Arzobispado Castrense

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Retiro al clero castrense

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CRISTO, CORAZÓN DEL PADRE: LECCIONES PARA LA VIDA

Madrid 24/3/10

Introducción:

Vamos hacer una lectura sapiencial de un texto muy conocido como es el llamada parábola del "Hijo pródigo" o “del Padre”.

I.- Lectio (leer con el corazón el pasaje de Lucas 15, 11-32).

“Un hombre tenía dos hijos. El menor dijo a su padre: "Padre, dame la parte de la herencia que me corresponde". Y el padre repartió la herencia. A los pocos días, el hijo menor recogió sus cosas, se marchó a un país lejano y allí despilfarró toda su fortuna llevando una vida disoluta.

Cuando lo había gastado todo, sobrevino una gran carestía en aquella región, y el muchacho comenzó a padecer necesidad. Fue a servir a casa de un hombre del país, quien le mandó a sus tierras a cuidar cerdos. Habría deseado llenar su estómago con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y se dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan de sobra, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me pondré en camino, volveré a casa de mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros".

Se puso en camino y marchó a casa de su padre.

Cuando aún estaba lejos, su padre lo vio y, profundamente conmovido, salió corriendo a su encuentro, lo abrazó y lo cubrió de besos. El hijo empezó a decirle: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el Padre dijo a sus criados: "Traed, enseguida, el mejor vestido y ponédselo; ponedle también un anillo en la mano y sandalias en los pies. Tomad el ternero cebado, matadlo y celebremos un banquete de fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y lo hemos encontrado”.

Y se pusieron a celebrar la fiesta.

El hijo mayor estaba en el campo y al volver, al acercarse a casa, oyó la música y los cantos. Llamó a uno de los criados y le preguntó qué era lo que pasaba. El criado le dijo:"Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el ternero cebado, porque ha recobrado a su hijo sano y salvo".

Él se enfadó y no quería entrar. Su padre salió e intentó persuadirlo. Pero el hijo le contestó: "Hace muchos años que te sirvo sin desobedecer jamás tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para celebrar una fiesta con mis amigos. Pero llega ese hijo tuyo, que ha malgastado tu patrimonio con prostitutas, y en honor suyo matas el ternero cebado". El padre le respondió: "Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero tenemos que alegramos y hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto. y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado",

II.- Meditatio (situar el texto, ver los valores).

Esta parábola, tan conocida, está situada en la tercera parte de Lucas en la segunda etapa del viaje de Jesús a Jerusalén, el tema de la sección es el amor, manifestado en el marco simbólico de un banquete (Lc 14), expresión del amor de Dios Padre (Lc 15). La enseñanza va dirigida a los discípulos, aunque su auditorio estaba compuesto por los fariseos "que eran amigos del dinero" (Lc 15,2;16,14) Y por los maestros de la ley. El motivo que provoca esta parábola es que "Ios publicanos y pecadores se acercaban a Jesús (y aquellos) murmuraban" (Lc. 15,1).

Anterior, a la parábola del Padre (Lc. 15,11-32), nos encontramos con la idea de Dios como Buen Pastor (Lc. 15,3-7) con el trasfondo de Ez 34, 11-16: "Yo mismo buscaré a mis ovejas y las apacentaré "A continuación de esta figura pastoril, viene "el ama de casa, una mujer… ". En estas dos parábolas, que son antesalas a las del "hijo pródigo", hay un tema común: "la alegría del Buen Padre de Dios por recuperar aquello que está perdido".

El texto de Lucas 15, 11-32 se ha leído siempre en clave de la misericordia de Dios para con los pecadores que se arrepienten. Esta lectura es, sin duda, correcta, pero me parece que la parábola admite otra lectura de alcance mucho más profundo. Cristo ha querido proponer aquí, la imagen del Dios que ama con la fuerza de un Buen Pastor que carga con la oveja perdida (Lc 15,4-7), con la constancia, ternura y alegría de una mujer que encontró la moneda perdida (Lc 15, 8-10), con la de un padre bueno y respetuoso que sabe dar a cada hijo lo suyo (Lc 15, 11-32). Podríamos decir: "que Dios ama y perdona con la fuerza de un padre y con la ternura de una madre".

