ALGUNAS CONSIDERACIONES PRÁCTICAS
Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas de España,
Madrid 15 de diciembre de 2009
Queridos amigos y hermanos sacerdotes:
En este Retiro de Adviento-Navidad deseo compartir con vosotros “algunas consideraciones actuales para la vida espiritual y pastoral de los presbíteros de nuestro Arzobispado Castrense”. No se trata de una reflexión de orden doctrinal, sino más bien de una llamada de atención sobre algunos puntos que pueden ayudarnos en la vida sacerdotal, como servidores de la familia militar en España.
El sacerdote en tiempos de tribulaciones.
1. Si ahondamos en la Historia de la Iglesia encontramos que en las épocas más difíciles de nuestra sociedad es cuando han surgido más santos. Es éste, por lo tanto, un momento tremendamente interesante para cultivar sacerdotes, capellanes castrenses, que deseen “guerrear” contra los nuevos enemigos de la dignidad humana, utilizando únicamente “las armas de la fe”, que diría San Pablo. A esta misión están llamados únicamente aquellos que quieran correr la “aventura del Espíritu”, que deseen salir de la superficialidad mundana y elevarse en “altos vuelos” de santidad y celo apostólico. ¡No hay cabida para la mediocridad! Esta nueva batalla antropológica y cultural en la que se encuentra sumergida la Iglesia sólo se gana por el camino de la santidad de vida de los cristianos, principalmente de los pastores. Porque el pueblo de Dios siempre es imitador de aquellos que han sido puesto al frente de la grey. La necesaria y auténtica renovación eclesial –por lo tanto también de nuestro Arzobispado- nace de dentro hacia fuera. No son los nuevos planes pastorales los que transforman a la Iglesia, sino el testimonio de los santos que han hecho vida lo que profesaban y celebraban.
2. Sin embargo, como diría en el siglo XVI el Maestro Ávila: “Son muchos los frentes y muy gastada está la cristiandad”. Esta afirmación está de máxima actualidad. También la Iglesia en aquella época se vio involucrada en una crisis semejante a la nuestra y la verdadera salida la dieron lo santos reformadores como: S. Juan de Ávila, S. Teresa de Jesús, S. Ignacio de Loyola, S. Juan de la Cruz y otros. Hoy, la Iglesia se ve interpelada o amenazada, por la autosuficiencia del tiempo moderno que trae consigo el secularismo y el laicismo exacerbado, intentando secar las raíces cristianas de nuestro pueblo. Es todo un intento de destruir las bases judeocristianas que sustentan la cultura occidental. Por otra parte, este “humus cultural” descristianizador ha entrado en algunos sectores pastorales, y el mismo sacerdocio católico es llevado con frecuencia a la “picota” en los Medios de Comunicación Social. A esta situación, conocida y compartida por todos, hay que añadir que en nombre de un pluralismo religioso, mal entendido, y de una tolerancia interesada se orqueste “una ingeniería social” para arrinconar al máximo la presencia social de la Iglesia Católica. Estos desafíos, repercuten en la vida personal y pastoral de un sacerdote, y mucho más en aquellos que tienen como misión atender espiritualmente a las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Aunque no voy a entrar en este problema, siempre es bueno recordar lo que tantas veces he repetido en el tiempo que llevo como Arzobispo Castrense:
La presencia de la Iglesia en las Fuerzas Armadas y en los Cuerpos de Seguridad del Estado no es un privilegio de épocas pasadas, o una concesión de un régimen determinado, ni va en detrimento de la legítima y necesaria separación entre la Iglesia y los Gobiernos. La existencia de un Servicio de Asistencia Religiosa a la comunidad castrense es un derecho fundamental que tiene el ciudadano de ser atendido por los ministros de la confesión religiosa que profese. Ese derecho del individuo no sólo ha de ser protegido y respetado por el Estado, sino además promovido a instancia de los poderes públicos. Negar o reprimir este derecho es fruto de ideología totalitaria. En el caso de España el Arzobispado Castrense cuenta con una larga tradición institucional de tres siglos. De la misma manera que, en los países democráticos de nuestro entorno se da organizaciones eclesiales específicas que responda a es derecho fundamental de ciudadano . Benedicto XVI ha ratificado esta presencia afirmado: “Acompañando a los militares católicos y a sus familias, la Iglesia desea ayudarles a realizar su tarea específica basándose en los valores humanos y morales del cristianismo, para que sirvan fielmente a su patria y edifiquen su vida personal y familiar…Es conveniente que los miembros de las Fuerzas Armadas puedan constituirse en comunidades cristianas particulares, bajo la guía de un pastor que sepa reconocer y respetar la especificidad del mundo militar” (26.6.2008). Luego el ejercicio de nuestro ministerio de presbítero está marcado por la misión específica Castrense, a las que estáis llamados y desarrolláis en comunión con el Obispo.
