free joomla extensions

        

 900px Escudo de España mazonado.svg    et    armada    escudo ejercito del aire    EscudoGuardiaCivil.svg    National Police Corps of Spain Badge.svg

1ª lectura: Se decidió que subieran a Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 15, 1-6

En aquellos días, unos que bajaron de Judea se pusieron a enseñar a los hermanos que, si no se
circuncidaban conforme al uso de Moisés, no podían salvarse. Esto provocó un altercado y una violenta
discusión con Pablo y Bernabé; y se decidió que Pablo, Bernabé y algunos más de entre ellos subieran a
Jerusalén a consultar a los apóstoles y presbíteros sobre esta controversia. Ello, pues, enviados por la Iglesia
provistos de lo necesario, atravesaron Fenicia y Samaría, contando cómo se convertían los gentiles, con lo
que causaron gran alegría a todos los hermanos. Al llegar a Jerusalén, fueron acogidos por la Iglesia, los
apóstoles y los presbíteros; ellos contaron lo que Dios había hecho con ellos.

Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían abrazado la fe, se levantaron, diciendo:

«Es necesario circuncidarlos y ordenarles que guarden la ley de Moisés».

Los apóstoles y los presbíteros se reunieron a examinar el asunto.

Salmo: Sal 121, 1bc-2. 3-4b. 4c-5.

R. Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R.

Aleluya Jn 15, 4a. 5b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Permaneced en mí, y yo en vosotros - dice el Señor -;
el que permanece en mí da fruto abundante. R.

Evangelio: El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto en mí lo arranca, y
a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.

Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si
no permanecéis en mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque
sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego
los recogen y los echan al fuego, y arden.

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos».

1ª lectura: Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 14, 19-28.

En aquellos días, llegaron unos judíos de Antioquía y de Iconio y se ganaron a la gente; apedrearon
a Pablo y lo arrastraron fuera de la ciudad, dándole por muerto. Entonces lo rodearon los discípulos;
él se levantó y volvió a la ciudad.

Al día siguiente, salió con Bernabé para Derbe. Después de predicar el Evangelio en aquella ciudad y de
ganar bastantes discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, animando a los discípulos y exhortándolos
a perseverar en la fe, diciéndoles que hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

En cada Iglesia designaban presbíteros, oraban, ayunaban y los encomendaban al Señor, en quien habían
creído. Atravesaron Pisidia y llegaron a Panfilia. Y después de predicar la Palabra en Perge, bajaron a Atalía
y allí se embarcaron para Antioquía, de donde los habían encomendado a la gracia de Dios para la misión
que acababan de cumplir. Al llegar, reunieron a la Iglesia, les contaron lo que Dios había hecho por medio
de ellos y cómo había abierto a los gentiles la puerta de la fe. Se quedaron allí bastante tiempo con los discípulos.

Salmo: Sal 144, 10-11. 12-13ab. 21.

R. Tus amigos, Señor, proclaman la gloria de tu reinado.

Que todas tus criaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles.
Que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas. R.

Explicando tus hazañas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad. R.

Pronuncie mi boca
la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás. R.

Aleluya Lc 24, 46. 26

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Era necesario que el Mesías padeciera y resucitara
de entre los muertos;
y entrará así en su gloria. R.

Evangelio: Mi paz os doy.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 27-31a.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón
ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado.” Si me amarais, os alegraríais de que
vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que
cuando suceda creáis. Ya no hablaré mucho con vosotros, pues se acerca el príncipe de este mundo; no es
que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como
el Padre me ha ordenado, así actúo».

1ª lectura: Os anunciamos esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis
al Dios vivo.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 14, 5-18

En aquellos días, cuando en Iconio se produjeron conatos de violencia de parte de los gentiles y de los
judíos, con sus autoridades, para maltratar a Pablo y a Bernabé y apedrearlos; al darse cuenta de la situación,
huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores, donde se pusieron a predicar el Evangelio.
Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca habla
podido andar. Estaba escuchando las palabras de Pablo, y este, fijando en él la vista y viendo que tenía una
fe capaz de obtener la salud, le dijo en voz alta:

«Levántate, ponte derecho sobre tus pies».

El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua
de Licaonia:

«Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos».

A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del
templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad, trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la
gente, quería ofrecerles un sacrificio.

Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando
y diciendo:

«Hombres, ¿qué hacéis? También nosotros somos humanos de vuestra misma condición; os anunciamos
esta Buena Noticia: que dejéis los ídolos vanos y os convirtáis al Dios vivo “que hizo el cielo, la tierra y el mar
y todo lo que contienen”. En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera por su camino;
aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia
y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia».

