1ª lectura: Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra.
Lectura del libro del Génesis 11, 1-9
Toda la tierra hablaba una misma lengua con las mismas palabras.
Al emigrar los hombres desde oriente, encontraron una llanura en la tierra de Senaar y se establecieron
allí.
Se dijeron unos a otros:
«Vamos a preparar ladrillos y a cocerlos al fuego».
Y emplearon ladrillos en vez de piedras, y alquitrán en vez de argamasa.
Después dijeron:
«Vamos a construir una ciudad y una torre que alcance al cielo, para hacernos un nombre, no sea que
nos dispersemos por la superficie de la tierra».
El Señor bajó a ver la ciudad y la torre que estaban construyendo los hombres.
Y el Señor dijo:
«Puesto que son un solo pueblo con una sola lengua y esto no es más que el comienzo de su
actividad, ahora nada de lo que decidan hacer les resultará imposible. Bajemos, pues y confundamos
allí su lengua, de modo que ninguno entienda la lengua del prójimo». El Señor los dispersó de allí
por la superficie de la tierra y cesaron de construir la ciudad.
Por eso se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó
por la superficie de la tierra.
Salmo: Sal 32, 10-11. 12-13. 14-15.
R. Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad.
El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad. R.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres. R.
Desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones. R.
2ª lectura: El Señor descendió al monte Sinaí a la vista del pueblo.
Lectura del libro del Éxodo 19, 3-8. 16-20b.
En aquellos días, moisés subió hacia Dios.
El Señor lo llamó desde la montaña diciendo:
«Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los hijos de Israel: “Vosotros habéis visto lo que he hecho
con los egipcios y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras me
obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos porque mía es toda
la tierra. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”. Estas son las palabras que has de decir
a los hijos de Israel».
Fue, pues, Moisés, convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado.
Todo el pueblo, a una, respondió:
«Haremos todo cuanto ha dicho el Señor».
Moisés comunicó la respuesta del pueblo al Señor.
Al tercer día, al amanecer, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre la montaña; se oía
un fuerte sonido de trompeta y toda la gente que estaba en el campamento se echó a temblar. Moisés
sacó al pueblo del campamento, al encuentro de Dios, y se detuvieron al pie de la montaña. La
montaña del Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre ella en medio de fuego. Su
humo se elevaba como el de un horno y toda la montaña temblaba con violencia. El sonar de la
trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. El Señor
descendió al monte Sinaí, a la cumbre del monte. El Señor llamó a Moisés a la cima de la montaña.
Salmo responsorial a la segunda lectura
Sal 18, 8. 9. 10. 11 R.: Jn 6, 68c
R. Señor, tú tienes palabras de vida eterna.
La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorantes. R.
Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.
El temor del Señor es puro
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son Verdaderos
y Enteramente justos. R.
Más preciosos que el oro más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. R.
3ª LECTURA
Huesos secos, infundiré espíritu sobre vosotros y viviréis.
Lectura del profeta Ezequiel 37, 1-14
En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí. El Señor me sacó en espíritu y me colocó en medio
de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran muchísimos en el valle
y estaban completamente secos.
Me preguntó:
«Hijo de hombre: ¿podrán revivir estos huesos?».
Yo respondí:
«Señor, Dios mío, tú lo sabes».
Él me dijo:
«Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: “¡Huesos secos, escuchad la palabra del Señor! Esto dice
el Señor Dios a estos huesos: Yo mismo infundiré espíritu sobre vosotros y viviréis. Pondré sobre vosotros los
tendones, haré crecer la carne, extenderé sobre ella la piel, os infundiré espíritu y viviréis. Y comprenderéis
que yo soy el Señor”». Yo profeticé como me había ordenado, y mientras hablaba se oró un estruendo y los
huesos se unieron entre sí. Vi sobre ellos los tendones, la carne había crecido y la piel la recubría; pero no
tenían espíritu.
Entonces me dijo:
«Conjura al espíritu, conjúralo, hijo de hombre, y di al espíritu: “Esto dice el Señor Dios: ven de los
cuatro vientos, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan”».
Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu y revivieron y se pusieron
en pie. Era una multitud innumerable.
Y me dijo:
«Hijo de hombre, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: “Se han secado nuestros huesos, se
ha desvanecido nuestra esperanza, ha perecido, estamos perdidos”. Por eso profetiza y diles: “Esto dice el
Señor Dios: Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío y os llevaré a la tierra de
Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, comprenderéis que soy el Señor.
Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestra tierra y comprenderéis que yo, el Señor, lo
digo y lo hago” - oráculo del Señor -».
Salmo responsorial a la tercera lectura
Sal 106, 2-3. 4-5. 6-7. 8-9 R.: 1
R. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.
Que lo confiesen los redimidos por el Señor,
los que él rescató de la mano del enemigo,
los que reunió de todos los países:
oriente y occidente, norte y sur. R.
Erraban por un desierto solitario,
no encontraban el camino de ciudad habitada;
pasaban hambre y sed,
se les iba agotando la vida. R.
Pero gritaron al Señor en su angustia,
y los arrancó de la tribulación.
Los guio por un camino derecho,
para que llegaran a una ciudad habitada. R.
Den gracias al Señor por su misericordia,
por las maravillas que hace con los hombres.
Calmó el ansia de los sedientos,
y a los hambrientos los colmó de bienes. R.
4ª LECTURA
Sobre mis siervos y siervas derramaré mi espíritu.
Lectura del profeta Joel 3, 1-5
Esto dice el Señor:
«Derramaré mi espíritu sobre toda carne, vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros ancianos
tendrán sueños y vuestros jóvenes verán visiones.
Incluso sobre vuestros siervos y siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.
Pondré señales en el cielo y en la tierra: sangre, fuego y columnas de humo.
El sol se convertirá en tinieblas, la luna, en sangre ante el Día del Señor que llega, grande y terrible.
Y todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.
Habrá supervivientes en el monte Sión, como lo dijo el Señor, y también en Jerusalén entre el resto
que el Señor convocará».
Salmo responsorial a la cuarta lectura
Sal 103, 1-2a. 24 y 35c 27-28. 29bc-30 R.: cf. 30
R. Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Te viste de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R.
Cuántas son tus obras, Señor,
y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas.
¡Bendice, alma mía, al Señor! R.
Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R.
Les retiras el aliento, y expiran y vuelen a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R.
EPISTOLA
El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 22-27
Hermanos:
Sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo y sufre dolores de parto.
Y no sólo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro
interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.
Pues hemos sido salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza; efectivamente, ¿cómo va a
esperar uno algo que ve?
Pero si esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia.
Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos
pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión
por los santos es según Dios.
Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos la llama de tu amor. R.
Evangelio: Manarán torrentes de agua viva.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 7, 37-39.
El último día, el más solemne de la fiesta, Jesús en pie, gritó:
«El que tenga sed, que venga a mí y beba el que cree en mí; como dice la Escritura: “de sus entrañas
manarán ríos de agua viva».
Dejó esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él.
Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado.
1ª lectura: Permaneció en Roma, predicando el reino de Dios.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 28, 16-20. 30-31
Cuando llegamos a Roma, le permitieron a Pablo vivir por su cuenta en una casa, con el soldado que lo
vigilaba
Tres días después, convocó a los judíos principales y, cuando se reunieron, les dijo:
«Yo, hermanos, sin haber hecho nada contra el pueblo ni contra las tradiciones de nuestros padres, fui
entregado en Jerusalén como prisionero en manos de los romanos. Me interrogaron y querían ponerme en
libertad, porque no encontraban nada que mereciera la muerte; pero, como los judíos se oponían, me vi
obligado a apelar al César; aunque no es que tenga intención de acusar a mi pueblo. Por este motivo, pues,
os he llamado para veros y hablar con vosotros; pues por causa de la esperanza de Israel llevo encima estas
cadenas». Permaneció allí un bienio completo en una casa alquilada, recibiendo a todos los que acudían a
verlo, predicándoles el reino de Dios y enseñando lo que se refiere al Señor Jesucristo con toda libertad, sin
estorbos.
Salmo: Sal 10, 4. 5 y 7.
R. Los buenos verán tu rostro, Señor.
El Señor está en su templo santo,
el Señor tiene su trono en el cielo;
sus ojos están observando,
sus pupilas examinan a los hombres. R.
El Señor examina a inocentes y culpables,
y al que ama la violencia él lo odia.
Porque el Señor es justo y ama la justicia:
los buenos verán su rostro. R.
Aleluya Cf. Jn 16, 7. 13
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Os enviaré el Espíritu de la verdad - dice el Señor -;
él os guiará hasta la verdad plena. R.
Evangelio: Este es el discípulo que ha escrito esto, y su testimonio es verdadero.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 20-25.
