Voy hablar de lo que significa ser sacerdote, ser capellán castrense para mí.
Puede parecer una falta de humildad, pero es lo que la razón y el corazón me dicen, yo me he decidido a entregar mi voluntad a Dios, no es porque uno descubra la vocación así de repente, sino como ocurre con la Fe la recibimos de manos de otros.
A lo largo de mi vida he visto a cual mejor sacerdote, siempre siendo puente y buscando la unidad. Todos ellos siempre han reflejado esa entrega de su voluntad a Dios, pues ya nuestra vida le pertenece, queda que nosotros digamos como Jesús “hágase tu voluntad y no la mía”
Ante este ejemplo de gastarse y dejarse desgastar por el pueblo de Dios, así fue naciendo en mi la vocación, el poner mi vida, mi voluntad en las manos de Dios, para que pueda un día yo, un pobre don nadie, que muchas veces brilla por su soberbia, pueda por amor de Dios ser su instrumento de salvación para mis hermanos, o así al menos lo vivo.
Pero en esta vocación sacerdotal he podido discernir gracias al director espiritual que se me pide entregarme, ser puente de salvación en las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Por desgracia comencé a amar a este ordinariato castrense cuando peor estaba espiritualmente, y Dios se sirvió de un mal, de la muerte de dos jóvenes Guardias Civiles para que me decidiera a decirle si a él y desear servirle en cada uno de los miembros de la familia castrense de España.
Así con el ejemplo de buenos capellanes, que si les valiera, serian capaces de dar la vida por los miembros de sus unidades, ves como con corazón sincero se entregan por aquellos que están para servir a España, a los militares, Guardias Civiles y Policías Nacionales los cuales son capaces de poner en riesgo su propia vida por cada uno de nosotros, por nuestro bien, siempre velando por nuestra seguridad y para que impere la Paz.
Siendo ellos como el Centurión Cornelio, los que más se preguntan por Dios, y lo buscan con un corazón sencillo y sincero. Por ello se hace necesario que haya jóvenes que con valentía acepten la llamada de Dios y vean también que no está reñido ser sacerdote de Cristo y estar en el Arzobispado Castrense, pues a lo largo de la historia siempre ha habido capellanes en los ejércitos. Siendo esto cuidado de forma muy especial por los Pontífices, como es el caso de Juan Pablo II que con la Constitución apostólica “Spírituali Militum Curae” ayuda a que esta labor pastoral ejercida por los capellanes sea más eficaz y por la cual se creó nuestro Seminario.



¿Qué es el Arzobispado?
