3. Solamente podremos hacer frente a los “vientos adversos” si crecemos en la vida interior. Urge profundizar cada día más en la verdadera experiencia de Dios y traducirla en una gran coherencia de vida sacerdotal, pues, como dice S. Juan Crisóstomo, “el Señor Jesús enseñó a sus discípulos a cuidar con ejemplaridad de su propia vida, porque había de ser mirada constantemente por todos, como ciudad colocada sobre un monte, como la luz que está colocada y luce sobre un candelero (Mt 5,14-16)” . Es necesario volver siempre a nuestros orígenes, entrar dentro de nosotros y redescubrir continuamente el misterio de nuestra vocación sacerdotal, con el corazón lleno de admiración y gratitud hacia Dios por este don inefable, rememorando cómo el Señor nos llamó por nuestro nombre y nos dijo “sígueme” (Mt 4, 19) para ser -con palabras de S. Gregorio Magno- “como atalaya del pueblo de Dios que debe, por su conducta, estar siempre en alto, a fin de preverlo todo y ayudar así a los que están bajo su custodia”. Ahora bien, el ser “atalaya” no tiene otro fundamento que Jesucristo, que se nos desvela en la intimidad de la oración, en las acciones litúrgicas, y en la práctica de caridad. He aquí el secreto de la vida sacerdotal, que no tiene motivos para temer el futuro, porque vuelve continuamente a las fuentes y se regenera en ellas. Éste es el sentido de aquella oración pronunciada cuando se te entregaron el cáliz y la patena: “Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor” .
En medio de adversidad: Orad sin desfallecer en favor de los fieles.
4. Tenemos una gran necesidad de oración profunda, en cierto sentido “orgánica”, para poder dar un relieve distinto a nuestro sacerdocio y ser signos elocuentes de la presencia de Dios en su pueblo, de tal manera que nuestro “ser sacerdotal” marque nuestros quehaceres y seamos interrogantes en nuestros cuarteles y unidades. De esta forma, el sacerdocio ministerial castrense sería más atrayente y comprensible para los jóvenes, que lo captarían como una verdadera “llamada” y no como una simple profesión en la que uno se “dedica mucho a los demás” en la organización militar. El capellán debe ser ante todo un hombre de Dios, no un seudo-psicólogo o asistente social, que siguiendo el consejo paulino se haga “todo con todos, para ganar algunos para Cristo”. La pérdida del sentido del Misterio en nuestras vidas sacerdotales nos hace vulnerables a los ataques de los “maestros de la sospecha” que configuran la cultura actual de donde proceden las nuevas generaciones de militares. De ahí, que un buen capellán católico en siglo XXI, debe ser “muy cura” y a la vez “hombre de buena cultura”. Con una vida aseglarizada no se convence a nadie, un sacerdote funcionario de acciones litúrgica no llega al corazón de los fieles.
5. La vida sobrenatural de la gracia no nos saca de las preocupaciones del mundo, sino que nos hace estar en medio del mundo sin ser del mundo (cf. Jn 17,15). La asidua meditación de la Palabra de Dios nos acerca a los demás, a sus dolencias y necesidades. Nos da una sensibilidad distinta que nos diferencia del puro agente social, en cuanto que el “otro” es querido o es buscado porque “es imagen y semejanza de Dios”. Y ese Dios que me habla al corazón en la oración es el mismo Señor que me indica su presencia privilegiada entre en los más pobres que también los hay entre nuestras tropas. Pero, además, la oración nos ayudará, antes que nada, a conservar la conciencia profunda de que, como sacerdotes, somos “administradores de los misterios de Dios” (1Cor 4,1). Nos libra de los extremismos que desfiguran el ser sacerdotal (pasotismo-activismo); nos auxilia en los momentos de cualquier tentación; nos capacita para aceptar la cruz de cada día (Cf. Mt 26,41; Gál 5,1) y nos hace vivir en la gratuidad. Todo esto lo recoge maravillosamente el Santo Cura de Ars en uno de sus Sermones: “Bien podemos decir que la oración lo hace todo: ella es la que nos da a conocer nuestros deberes, la que nos pone de manifiesto el estado miserable de nuestra alma después del pecado, la que nos procura las disposiciones necesarias para recibir los sacramentos, la que nos hace comprender cuán poca cosa sean la vida y los bienes de este mundo, lo cual nos lleva a no aficionarnos demasiado a lo terreno. Ella, por fin, es la que imprime vivamente en el espíritu el saludable temor de la muerte, del juicio, del infierno y de la pérdida del cielo” .