III.- Oratio. (Diálogo amoroso con Aquel que sabe de amor).

Es conocida la expresión de San Agustín: "Dos amores fundaron dos culturas; a saber, el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena; y el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo, la celestial". Este planteamiento agustiniano sigue siendo hoy válido, de él dimana dos tipos de culturas paralelas: la del dinero y de la razón por un lado; y la de Dios y el amor por otro.

La supremacía de la razón comenzó el día en que Descartes dijo: "pienso, luego soy", porque dio prevalencia al pensamiento, a la razón; sobre la realidad de la persona que es el amor. Todo hubiera sido distinto en el mundo occidental si Descartes, en lugar de decir: "pienso, luego soy", hubiera dicho "amo, luego soy". La supremacía no la hubiera tenido la razón sino el amor, pero esa ocasión desgraciadamente se perdió y sus consecuencias históricas son de todos conocidas.

En la parábola que llamamos "del buen Padre" (Lc 15, 11-32) hay dos modos de vivir, de desarrollar la propia persona, dos antropologías y dos culturas: la cultura de la razón frente a la cultura del amor. El hijo mayor de la parábola, que vuelve del campo y que se encuentra con el festín organizado por su padre, encarna la cultura de la razón. Cuando le recrimina al Padre por haber recibido tan alegremente al hijo que abandonó la casa paterna, hay que reconocer que tenía toda la razón: "ese hijo tuyo que ha devorado tu hacienda con meretrices... mientras que a mí, que hace tantos años que te sirvo sin dejar de cumplir nunca una orden tuya, nunca me has dado un cabrito para comerlo con mis amigos". Ciertamente que la actuación del padre no parece lógica. Lo razonable hubiese sido que aceptase la propuesta del pródigo: “no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como uno de tus jornaleros", al menos hasta que hubiese restituido lo que se llevó. El hijo mayor tenía razón, pero no tenía amor.

El padre, en cambio, encarna la cultura del amor. Razones, propiamente dichas, no tenía para acoger a aquel hijo con tanto derroche de benevolencia y magnanimidad. Pero tenía amor, y el amor va mucho más allá de las razones. La clave para entender aquel amor está en aquellas palabras: "este hijo mío". Ante un hijo no vale las razones, sólo el amor. Y cuando el padre ha tenido que escuchar la orgullosa respuesta del hijo mayor contra su actuación con la dura y despectivas expresión: "ese hijo tuyo", el padre le invita a pasar de la razón al amor y le recuerda: "este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado".

En esta parábola se concentra toda la revelación cristiana de Dios como "Abba, Padre", en ella se nos manifiesta "el carnet de identidad de Dios": libertad, amor, comprensión; y el carnet de identidad del hombre: débil, orgulloso, pecador, capaz de llegar hasta la bajeza de comer "con los cerdos", pero también capaz de "ponerse en camino e ir a la casa del padre".

La cultura del amor del padre de la parábola denuncia también el pecado de los "fariseos y los maestros de la ley". El banquete del padre es una actuación que va contra la razón de los fariseos, compradores de la "salvación" y amigos de pocos derroches para aquellos que le gustan el dinero. Lo más prudente hubiese sido acoger con sigilo la llegada del hijo que había dejado en mal lugar a la familia. Pero el amor de un padre por un hijo ni se oculta, ni se calla, porque "de la abundancia del corazón habla la boca". Además, aquel hijo menor había despreciado la ley, sin embargo, el padre tampoco actúa con la razón o con la ley, sino que manda a traer "el mejor vestido y ponédselo; ponedle también un anillo en la mano y sandalias en los pies". ¡Es que el amor del Padre que nos revela Cristo todo lo hace nuevo! ¡Lo pasado no cuenta, historia de salvación es!

