Arzobispado Castrense

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Pastoral Castrense

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Indice del artículo
Pastoral Castrense
1. La acción litúrgica
2. Regulación administrativa
3. Actividades sacramentales
4. La catequesis
5. Convivencias y Acampadas
6. Actividades de promoción
7. Actividades caritativas
8. Pastoral en Academias
9. Actividades de comunión eclesial
10. Ayuda a los no católicos
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ACTIVIDADES LITÚRGICAS, SACRAMENTALES, PASTORALES Y SOCIALES 

Los profundos cambios producidos últimamente en las Fuerzas Armadas han modificado, en gran medida, el campo de actuación de los capellanes. La aparición de nuevas necesidades y posibilidades están planteando nuevos retos a la pastoral castrense a los que hay que responder con nuevos planteamientos y un nuevo estilo pastoral.

Tradicionalmente, mediante el sistema de reclutamiento, los soldados se incorporaban a filas, por imperativo legal, permaneciendo en el Ejército por un período limitado de tiempo que solía oscilar alrededor de un año. Durante este tiempo la atención pastoral de los capellanes con respecto a ellos se centraba predominantemente en la acogida y el acompañamiento. Su condición de transitoriedad impedía la posibilidad de una acción continuada y progresiva. Predominaba, en consecuencia, por parte del Capellán una actitud y acción que con frecuencia derivaba al campo de la asistencia humana y al de la promoción cultural.

Con la implantación del Ejército profesional a finales del año 2000 la situación de los nuevos soldados ha variado notablemente, planteando nuevas exigencias y posibilidades pastorales. Su presencia es voluntaria. Su permanencia, aunque precaria, abarca varios años y con relativa frecuencia está acompañado de su propia familia (esposa e hijos).

En estos años aquí reseñados los capellanes castrenses, a pesar del continuo descenso en su número, han podido seguir manteniendo la presencia de la Iglesia en la práctica totalidad de las unidades. La pastoral castrense continúa gracias al servicio de los capellanes, intentando responder adecuadamente a estas nuevas coordenadas con planteamientos e iniciativas pastorales que poco a poco van abriéndose camino y orientándose en las siguientes direcciones:

– Encuentros y reuniones con los soldados por parte de capellanes, orientadas a crear una mayor cercanía y familiaridad con ellos y entre ellos mismos. El hecho de que su presencia sea voluntaria y no estén en principio en contra de todo lo que encuentran en los acuartelamientos favorece una actitud de mayor apertura y colaboración con el servicio religioso.

– Actividades de formación cristiana de carácter progresivo y de mayor alcance en el tiempo. Su mayor estabilidad y permanencia en el Ejército ofrecen la posibilidad de una acción catequética continuada, centrada sobre todo en el proceso de la iniciación cristiana. Esta posibilidad está resultando providencial ante el número cada vez mayor de jóvenes soldados sin bautizar, en unos casos, y con una ignorancia religiosa realmente alarmante en su mayoría. Son notables los esfuerzos y los logros habidos ya en este campo.

– Visitas y encuentros de conocimiento y ayuda con las familias de los soldados. Según algunos datos recogidos, alrededor de un diez por ciento, vienen acompañados de sus familias. De ellos sólo un 4% han recibido el Sacramento del Matrimonio. En algunos casos los dos componentes de la pareja son soldados profesionales.

Es éste un problema nuevo y que probablemente irá en aumento. Los pasos dados en esta dirección hasta ahora por los capellanes son más bien escasos. Marcan, no obstante, una orientación. A este grupo de personas, en lo posible, hay que tratarlos y atenderlos fuera del ámbito militar. La necesidad de esta atención, dada la condición de desplazados y no incorporados a la Iglesia local propia de estas personas, obliga a los capellanes a superar las dificultades derivadas de su dispersión. Por tanto, es de esperar que en un próximo futuro este tipo de atención pastoral se generalice y vaya en aumento.

En conclusión, las actividades pastorales que llevan a cabo los capellanes, aunque con frecuencia sean anónimas y desconocidas, incluso para los demás sacerdotes de la diócesis territorial, deben ser justamente valoradas de manera muy positiva. Su mérito y trascendencia habrá que valorarlo a tenor de las dificultades superadas y el efecto multiplicados que lleva consigo cualquier tipo de trabajo pastoral con los jóvenes.


 

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