6. No cabe duda de que esta primacía de la santidad y de la oración en la vida sacerdotal tiene diversos medios:
- La lectio divina, en cuanto que es la palabra viva que “interpela, orienta y modela la existencia” (NMI, 39).
- La meditación diaria que, como dice Santo Tomás, “ha de ser confiada, recta, ordenada, devota y humilde” .
- El rezo de la Liturgia de la Horas, mediante el cual el sacerdote se une a la alabanza de la Iglesia en favor de su pueblo.
- Experimentando -como humildes pecadores- el Sacramento de la Penitencia, a la vez que -como ministros del mismo- lo valorizamos convenientemente, atendiendo a las actuales circunstancias pastorales y teniendo presente el documento Misericordia Dei que afirma: “La falta de disponibilidad para acoger a las ovejas descarriadas, e incluso para ir en su búsqueda y poder devolverlas al redil, sería signo doloroso de falta de sentido pastoral en quien, por la ordenación sacerdotal, tiene que llevar en sí la imagen del Buen Pastor” (nº 1).
- Llevando con seriedad el acompañamiento espiritual.
- La participación en Retiros, Ejercicios Espirituales y Formación Permanente.
- Y el cultivo y la constancia en las prácticas de piedad sacerdotal que caldean el espíritu y nos preparan para la celebrar dignamente la Eucaristía. Así, “al unirse los presbíteros al acto de Cristo sacerdote -dice el Vaticano II-, se ofrecen diariamente por entero a Dios y, al alimentarse del cuerpo de Cristo, participan de corazón de la caridad de Aquél que se da a los fieles como pan eucarístico” (PO, 13).
7. No olvidemos que, un sacerdote orante se asemeja más a Jesús, cuya vida estuvo centrada en la oración: Él se retiraba a orar, enseñó a sus discípulos a orar, y en todos los momentos decisivos de su vida estuvo presente la oración. Por lo tanto, desde Cristo, la oración es amistad, es una forma de ser, es una manera de relacionarse y nunca algo que se “vive a ratos”. Además, es “perseverando en la oración” (cf. Hech 1,14) como se edifica la Iglesia y se lleva a cabo la nueva evangelización. Por eso, cuando baja el nivel del compromiso misionero es porque está seco el “pantano de la oración”
La fidelidad en las “pequeñas cosas”
8. Las grandes empresas de la vida se hacen con el cúmulo de pequeñas acciones. Lo mismo ocurre en la vida espiritual. El Señor nos dijo: "Aquél que es fiel en lo pequeño será de fiar en lo mucho". Nuestra existencia se puede pasar pensando en muchos proyectos de futuro, mientras que dejamos escapar el "día a día", que es donde se forjan los grandes hombres. Por ello, lo principal que debemos adquirir es el "sentido común", que supone una madurez en la aceptación de uno mismo, a la vez que un saber distanciarse de los problemas para tener objetividad en el discernimiento de los hechos y marcar unas pautas de comportamiento y actuación buscando el equilibrio y la moderación. Decía Sócrates que "la vida no observada, no examinada, no vale la pena vivirla, porque no es vida". Os ofrezco algunos consejos para actuar con sentido común en el orden personal y pastoral:
- El principio de la verdadera santidad es reconocer y luchar contra los defectos y dar gracias a Dios por los dones y virtudes recibidas.
- No mendiguéis amor, porque éste se da y se recibe en libertad y gratuidad.
- No olvidéis que “hay más alegría en dar que en recibir”.
- La vanidad y orgullo salen siempre más caros que el hambre y la sed.
- Tratad a los otros como queréis ser tratados.
- El ser hombre de equipo no os libera de vuestra responsabilidad y de aquellas obligaciones que os son propias y que nadie puede hacer por vosotros.
