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Homilía en la Festividad del Bautismo de Jesús

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Is 42,1-4.6-7; Sal 28; Hech 10,34-38; Mar 1.7-11.

Misa retransmitida por TVE desde la S.I. Catedral Castrense

Madrid 8 de enero de 2012

Queridos telespectadores de TVE (2), hermanos y hermanas.

1. ¡El Señor bendice a su pueblo con la paz! (Sal 28). Como ya es habitual en esta diócesis castrense, dedicamos el domingo del Bautismo de Jesús a reflexionar sobre el mensaje pontificio de la Jornada de la Paz, que este año versa sobre: Educar a los jóvenes en la justicia y en la paz.

2. Al celebrar esta Eucaristía desde la Catedral Castrense de España, tenemos muy presente a nuestros militares, ya sea en misiones internacionales como Afganistán, Líbano, o el Índico, en establecimientos y organismos europeos, como en la geografía española. Así mismo, recordamos, ante el Señor de la Vida y la Muerte, a los militares y capellanes fallecidos durante el pasado año, como a los soldados de todos los tiempos que dieron su vida en servicio a la Patria. Con esta celebración, contribuimos a potenciar la cultura de la justicia y de la paz, que lleva al compromiso de resistir a la violencia, al terrorismo y a la guerra, para el bien común y libertad de las personas y de los pueblos.

3. Sirviendo a esta misión, vital para la ciudadanía, la Iglesia tiene una larga tradición de especial cuidado espiritual a los militares. Los capellanes castrenses realizan su tarea pastoral de manera abnegada y silenciosa, cooperando a que los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado se revistan de las “armas morales” que dan fuerza y prestigio a su vocación y profesión de servir a España. Recientemente, Benedicto XVI recodaba a los Obispos Castrenses reunidos en Roma, que: “hay muchos hombres y mujeres en uniformes llenos de fe en Jesús, que aman la verdad, que quieren promover la paz y que se comprometen como verdaderos discípulos de Cristo en el servicio a la propia nación, favoreciendo la promoción de los derechos humanos fundamentales de los pueblos” (22.10.2011).

4. El Papa pone de manifiesto que no hay incompatibilidad entre el mensaje de salvación de Cristo, “Príncipe de la paz”, y la vocación militar. La fe cristiana, en la que fuimos bautizados, no anula nada, excepto el pecado. Más bien redimensiona y ennoblece lo más genuino que hay en el corazón de cada persona y en la historia de cada nación. ¡La religión no es estorbo para la milicia! ¡No está reñida con la sana laicidad! ¡No es la causante de las guerras, sino el principal antídoto contra le violencia y los conflictos! Cuando se manipula la religión por intereses económicos, políticos o de otros tipos, surgen los fanatismos, como sucede estos días con la muerte y persecución de los cristianos en Nigeria y en otras partes del mundo. Únicamente una educación y formación basada en la dignidad, respeto e igualdad entre los seres humanos, nos libera de caer en los fundamentalismos extremos de las ideologías excluyentes y de los credos impositivos. Por eso, esta Jornada de la Paz, se sitúa en una perspectiva educativa, es una invitación muy particular a los jóvenes, para que mantengan siempre viva la tensión hacia los altos ideales que hacen más libres a los hombres y a las naciones.

5. Los jóvenes cuando acceden al mundo de la milicia se encuentran con un sólido cimiento de valores humanos y éticos que configuran la profesión militar. “Sus peculiares formas de vida” no los alejan del Hecho Religioso en sí, sino que los acercan a las grandes preguntas sobre el hombre y la realidad trascendente. Digamos, que las virtudes castrenses son un preámbulo para la fe en el Evangelio de Jesucristo que predica y celebra la Iglesia. La aceptación de su mensaje y la confesión de Cristo, como Hijo de Dios y Redentor de la humanidad, “pueda comportar sacrificio e ir contracorriente”; como se puso de manifiesto en la magnífica experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud, el verano pasado en Madrid. Muchos fueron los jóvenes militares españoles que participaron en ella juntos con más de mil jóvenes militares procedentes de 17 países. Los actos de la JMJ-Castrense fueron una prueba evidente de un modo nuevo de ser joven, cristiano y militar. Ellos han percibido que la fe alegra desde dentro y que da fuerza para librar el gran combate de la vida. Por eso mismo, dice el Papa: “La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y los anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver cosas nuevas”.

6. Los católicos comprobamos en hechos eclesiales acaecidos, como la JMJ, que la Iglesia es un cuerpo con mucha vida, capaz de entusiasmar a tanto jóvenes defraudaos por las falsas promesas del pensamiento dominante y que son las primeras víctimas del paro y de la crisis económica. Ante esta situación, la Iglesia es espacio de esperanza para los creyentes y hombres y mujeres de buena voluntad. Ella, como maestra en humanidad, sabe que cuando desaparece la ilusión del corazón y de la mente de las nuevas generaciones, mueren las culturas.

7. ¿Cómo trasforma la Iglesia esta situación decepcionante que vive la sociedad de occidente y en particular hoy, los jóvenes? No con palabrería humana o prometiéndole paraísos artificiales que esclavizan a los hombres, sino ofertándole en libertad y gratuidad la verdad de la Buena Noticia del acontecimiento cristiano. En él se ha dado una presencia salvífica que transforma desde dentro, la realidad pecadora de la humanidad. Así, lo vemos en el hecho del bautismo de Jesús en el Jordán, que nos narra el evangelio que se acaba de proclamar. Cristo, que no tenía pecado por su condición divina, se solidariza desde el comienzo de su ministerio con los pobres y pecadores. De esa manera, al sumergirse Él en las aguas de la purificación y de la penitencia del bautismo de Juan; ellas pasan a significar las aguas de la vida sobrenatural de nuestro bautismo en el Señor Jesús, muerto y resucitado.

8. Ser discípulo suyo, es configurar nuestros sentimientos y voluntad con Él, que pasó por este “valle de lágrimas” haciendo el Bien. Por eso mismo, los cristianos por el bautismo estamos llamados ser samaritanos y consecuente lo que profesamos. Así, por el testimonio de vida, los otros puedan conocer que Dios existe y que nos ama ¡Creciendo en santidad nos convertimos en constructores de la paz! ¡Porque los jóvenes necesitan referencia vitales, maestros que vivan lo que enseñan! Este es el camino que motivara a las nuevas generaciones para que no apostaten de la fe de sus mayores. La mejor herencia de unos padres cristianos a sus hijos y nietos, es que conozcan el Evangelio, que sean capaces de enamorarse de Jesucristo en el siglo XXI. ¡Él es el verdadero amigo que nunca nos abandona!

         Os invito a todos, a que recuperéis cada día más el orgullo de ser cristianos, de sentiros católicos en medio de las “tribulaciones y consolaciones” ¡Ánimo, todo lo podemos en Aquel que venció la muerte y el pecado: Jesucristo, el ungido por el Espíritu, el Hijo predilecto de Padre!

† Juan del Río Martín,
Arzobispo Castrense de España

 

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