estar cerca de nosotros».

En su saludo a los peregrinos de lengua española el Santo Padre recordó que «la Eucaristía es el gran don que Jesús nos ha dejado. Que el ejemplo de san Tarcisio, cuya imagen podéis contemplar aquí, os ayude a todos a tratar con creciente amor y veneración a Cristo, que en el Santísimo Sacramento se entrega por nosotros, y nos alimenta y sostiene en nuestro camino hacia la patria definitiva».

Como suele suceder después de saludar en diversos idiomas, el Papa elevó una oración especial por los enfermos y por los recién casados; deseando a los primeros que el amor de Cristo sea siempre su fuente de alivio y de paz, y rogando a los nuevos matrimonios que se esfuercen por hacer cada día más sólida y profunda su comunidad de vida y amor.