En aquel tiempo, Pedro, volviéndose, vio que los seguía el discípulo a quien
Jesús amaba, el mismo que en la cena se había apoyado en su pecho y le
había preguntado: «Señor, ¿quién es el que te va a entregar?».
Al verlo, Pedro dice a Jesús:
«Señor, ¿y éste qué?».
Jesús le contesta:
«Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme».
Entonces se empezó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no moriría. Pero no le dijo
Jesús que no moriría, sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?».
Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su
testimonio es verdadero.
Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo entero podría
contener los libros que habría que escribir.
1ª lectura: De un tal Jesús, ya muerto, que Pablo sostiene que está vivo.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 25, 13b-21
En aquellos días, el rey Agripa y Berenice llegaron a Cesarea para cumplimentar a Festo. Como se
quedaron allí bastantes días, Festo expuso al rey el caso de Pablo, diciéndole:
«Tengo aquí un hombre a quien Félix ha dejado preso y contra el cual, cuando fui a Jerusalén, presentaron
acusación los sumos sacerdotes y los ancianos judíos, pidiendo su condena. Les respondí que no es costumbre
romana entregar a un hombre arbitrariamente; primero, el acusado tiene que carearse con sus acusadores,
para que tenga ocasión de defenderse de la acusación. Vinieron conmigo, y yo, sin dar largas al asunto, al
día siguiente me senté en el tribunal y mandé traer a este hombre.
Pero, cuando los acusadores comparecieron, no presentaron ninguna acusación de las maldades que yo
suponía; se trataba sólo de ciertas discusiones acerca de su propia religión y de un tal Jesús, ya muerto, que
Pablo sostiene que está vivo. Yo, perdido en semejante discusión, le pregunté si quería ir a Jerusalén a que
lo juzgase allí de esto. Pero, como Pablo ha apelado, pidiendo que lo deje en la cárcel, para que decida el
Augusto, he dado orden de que se le custodie hasta que pueda remitirlo al César».
Salmo: Sal 102, 1-2. 11-12. 19-20ab.
R. El Señor puso en el cielo su trono.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R.
El Señor puso en el cielo su trono,
su soberanía gobierna el universo.
Bendecid al Señor, ángeles suyos,
poderosos ejecutores de sus órdenes. R.
Aleluya Jn 14, 26
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
El Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo
y os vaya recordando todo lo que os he dicho. R.
Evangelio: Apacienta mis corderos, pastorea mis ovejas.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 21, 15-19.
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer con ellos, le dice a Simón Pedro:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?».
Él le contestó:
«Sí, Señor, tú, sabes que te quiero».
Jesús le dice:
«Apacienta mis corderos».
Por segunda vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me amas?».
Él le contesta:
«Sí, Señor, tú sabes que te quiero».
Él le dice:
«Pastorea mis ovejas».
Por tercera vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice:
«Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde
querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras».
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
Sígueme».
1ª lectura: Tienes que dar testimonio en Roma.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 22, 30; 23, 6-11
En aquellos días, queriendo el tribuno conocer con certeza los motivos por los que los judíos acusaban a
Pablo, mandó desatarlo, ordenó que se reunieran los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno, bajando a
Pablo, lo presentó ante ellos.
Pablo sabía que una parte eran fariseos y otra saduceos y gritó en el Sanedrín:
«Hermanos, yo soy fariseo, hijo de fariseo, se me está juzgando por la esperanza en la resurrección de
los muertos».
Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, y la asamblea quedó dividida. (Los
saduceos sostienen que no hay resurrección, ni ángeles, ni espíritus, mientras que los fariseos admiten ambas
cosas) Se armó un gran griterío, y algunos escribas del partido fariseo se pusieron en pie, porfiando:
«No encontramos nada malo en este hombre; ¿y si le ha hablado un espíritu o un ángel?».
El altercado arreciaba, y el tribuno, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mandó bajar a la guarnición
para sacarlo de allí y llevárselo al cuartel.
La noche siguiente, el Señor se le presentó y le dijo:
«¡Animo! Lo mismo que has dado testimonio en Jerusalén de lo que a mí se refiere, tienes que darlo en
Roma».
Salmo: Sal 15, 1-2 y 5. 7-8. 9-10. 11.
R. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R.
Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R.
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R.
Aleluya Jn 17, 21
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Que todos sean uno - dice el Señor -,
como tú, Padre, en mí, y yo en ti,
para que el mundo crea que tú me has enviado. R.