Con estas palabras, a duras penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran sacrificio.

Salmo: Sal 113 B, 1-2. 3-4. 15-16.

R. No a nosotros, Señor, sino a tu nombre da la gloria.

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»? R.

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R.

Benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres. R.

Aleluya Jn 14, 26

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo
y os vaya recordando todo lo que os he dicho. R.

Evangelio: El Paráclito, que enviará el Padre os lo enseñará todo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 21-26.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre,
y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Le dijo judas, no el Iscariote:

«Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?».

Respondió Jesús y le dijo:

«El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos
morada en él.

El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no
es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el
Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho»

3/5/2026 - Domingo de la 5ª semana de Pascua.

1ª lectura: Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6, 1-7

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de
lengua hebrea, porque en el servicio diario no atendía a sus viudas. Los Doce convocando a la asamblea
de los discípulos, dijeron:

«No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos del servicio de las mesas. Por tanto,
hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, los encargaremos
de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra». La propuesta les
pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor,
Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron
las manos orando.

La palabra de Dios iba creciendo, y en Jerusalén se multiplicaba el número de discípulos; incluso muchos
sacerdotes aceptaban la fe.

Salmo: Sal 32, 1-2. 4-5. 18-19.

R. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R.

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R.

Los ojos del Señor están puestos en quien los teme,
en los que esperan su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R.

2ª lectura: Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 4-9.

Queridos hermanos:

Acercándoos al Señor, la piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios,
también vosotros como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual par aun sacerdocio
santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo. Por eso se dice en
la Escritura:

«Mira, pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa; quien cree en ella no queda defraudado».

Para vosotros, pues, los creyentes, ella es el honor, pero para los incrédulos es «la piedra que
desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular», y también «piedra de choque y roca de
estrellarse»; y ellos chocan al despreciar la palabra. A eso precisamente estaban expuestos. Vosotros,
en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios
para que anunciéis las proezas del que os llamó de las tinieblas a su luz maravillosa.

Aleluya Jn 14, 6bc

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el camino y la verdad y la vida - dice el Señor -;
nadie va al Padre sino por mí. R.

Evangelio: Yo soy el camino, y la verdad y la vida.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-12.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas
moradas; si no, os lo habría dicho, porque me voy a prepararos un lugar. Cuando vaya y os prepare un
lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya
sabéis el camino».

Tomás le dice:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?».

Jesús le responde:

«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais
también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al
Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí?
Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las
obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores,
porque yo me voy al Padre».

1ª lectura: Sabed que nos dedicamos a los gentiles.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 44-52.

El sábado siguiente, casi toda la ciudad acudió a oír la palabra del Señor. Al ver el gentío, los judíos se
llenaron de envidia y respondían con blasfemias a las palabras de Pablo.

Entonces Pablo y Bernabé dijeron con toda valentía:

«Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis
dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor: “Yo te
he puesto como luz de los gentiles, para que lleves la salvación hasta el confín de la tierra”». Cuando los
gentiles oyeron esto, se alegraron y alababan la palabra del Señor; y creyeron los que estaban destinados a
la vida eterna.

La palabra del Señor se iba difundiendo por toda la región. Pero los judíos incitaron a las señoras
distinguidas, adoradoras de Dios, y a los principales de la ciudad, provocaron una persecución contra Pablo
y Bernabé y los expulsaron de su territorio.

Estos sacudieron el polvo de los pies contra ellos y se fueron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaban
llenos de alegría y de Espíritu Santo.

Salmo: Sal 97, 1bcde. 2-3ab. 3cd-4.

R. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Aleluya Jn 8, 31b-32

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Si permanecéis en mi palabra - dice el Señor -,
seréis de verdad discípulos míos, y conoceréis la verdad. R.

Evangelio: Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 7-14.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

Felipe le dice:

«Señor, muéstranos al Padre y nos basta».

Jesús le replica:

«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre.

¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os
digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, hace las obras. Creedme: yo estoy en
el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras.