- Evitad las preocupaciones y penas que sólo están en la imaginación.
- Contad hasta diez antes de hablar cuando estéis enojados o disgustados, y hasta cien cuando estéis enfurecidos.
- No olvidéis que el primer principio de la pastoral es la educación. La caridad requiere estilo humano y delicadeza de espíritu.
- En cuestiones de fe, sed fieles en lo fundamental, respetuosos en lo pastoral y coherentes con lo que predicáis y celebráis.
- Recordad que pasan las personas y desaparecen los imperios, pero Dios es el único Amor que permanece.
9. Otra consideración es no confundir amistad con apostolado. ¿Qué quiere decir esto? Al final de una jornada repleta de actividades y encuentros con personas, en el examen de conciencia del rezo de Completas, hay que preguntarse, no si hemos crecido en amistad con nuestros semejantes, que es cosa positiva, sino más bien si hemos actuado llevados por el mismo celo de los Apóstoles, quienes, según el Libro de los Hechos, “no cesaban de enseñar y anunciar el Evangelio por todas partes” (5,42;8,4), esto es, en términos paulinos, si hemos predicado “a tiempo y a destiempo”. Porque uno es el fin de la amistad humana y otro muy distinto el del apostolado, pues como dice el Vaticano II: “El apostolado de la Iglesia y de todos sus miembros se ordena en primer lugar a manifestar al mundo con palabras y obras el mensaje en Cristo y a comunicar su gracia” (AA 6).
10. El sacerdote ha de ser servidor de todos, para “ganar algunos para Cristo” -que diría San Pablo- Tener esto claro nos libra de dos tentaciones que puede tener el presbítero hoy: la de funcionario y la de servidor de “selectos”. Para superar estas seducciones traigo a vuestra memoria estas palabras de la Escritura: “Apacentad el rebaño de Dios que os ha sido confiado, gobernando no por fuerza, sino espontáneamente, según Dios; no por sórdido lucro, sino con prontitud de ánimo” (1 Pedr 5,2). El ejercicio de nuestro ministerio sacerdotal no puede estar guiado por otros sentimientos que los del Buen Pastor que da la vida por sus ovejas (cf. Jn 10,11). La mística de la oblación de nuestra existencia humana y sacerdotal hace realidad la disponibilidad a la hora de los destinos, no buscando lo que más me conviene en el orden crematístico y familiar, sino donde puedo prestar mayor servicio al Arzobispado Castrense. Juan Pablo II en su primer viaje a España dijo a los sacerdotes en Valencia: “Haced de vuestra total disponibilidad a Dios una disponibilidad para todos vuestros fieles. Dadles el verdadero pan de la palabra, en la fidelidad a la verdad de Dios y a las enseñanzas de la Iglesia. Amad a los enfermos, a los pobres, a los marginados; comprometeos en todas las causas justas de los trabajadores; consolad a los afligidos; dad esperanza a los jóvenes. Mostraos en todo ‘como ministros de Cristo y administradores de los misterios de Dios’ (1Cor 4,1)” (8-XI-1982).
El capellán castrense, fidelidad a Dios en el campo militar.
11. Sería de ciegos negar que estos “nuevos tiempos” no nos afectan a nosotros. La Constitución Apostólica “Spirituali Mulitum Curae” de Juan Pablo II en 1986, supuso una nueva ordenación canónica para la asistencia espiritual de los militares dándole el rango de ser Jurisdicción personal, ordinaria, propia, cumulativa con todos los derechos y obligaciones similares a los obispados territoriales. Siguiendo en el espíritu y en la letra esta a “carta magna” de pastoral castrense, consciente de la rica tradición de los capellanes castrenses que a lo largo de los siglos han dado la vida por Dios, la Iglesia y España, heredero de la labor que han hecho mis predecesores, conocedor de las diversas normativas eclesiásticas y civiles que han ido configurando las actuaciones de los capellanes castrenses en España .; así mismo percibimos que en estos veinte años de misiones extrajeras la presencia de sacerdotes acompañando a nuestras tropas van configurando un nuevo perfil de los capellanes castrenses.