Evangelio: ¡Que sean completamente uno!
Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 20-26.
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró, Jesús diciendo:
«No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos
sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean uno en nosotros, para que el mundo
crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú
en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y que los
has amado a ellos como me has amado a mí. Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén
conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación
del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste.
Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté en ellos, y yo
en ellos».
1ª lectura: Os encomiendo a Dios, que tiene poder para construiros y haceros participes
de la herencia.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 20, 28-38
En aquellos días, dijo Pablo a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso:
«Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes
para pastorear la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su propio Hijo.
Yo sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño.
Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos
en pos de sí. Por eso, estad alerta: acordaos de que durante tres años, de día y de noche, no he cesado de
aconsejar con lágrimas en los ojos a cada uno en particular.
Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para construiros y haceros
partícipes de la herencia con todos los santificados. De ninguno he codiciado dinero, oro ni ropa. Bien
sabéis que estas manos han bastado para cubrir mis necesidades y las de los que están conmigo.
Siempre os he enseñado que es trabajando como se debe socorrer a los necesitados, recordando las
palabras del Señor Jesús, que dijo: “Hay más dicha en dar que en recibir”».
Cuando terminó de hablar, se puso de rodillas y oró con todos. Entonces todos comenzaron a llorar y,
echándose al cuello de Pablo, lo besaban; lo que más pena les daba de lo que había dicho era que no
volverían a ver su rostro. Y lo acompañaron hasta la nave.
Salmo: Sal 67, 29-30. 33-35a. 35b y 36c.
R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.
Oh Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo. R.
Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor, tocad para Dios,
que avanza por los cielos, los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
«Reconoced el poder de Dios». R.
Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder, sobre las nubes.
¡Dios sea bendito! R.
Aleluya Cf Jn 17, 17b. a
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es verdad;
santifícanos en la verdad. R.
Evangelio: Que sean uno, como nosotros.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 11b-19.
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
«Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.
Cuando estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba, y ninguno se
perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura. Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo
para tengan en sí mismos mi alegría cumplida. Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque
no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo, sino que los
guardes del maligno.
No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así los envío también al
mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo para que también ellos sean santificados en la verdad».
El pasado domingo se celebró en la capilla de la Escuela Nacional de la Policía de Ávila, el sacramento de la Confirmación de manos del Arzobispo Castrense D. Juan Antonio Aznárez, en el que un total de 215 alumnos recibieron este Sacramento.
Desde que compartiera con nosotros los actos de Nuestra Señora de Loreto, la presencia del Señor Obispo de Tarazona, don Vicente Rebollo, en la base aérea de Zaragoza se ha convertido en un continuo habitual; y es que el gran cariño que profesa a todos los integrantes del Ejército del Aire destinados en esta base, desde que fuera nombrado Aviador Honorario, es por todos conocido; galardón del que hace honor vistiendo el roquisqui siempre que le es posible.
1ª lectura: Completo mi carrera, y consumo el ministerio que recibí del Señor Jesús.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 20, 17-27
En aquellos días, Pablo, desde Mileto, envió recado a Éfeso para que vivieran los presbíteros de la Iglesia.
Cuando se presentaron, les dijo:
«Vosotros habéis comprobado cómo he procedido con vosotros todo el tiempo que he estado aquí,
desde el día en que puse pie en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, con lágrimas y en medio
de las pruebas que me sobrevinieron por las maquinaciones de los judíos; como no he omitido por
miedo nada de cuanto os pudiera aprovechar predicando y enseñando en público y en privado, dando
solemne testimonio a judíos como a griegos, para que se conviertan a Dios y creyeran en nuestro
Señor Jesús. Y ahora, mirad, me dirijo a Jerusalén, encadenado por el Espíritu, de ciudad en ciudad,
me da testimonio de que me aguardan cadenas y tribulaciones. Pero a mí no me importa la vida, sino
completar mi carrera y consumar el ministerio que recibí del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de
la gracia de Dios.
Y ahora, mirad: sé que ninguno de vosotros, entre quienes he pasado predicando el reino, volverá a ver
mi rostro. Por eso testifico en el día de hoy que estoy limpio de la sangre de todos: pues no tuve miedo de
anunciaros enteramente el plan de Dios».
Salmo: Sal 67, 10-11. 20-21.
R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.
Derramaste en tu heredad,
oh Dios, una lluvia copiosa,
aliviaste la tierra extenuada;
y tu rebaño habitó en la tierra
que tu bondad, oh Dios,
preparó para los pobres. R.
Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas,
es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte. R.
Aleluya Jn 14, 16
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito,
que esté siempre con vosotros. R.
Evangelio: Padre, glorifica a tu Hijo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 17, 1-11a.
En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, dijo Jesús:
«Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has
dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le dado sobre todo carne, dé la vida eterna: que
te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste. Y ahora, Padre,
glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía junto a ti antes que el mundo existiese.
He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y
ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les
he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que
yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.
Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por estos que tú me diste, porque son tuyos. Y todo lo
mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado. Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en
el mundo, mientras yo voy a ti».
1ª lectura: ¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 19, 1-8
Mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó la meseta y llegó a Éfeso. Allí encontró unos
discípulos y les preguntó:
«¿Recibisteis el Espíritu Santo al aceptar la fe?».
Contestaron:
«Ni siquiera hemos oído hablar de un Espíritu Santo».
Él les dijo:
«Entonces, ¿qué bautismo habéis recibido?».
Respondieron:
«El bautismo de Juan».
Pablo les dijo:
«Juan bautizó con un bautismo de conversión, y diciendo al pueblo que creyesen en el que iba a venir
después de él, es decir, en Jesús».
Al oír esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús; cuando Pablo les impuso las manos, vino sobre
ellos el Espíritu Santo, y se pusieron a hablar en lenguas extrañas y a profetizar. Eran en total unos doce
hombres.
Pablo fue a la sinagoga y durante tres meses hablaba con toda libertad del reino de Dios, dialogando
con ellos y tratando de persuadirlos.
Salmo: Sal 67, 2-3. 4-5ac. 6-7ab.
R. Reyes de la tierra, cantad a Dios.
Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian;
como el humo se disipa, se disipan ellos;
como se derrite la cera ante el fuego,
así perecen los impíos ante Dios. R.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios,
rebosando de alegría.
Cantad a Dios, tocad a su nombre;
su nombre es el Señor. R.
Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece. R.
Aleluya Col 3, 1
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Si habéis resucitado con Cristo,
buscad los bienes de allá arriba,
donde Cristo está sentado a la derecha de Dios. R.
Evangelio: Tened valor: yo he vencido al mundo.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 16, 29-33.
En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:
«Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que
te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios».
Les contestó Jesús:
¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual
por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto,
para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».
. La Ascensión del Señor.
1ª lectura: A la vista de ellos, fue elevado al cielo.
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 1 - 11
En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en
que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido
por el Espíritu Santo.
Se les presentó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles
durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les ordenó que no alejaran de Jerusalén, sino: «aguardad que se cumpla la
promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis
bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días». Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo:
«Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?».
Les dijo:
«No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia
autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos
en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y “hasta el confín de la tierra”». Dicho esto, a la vista de ellos, fue
elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba
marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
«Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre
vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».
Salmo: Sal 46, 2-3. 6-7. 8-9.
R. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Pueblos todos batid palmas,
aclamad a Dios con gritos de júbilo;
porque el Señor altísimo es terrible,
emperador de toda la tierra. R.
Dios asciende entre aclamaciones;
el Señor, al son de trompetas;
tocad para Dios, tocad,
tocad para nuestro Rey, tocad. R.
Porque Dios es el rey del mundo;
tocad con maestría.
Dios reina sobre las naciones,
Dios se sienta en su trono sagrado. R.
2ª lectura: Lo sentó a su derecha en el cielo.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 1, 17-23.
Hermanos:
El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para
conocerlo e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os
llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su
poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo,
resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado,
poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el
futuro.
Y «todo lo puso bajo sus pies», y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud
del que llena todo en todos.
Aleluya Mt 28, 19a. 20b
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Id y haced discípulos a todos los pueblos - dice el Señor -;
yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el final de los tiempos. R.
Evangelio: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.
Conclusión del santo Evangelio según san Mateo 28, 16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.
Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.
Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.
Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos».
Con motivo de la celebración de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en el 125.º aniversario de su patronazgo sobre la Armada, se llevó a cabo la
...Entre los días 9 y 12 de julio ha tenido lugar en Guadarrama el Encuentro Nacional de Delegados de Familia y Vida. Este año, la reflexión ha girado en
...Con motivo del 125 Aniversario de la proclamación de Nuestra Señora la Santísima Virgen del Carmen como Patrona de la Armada, se ha celebrado esta
...