A modo de conclusión, de este paso de la oración, recordemos que: Padre es, para Jesús, el Dios absolutamente bondadoso: el Creador que cuida de sus criaturas y hace salir el sol para todos, buenos y malos (cf. Mt 5, 45 Y 6,26); el que se alegra del amor de los suyos y sale cada día al camino para ver si vuelve el hijo que se ha ido de casa; el que acoge sin resentimiento alguno a quien regresa a Él, pues aborrece el pecado, pero ama a los pecadores. Es el Padre cuyas "manos son cariñosas como las de una madre”.... Sólo hay un Padre, como sólo hay un Dios. "No hay nadie bueno más que Dios" (Mc 10,18), el origen de todo bien"

IV.- CONTEMPLATIO. (Clavar la mirada en Dios Padre con la oración de Jesús).

La mejor forma de contemplar el amor del Padre revelado en Cristo por el Espíritu es invocarlo cómo Cristo enseñó a sus discípulos, ya que como dice San Agustín: "si oramos correctamente y justamente, no se nos ocurrirá nada distinto de lo que ya dice la oración dominical", porque en ella no sólo se piden todas las cosas que rectamente se pueden desear, sino incluso en el orden en que se deben desear, de este modo es no sólo una regla de nuestras peticiones, sino también una norma de todos nuestros pensamientos. Siguiendo la pauta del Obispo de Hipona el cristiano se pone en actitud de acoger los dones del Espíritu, para hacer realidad en su vida la carta magna del cristianismo: las bienaventuranzas. De esta convergencia bíblico-teológica sacamos las siguientes lecciones para la vida:

* La cercanía de Dios.

1. Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre.

Don de temor de Dios.

Dichosos los pobre de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Hay una referencia a invocar a Dios "ABBA" en aquel contexto familiar semítico. Quién lo invoca se siente amado y comprendido hasta el fondo del ser, porque es afirmar un Dios que es infinitamente Padre y un Padre que es tal hasta el infinito. Por ello, esta oración se ha de hacer "con temor y temblor" que solamente lo conocen los "pobres de espíritu".

Así, Dios no tiene otro nombre que el de Padre, porque en la cultura hebrea el nombre manifiesta lo que es la persona y se pide que su "ser divino", que es la santidad, se difunda entre los hombre, porque nosotros no añadimos nada a Dios, sino que es Él quien "lo envuelve todo, lo penetra todo".

*Dios no se impone, se ofrece, seduce y es gratuito.

2. Venga a nosotros tu reino.

Don de piedad.

Dichosos los mansos, porque ellos poseerán la tierra.

Comienza el movimiento descendente, lo que se pide es una mayor presencia de Cristo entre los hombres en el mismo "corazón" del mundo. La realidad de Reino de Cristo no se impone con las armas de ningún tipo, sino con la piedad y la humildad y sencillez.

*La felicidad del hombre está en el día a día de Dios.

3. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Don de ciencia.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Comporta una plena docilidad ejecutiva al plan divino. Es el descubrimiento radical de que la felicidad del hombre está en lo que Dios nos propone día a día. Para conseguir este hallazgo se necesita la "sabiduría que viene de lo alto", y morir a nuestros proyectos, que conlleva lágrimas y renuncias, para que triunfe el proyecto salvador de Dios.

*Un Dios realista: el hombre necesita el pan, pero no sólo vive de él.

4. Danos hoy nuestro pan de cada día.

Don de fortaleza.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Es vivir "día a día" sabiendo que el Padre es quien verdaderamente cuida de nosotros porque "sabe dar cosas buenas a los que se la piden". Para eso, no solamente hay que tener hambre del pan material, sino "de toda palabra que sale de Dios", que es decir lo mismo que la justicia, santidad. Además, en esta petición hay que ser perseverante, confiado y siempre humilde: en esto consiste la fortaleza.

*Con la misma medida que uses, la usarán contigo.

5. Perdonas nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Don de consejo.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

El cristiano deberá aportar en la relación horizontal lo que ha recibido de "lo alto". Dios Padre quiere ser imitado en su bondad, esta queda bloqueada cuando no hay perdón. No olvidemos que con la "misma medida que usemos, la usarán con nosotros", porque "misericordia quiero y no sacrificios". Los buenos consejos nacen de un corazón bondadoso.