En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores,
porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en
el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

1ª lectura: Dios ha cumplido su promesa resucitando a Jesús.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 26-33

En aquellos días, cuando llegó Pablo a Antioquía de Pisidia, decía en la sinagoga:

«Hermanos, hijos del linaje de Abrahán y todos vosotros los que teméis a Dios: a nosotros se nos
ha enviado esta palabra de salvación. En efecto, los habitantes de Jerusalén y sus autoridades no
reconocieron a Jesús ni entendieron las palabras de los profetas que se leen los sábados, pero las
cumplieron al condenarlo. Y, aunque no encontraron nada que mereciera la muerte, le pidieron a
Pilato que lo mandara ejecutar. Y, cuando cumplieron todo lo que estaba escrito de él, lo bajaron del
madero y lo enterraron. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos. Durante muchos días, se apareció
a los que lo habían subido con él de Galilea a Jerusalén, y ellos son ahora sus testigos ante el pueblo.
También nosotros os anunciamos la Buena Noticia de que la promesa que Dios hizo a nuestros padres,
nos la ha cumplido a nosotros, sus hijos, resucitando a Jesús. Así está escrito en el salmo segundo:
“Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy”».

Salmo: Sal 2, 6-7.8-9. 10-11.

R. Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.

Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo».
Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy. R.

Pídemelo:

te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza». R.

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando. R.

Aleluya Jn 14, 6bc

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el camino y la verdad y la vida - dice el Señor -;
nadie va al Padre sino por mí. R.

Evangelio: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 14, 1-6.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas
estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare un lugar,
volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis
el camino».

Tomás le dice:

«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde:

«Yo soy el camino y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».

 

30/4/2026 - Jueves de la 4ª semana de Pascua, feria.

1ª lectura: Dios sacó de la descendencia de David un salvador: Jesús.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 13-25.

En aquellos días, Pablo y sus compañeros se hicieron a la vela en Pafos y llegaron a Perge de Panfilia.

Juan los dejó y se volvió a Jerusalén; ellos, en cambio, continuaron y desde Perge llegaron a Antioquía
de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la Ley y de los
Profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron a unos que les dijeran:

«Hermanos, si tenéis una palabra de exhortación para el pueblo, hablad».

Pablo se puso en pie y, haciendo seña con la mano de que se callaran, dijo:

«Israelitas y los que teméis a Dios, escuchad: El Dios de este pueblo, Israel, eligió a nuestros padres
y multiplicó al pueblo cuando vivían como forasteros en Egipto. Los sacó de allí con brazo poderoso;
unos cuarenta años “los cuidó en el desierto”, “aniquiló siete naciones en la tierra de Canaán y les dio
en herencia” su territorio; todo ello en el espacio de unos cuatrocientos cincuenta años. Luego les dio
jueces hasta el profeta Samuel. Después pidieron un rey, y Dios les dio a Saúl, hijo de Quis, de la tribu
de Benjamín, durante cuarenta años. Lo depuso y les suscitó como rey a David, en favor del cual dio
testimonio diciendo: “Encontré a David, hijo de Jesé, “hombre conforme a mi corazón, que cumplirá
todos mis preceptos”.

Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que
llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida,
decía: “Yo no soy quien pensáis, pero, mirad, viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las
sandalias de los pies”».

Salmo: Sal 88, 2-3. 21-22. 25 y 27.

R. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «La misericordia es un edificio eterno»,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad. R.

Encontré a David, mi siervo,
y lo he ungido con óleo sagrado;
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga valeroso. R.

Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán,
por mi nombre crecerá su poder.
Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora». R.

Aleluya Cf. Ap. 1, 5

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Jesucristo, eres el testigo fiel,
el primogénito de entre los muertos;
nos amaste y nos has librado de nuestros pecados con tu sangre. R.

Evangelio: El que recibe a mi enviado me recibe a mí.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 13, 16-20.

Cuando Jesús acabó de lavar los pies a sus discípulos, les dijo:

«En verdad, en verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que
lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros;
yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: “El que compartía mi pan me
ha traicionado”. Os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy.

En verdad, en verdad os digo: el que recibe a quien yo envíe me recibe a mí; y el que me recibe a mí
recibe al que me ha enviado».

1ª lectura: La sangre de Jesús nos limpia de todo pecado.

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 1, 5 - 2, 2.

Queridos hermanos:

Este es el mensaje que hemos oído de Jesucristo y que os anunciamos: Dios es luz y en él no hay
tiniebla alguna. Si decimos que estamos en comunión con él y vivimos en las tinieblas, mentimos y no
obramos la verdad. Pero, si caminamos en la luz, lo mismo que él está en la luz, entonces estamos en
comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado. Si decimos que no
hemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Pedro, sí confesamos nuestros pecados,
él, que es fiel y justo, nos perdonará los pecados y nos limpiará de toda justicia. Si decimos que no
hemos pecado lo hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue
ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los
nuestros, sino también por los del mundo entero.

Salmo: Sal 102, 1b-2. 8-9. 13-14. 17-18a.

R. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor.
y no olvides sus beneficios. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen;
porque él conoce nuestra masa,
se acuerda de que somos barro. R.

La misericordia del Señor
dura desde siempre y por siempre,
para aquellos que lo temen;
su justicia pasa de hijos a nietos:
para los que guardan la alianza. R.

Aleluya Mt 11,25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has relevado los misterios del reino a los pequeños. R.

Evangelio: Has escondido estas cosas a los sabios,
y las has relevado a los pequeños.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30.

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios
y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Si, padre, así te ha parecido bien.

Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce
al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros
y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas.
Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

28/4/2026 - Martes de la 4ª semana de Pascua, feria.

1ª lectura: Se pusieron a hablar a los griegos, anunciándoles la Buena Nueva del
Señor Jesús.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 11, 19-26.

En aquellos días, los que se habían dispersado en la persecución provocada por lo de Esteban hasta
Fenicia, Chipre y Antioquía, sin predicar la palabra más que a los judíos. Pero algunos, naturales de
Chipre y de Cirene, al llegar a Antioquía, se pusieron a hablar también a los griegos, anunciándoles
la Buena Nueva del Señor Jesús. Como la mano del Señor estaba con ellos, gran número creyó y se
convirtió al Señor.

Llegó la noticia a oídos de la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver
la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho y exhortaba a todos a seguir unidos al Señor con todo
empeño; como era un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y una multitud considerable se
adhirió al Señor. Bernabé salió para Tarso en busca de Saulo; cuando lo encontró, se lo llevó a Antioquía.

Durante todo un año estuvieron juntos en aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía
donde por primera vez llamaron a los discípulos fueron llamados cristianos.

Salmo: Sal 86, 1-3, 4-5. 6-7.

R. Alabad al Señor todas las naciones.

Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
¡Qué pregón tan glorioso para ti, ciudad de Dios! R.

«Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles;
filisteos, tirios y etíopes han nacido allí».
Se dirá de Sión: «Uno por uno todos han nacido en ella;
el Altísimo en persona la ha fundado». R.

El Señor escribirá en el registro de los pueblos:
«Este ha nacido allí».
Y cantarán mientras danzan:
«Todas mis fuentes están en ti». R.

Aleluya Jn 10, 27

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Mis ovejas escuchan mi voz - dice el Señor -,
y yo las conozco, y ellas me siguen. R.

Evangelio: Yo y el Padre somos uno.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 10, 22-30.

Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en
el templo por el pórtico de Salomón.

Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:

«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

Jesús les respondió:

«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio
de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las
conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará
de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado, es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada
de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Con motivo de la inauguración de la nueva Capilla “Santísimo Cristo y San Juan Pablo II”, el Obispo Castrense de Eslovaquia, Mons. Pavol Sajgalík, ha visitado al Contingente Español desplegado en Zona de Operaciones, acompañado por la Embajadora de España en Eslovaquia.

Página 16 de 288

Más Noticias

Amigos Fuertes de Dios

  • El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz

    Madre Teresa de Calcuta.

EncabezadoWeb Espanâol3

Matrimonio es +

img ForeverMatch

Roma

cropped-Logo_White_Background.jpg

Año Jubilar Perpetuo Socorro

Imagen Virgen

Cartelito Fatima

WYD SEOUL 2027

Captura

 CALENDARIO PASTORAL

Lun Mar Mié Jue Vie Sáb Dom
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30

Medalla Cuerpo de Sanidad

BanerLateralSanidad

LECTURAS DE MISA.jpg

Acceso

Bienvenidos

Noticias del Papa León XIV

  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7
  • 8
  • 9
  • 10
  • 11
  • 12
  • 13
  • 14
  • 15
  • 16
  • 17
  • 18
  • 19
  • 20
  • 21
  • 22
  • 23
  • 24
  • 25
  • 26
  • 27
  • 28
  • 29
  • 30
  • 31
  • 32
  • 33
  • 34
  • 35
  • 36
  • 37
  • 38
  • 39
  • 40
  • 41
  • 42
  • 43
  • 44
  • 45
  • 46
  • 47
  • 48
  • 49
  • 50
  • 51
  • 52
  • 53
  • 54
  • 55
  • 56
  • 57
  • 58
  • 59
  • 60
  • 61
  • 62
  • 63
  • 64
  • 65
  • 66
  • 67
  • 68
  • 69
  • 70
  • 71
  • 72
  • 73
  • 74
  • 75
  • 76
  • 77
  • 78
  • 79
  • 80
  • 81
  • 82
Volver
facebook_page_plugin