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13/4/2026 - Lunes de la 2ª semana de Pascua, feria.

1ª lectura: Al terminar la oración, los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban
con valentía la palabra de Dios.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 23-31.

En aquellos días, Pedro y Juan, puestos en libertad, volvieron a los suyos y les contaron lo que les
habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.

Al oírlo, todos invocaron a uno a Dios en voz alta, diciendo:

«Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú que por el Espíritu Santo
dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo:

“¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos? Se presentaron los reyes
de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías”.

Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de
Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste, para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían
determinado que debía suceder. Ahora, Señor, fíjate en tus amenazas y concede a tus siervos predicar
tu palabra con toda valentía; extiende tu mano para que se realicen curaciones, signos y prodigios por
el nombre de tu santo siervo Jesús». Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos;
los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.

Salmo: Sal 2, 1-3. 4-6. 7-9.

R. Dichosos los que se refugian en ti, Señor.

¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo». R.

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo». R.

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.

Pídemelo:

te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza». R.

Aleluya Col 3, 1

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Si habéis resucitado con Cristo,
buscad los bienes de allá arriba,
donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. R.

Evangelio: El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino
de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 1-8.

Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de
noche y le dijo:

«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los
signos que tú haces si Dios no está con él».

Jesús le contestó:

«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta:

«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre
de su madre y nacer?».

Jesús le contestó:

«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino
de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que
te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes
de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».