*EI mayor peligro de nuestra vida: olvidar la fragilidad humana.

6. No nos dejes caer en la tentación.

Don de entendimiento.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Se pide al Padre que nos defienda, que es Él único que en su Hijo Jesucristo ha librado la gran batalla con el enemigo del hombre, que no es otro que el maligno. Hay toda una referencia al "misterio de la iniquidad" que conlleva tentación y esclavitud del pecado. Para no sucumbir es necesaria la luz del entendimiento para que "el vértigo de la pasión no ciegue la mente", pero a la vez la liberación no sólo es social y exterior, sino sobre todo interior, porque es desde ahí, "donde salen, los malos deseos, las envidias, los odios... "

*Toda la vida es un combate: su final no es la destrucción, sino la paz.

7. y líbranos del mal.

Don de sabiduría.

Dichosos los que buscan la paz, porque ellos serán llamados los hijos de Dios.

La paz verdadera no es compatible con las manifestaciones del pecado en el mundo. Así mismo, haber encontrado la paz con uno mismo y ser instrumento de ella allí donde se esté, es lo que nos hace sabios a los ojos de Dios y de los hombres. En definitiva: el Dios de los cristianos es Aquel que nos entregó a su Hijo como Príncipe de la Paz: "su venida ha traído la buena noticia de paz: paz a vosotros, los de lejos; paz también a los de cerca. Él es nuestra paz" (Ef 2, 14.17).

V.- Consecuencias finales:

1. Consolación espiritual: el amor del Padre borra nuestros pecados.

2. Discernimiento: Mis esquemas pertenecen a ¿la cultura de la razón o del amor?

3. Transformación: Hay que estar o volver a la "casa de padre mi" (Iglesia) con los sentimientos de Jesús.

4. Impulso a la acción: "¿Quién nos separará del amor de Dios?, ¿la angustia, la destrucción?" "Todo lo podemos en Aquél que nos conforta", "Sé de quién me he fiado". Ello nos lleva a trabajar con ilusión y entusiasmo en estos tiempos turbulentos entre los militares españoles, sabiendo que lo mejor que podemos hacer por ellos es mostrarles a Dios, como ese “buen Padre” que siempre nos está esperando ¡Hay que ir a lo fundamental de la experiencia cristiana! Esta es la tarea esencial de la pastoral castrense en la situación cultural y social que nos encontramos.

Mostrar a Dios a los militares es una tarea apasionante. Pero además con ello, estamos ayudando a poner las bases para una cultura de la defensa basada en el valor sagrado de la paz que procede de “Aquel que todo lo puede”. Porque la fe en el Dios que se revela en Cristo, no es ningún auto engaño, ni una simple moral o ética de comportamiento, sino que es la única Verdad que nos hace descubrir quienes somos, cómo los “otros” son mis “hermanos” y que todos pertenecemos a la gran familia de “los hijos de Dios”. La gracia de la fe nos potencia para que luchemos por eliminar los obstáculos que impiden la convivencia pacífica en esta “aldea global”. Por último, nos hace descubrir la libertad humana como máxima manifestación de un Dios que no nos hizo marionetas suyas, sino criaturas iguales y libres ¡Sólo un Dios que es amor puede dar tanto! Esto lo podemos predicar, celebrar y testimoniar, porque hace más de dos mil años "pasó Uno por estos sotos con presura... y nos dejó vestidos de hermosura" (S. Juan de la Cruz). ¡Ese no es otro que el Príncipe de la paz, Jesucristo!

Que podamos decir con san Pablo “mi vida es Cristo”, porque entonces sí que mostraremos en los cuarteles, unidades y demás establecimientos castrenses la verdadera cultura del amor y de la paz. En definitiva, no olvidemos que nuestra misión específica como sacerdotes castrenses es precisamente lo que reza nuestro lema: inter armas Caritas.

+Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense

 

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