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Homilía en los Sacramentos de Iniciación Cristiana en el Líbano

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A LOS MANDOS, OFICIALES, SUBOFICIALES, TROPA, PERSONAL CIVIL EN LA MISIÓN INTERNACIONAL ESPAÑOLA EN EL LÍBANO, A TODOS VOSOTROS GRACIA Y PAZ EN NOMBRE DE JESUCRISTO.

Mis queridos militares españoles:

Aprovecho uno de estos medios de comunicación modernos, el correo electrónico, para ponerme en contacto con todos vosotros. El motivo es la celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana de adultos (Bautismo, Confirmación y Eucaristía) de un grupo de soldados, que estáis sirviendo a España en la participación internacional para la paz y la seguridad de esos pueblos.

Mis sentimientos como Arzobispo Castrense vuestro es de profunda comunión y agradecimiento por la labor pastoral realizada entre vosotros, durante estos meses, por el Pater D. Alberto Gatón y por la acogida que, desde los mandos hasta el último soldado, habéis dispensado a este querido capellán castrense.

El cristianismo no es una moral, no es un conjunto de leyes, no es un humanismo, sino un Nombre que está por encima de todo nombre y que es Jesucristo, “Dios y hombre verdadero”. Esto no es una invención humana, sino que tanto amó Dios al mundo que nos ha enviado a su Hijo Jesucristo para que, muriendo y resucitando, nos librara del pecado y de la muerte. Es un acontecimiento histórico, que se hace presente mediante el Espíritu Santo que opera en el “cuerpo encarnado” de Cristo que es nuestra Santa Madre la Iglesia. Sin ella no tendríamos la fe, no podríamos decir que Jesús es el Salvador y Redentor de la humanidad.            

Lo mejor, lo más sublime que puede suceder a una persona es que la gracia del Evangelio le toque el corazón. Ser cristiano, pertenecer a la Iglesia Católica, es la mayor aventura que podemos vivir. Porque significa haber sentido el amor de Dios que cambia nuestras vida. Dice Benedicto XVI: “Quién cree en Dios no está sólo. Cristo no quita nada y lo da todo”. El bautismo nos hace hijos de Dios, discípulos de Jesús de Nazaret y miembros de un gran pueblo que camina en la historia, sembrando entre las naciones, pueblos y culturas la semilla del amor y del perdón de Dios. La confirmación es el sacramento de la plenitud del Espíritu, que nos capacita para dar testimonio de Cristo ante los hombres para que, en medio de dificultades y tribulaciones, poseamos la verdadera libertad, fortaleza y valentía para confesar nuestra fe. Mediante el sacramento de la Eucaristía somos alimentados espiritualmente por el mismo Cristo, para que tengamos vida y podamos participar en la resurrección final.

Las notas distintivas de un cristiano católico son: el amor en la dimensión de la cruz, el perdón a nuestros enemigos, la caridad sin medida con el prójimo, el ímpetu apostólico por comunicar la Buena Noticia de Cristo, el tener a María como Madre de Dios y Madre nuestra, la comunión con los sucesores de los apóstoles y con el Papa, Vicario de Cristo en la tierra. Esto puede parecer imposible, sin embargo no lo es si frecuentamos la oración, si escuchamos la Palabra de Dios y la ponemos en práctica, si observamos el domingo como día del Señor, y si no olvidamos que somos pobres pecadores que necesitamos de los sacramentos de la Confesión y de la Comunión.

Nada de todo esto ha sido un estorbo para los hombres y mujeres de la milicia a lo largo de la historia milenaria de la Iglesia Católica. Ella siempre ha estado cerca de aquellos que han defendido la libertad, seguridad, independencia y paz de su patria. Por eso el recordado Beato Juan Pablo II os llamó en más de una ocasión “centinelas de la paz”. La fe en Dios no está reñida con los nobles ideales castrenses; es más, los redimensiona y los fortalece.

Me hubiese gustado deciros personalmente éstas y otras muchas cosas. Sabed que todos estáis en mi corazón y que, como Arzobispo vuestro, os tengo muy presentes en mis oraciones diarias. Pido al Señor que volváis a casa sanos y salvos, con la satisfacción de haber cumplido la misión encomendada. Que la Santísima Virgen Inmaculada proteja con su manto a vuestras familias y a España. Y a vosotros que habéis recibido los sacramentos de la iniciación cristiana, os bendigo de manera especial para que seáis perseverantes en la fe. ¡Animo a todos! ¡Gracias por vuestra entrega! ¡Que la salud y la paz de Jesucristo os acompañen siempre!

† Juan del Río Martín,
Arzobispo Castrense de España

 

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