12. Todo esto hace que nos sintamos urgidos a preparar un Arzobispado Castrense que responda a los nuevos desafíos y exigencias del siglo XXI de la realidad militar y social española. Esto no es tarea sólo del arzobispo y de los Vicarios, sino de la comunidad diocesana castrense, ya que ésta se construye con la aportación y trabajo de todos sus miembros: capellanes y fieles. En el primer encuentro con vosotros os dije que: “el arzobispado no debe ser un castillo, sino una plaza donde nos encontremos los hermanos”. Para ir consiguiendo esto, ya hemos iniciado, poco a poco, una renovación marcada por las virtudes de la: prudencia, valentía y creatividad. Y por encima de todo guido por el “el amor de Cristo que nos urge y es ceñidor a de la unidad”. Esta es la “hoja de ruta” que os ofrezco para trabajar juntos:
- Proseguir las Visitas Pastorales que desde el principio hemos iniciado tanto en el territorio nacional como en las misiones extranjeras.
- Nueva actualización de los documentos del Arzobispado.
- Renovar los cargos y las delegaciones episcopales.
- Estatuto del Consejo del Presbiterio, del Colegio de Consultores y de la Curia.
- Elecciones de los miembros de los diversos Consejos y constitución de los mismos en los próximos meses.
- Renovación y actualización del Manual del Capellán.
- Directorio para el Catecumenado en mundo el castrense.
- Creación de la Oficina de Comunicación del Arzobispado Castrense, que atienda no solamente la oficialidad, publicaciones, nota de prensa y demás, sino que sea un instrumento de intercomunicación entre los capellanes utilizando las nuevas tecnologías.
- Elaboración por la Secretaria General del Arzobispado de una Disposiciones Generales a tener presente por los capellanes Castrenses. En ella se recogerán las normativas sobre las celebraciones sagradas castrenses, así como estipulado sobre Sacramentos, Patrimonio, Archivos.
- Preparación de un material de apoyo para las clases de Ética en las Academias y centros castrenses.
- Creación de un equipo sacerdotal que atiendan a los capellanes castrenses en activos, en reservas y jubilados. Ofrecer retiros, ejercicios y encuentros sacerdotales. Animar a la participación de sacerdotes castrenses en el Congreso Internacional del Clero del 9 al 13 de Junio del 2010. Así como elaborar un Directorio sobre la espiritualidad sacerdotal castrense.
- Creación del Equipo de Pastoral Juvenil muy especialmente para: la llegada de la Cruz de la JMJ a nuestra Catedral y centro castrenses que será del 25 al 31 de marzo; preparar la participación de la juventud castrense en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid en 2011. Asistencia al Encuentro Juvenil del Año Jacobeo del 2010.
- Reorganización del Apostolado Castrense y del movimiento Asociativo de nuestro Arzobispado. Participación de estos en el próximo Congreso Eucarístico Nacional de Toledo del 27 al 30 de Mayo de 2010.
- Intensificar la pastoral vocacional castrense en el mundo militar. Así como las peregrinaciones y encuentros militares.
- Atención especialísima a la Formación Permanente del clero. Potenciar que nuestros sacerdotes castrenses tengan posibilidades de sacar grados en universidades españolas y extranjeras; así como que puedan participar en cursos superiores de defensa en España y en el extranjero.
- Estrechar los lazos de comunión y colaboración con otros Obispados Castrenses y otros foros internacionales militares. En esta línea va la celebración en Madrid del 1 al 5 de febrero del 2010 de la XXI Conferencia Internacional de Jefes de Servicio de Asistencia Religiosa, organizada por nuestro Arzobispado Castrense bajo el título “El hecho religioso en las Fuerzas Armadas: libertad y diversidad”. Es una experiencia novedosa, pero tremendamente interesante en estos tiempos. Recemos por su buena realización y por sus frutos pastorales.
- Para llevar todas estas actividades y otras que irán surgiendo, se ve necesario la creación de un Fondo Común Diocesano que atienda aquellas necesidades pastorales, catequéticas, formativas que no son cubiertas por las ayudas institucionales. Así como el sostenimiento económico del Seminario Castrense Juan Pablo II, en su nueva sede.
Ruego a la Santísima Virgen Inmaculada, nuestra Patrona, que nos asista con su protección y gracias para que esta renovación pastoral castrense redunde en un mejor servicio a la fe de nuestros militares católicos españoles. ¡A Ella se lo encomiendo, y a vosotros os pido que trabajemos en estrecha comunión para mayor gloria de Dios y bien de su Iglesia en España!
†Juan del Río Martín,
Arzobispo Castrense de España.




















