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15/05/2023 - San Isidro, labrador, patrono de Madrid. - Madrid

1ª lectura: Todos pensaban y sentían lo mismo.

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 32-35

En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie
llamaba suyo propio nada de lo que tenía.

Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor.

Y Dios los miraba a todos con mucho agrado. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras
o casas las vendían traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según
lo que necesitaba cada uno.

Salmo: Sal 1, 1-2. 3.4 y 6

R. Su gozo es la ley del Señor.

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R.

2ª lectura: El labrador aguarda paciente el fruto valioso de la tierra.

Lectura de la carta del apóstol Santiago 5,7-8. 11. 16-17

Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. El labrador aguarda paciente el fruto valioso de
la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes,
porque la venida del Señor está cerca.

Llamamos dichosos a los que tuvieron constancia. Habéis oído ponderar la paciencia de Job y conocéis
el fin que le otorgó el Señor. Porque el Señor es compasivo y misericordioso.

Así, pues, confesaos los pecados unos a otros, y rezad unos por otros, para que os curéis. Mucho puede
hacer la oración intensa del justo. Elías, que era un hombre de la misma condición que nosotros, oró
fervorosamente para que no lloviese; y no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Luego volvió
a orar, y el cielo derramó lluvia y la tierra produjo sus frutos.

Aleluya Jn 15, 9b. 5b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Permaneced en mi amor - dice el Señor -;
el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante. R.

 

Evangelio: Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15. 1-7

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca,
y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os
he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no
permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante;
porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se
seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen
en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará».

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