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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Ayer contemplamos a la Virgen María en su relación indisoluble con su Hijo: ni siquiera la muerte pudo interrumpir esa comunión de alma y cuerpo, que es vida eterna. Cada domingo nos recuerda que esa misma plenitud está reservada a quienes siguen a Jesús: su resurrección no es un acontecimiento del pasado, sino una vida nueva que nos compromete.

Así lo demuestra hoy la mujer cananea protagonista del Evangelio proclamado en la liturgia (cf. Mt 15,21-28). Aunque no pertenece a su pueblo y vive en una región extranjera, intenta con insistencia hablar con Jesús, siguiéndole como una discípula que ya tiene un vínculo con Él. Probablemente nunca se habían encontrado, pero, misteriosamente, la fe ya había surgido en ella. No desea algo para sí misma, sino la paz para su hija atormentada, y confía en Jesús, a quien reconoce como el Mesías, descendiente de David (cf. v. 22).

El evangelista no oculta los obstáculos a los que se enfrenta esta mujer. Los discípulos la ven como una persona molesta, y el propio Jesús se resiste a sus peticiones. De hecho, el Maestro se había retirado a aquella región (cf. v. 21) y podemos imaginar que, como en otras ocasiones, buscaba un lugar apartado donde orar y formar a los suyos. Sin embargo, en ese momento ocurre algo inesperado. Al meditar sobre ello, podemos comprender la obediencia de Jesús, que cumple su misión dejándose conmover por lo que ve y lo que oye. Al final le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas» (v. 28).

También hoy la Iglesia puede dejarse sorprender por la obra de Dios y comunicar la paz de Cristo más allá de las fronteras ya trazadas. Su misión es anticipada por la gracia divina, que actúa en lo más recóndito de las conciencias, de modo que en cada encuentro, incluso en aquellos que trastocan nuestros planes, hay que aguzar el oído, abrir los ojos y el corazón a lo que Dios quiere decirnos.

De la mujer cananea aprendemos la humildad y la determinación. Gracias a su fe, aprendemos que la mesa de Dios está preparada para todos y que a nadie le corresponden las migajas (cf. vv. 26-27), porque cada uno tiene su propio lugar junto al Padre. A la luz de esta fe, resultan insoportables las desigualdades, las discriminaciones y las barreras que pisotean la dignidad de tantos hijos e hijas de Dios.

Queridos hermanos y hermanas: somos la Iglesia de Jesucristo en un mundo atormentado, en un mundo que busca la paz. A María, nuestra Madre, le pedimos que interceda por nosotros. «De sus labios brota el himno más fuerte e innovador que jamás se haya pronunciado, el Magníficat» (Magnifica humanitas, 244): es el canto de quien ya ve la realidad con la mirada de Dios y, por eso, no pierde la esperanza y actúa con caridad.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Reitero mi llamamiento para que cesen los repetidos actos de violencia contra la población civil palestina en Cisjordania y pido con urgencia a la comunidad internacional que vele por el avance de la solución de dos Estados, en pro de una paz justa y duradera.

Esta semana darán comienzo los Juegos del Mediterráneo, que se celebrarán en Taranto. En ellos participarán diversos países de África, Asia y Europa que pertenecen a la cuenca mediterránea. Deseo que este evento deportivo sea un presagio de paz y fraternidad entre los pueblos de esta región y del mundo entero.

Y ahora doy la bienvenida a todos ustedes, que se han reunido aquí, en Castel Gandolfo, para el Ángelus dominical.

Saludo con cariño a los peregrinos procedentes de diversos países. Al saludar a los polacos, extiendo mi bendición a las numerosas participantes en la tradicional peregrinación al Santuario de Piekary Śląskie, en Alta Silesia.

Les deseo a todos un feliz domingo.

[Multimedia]

1ª lectura: Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho

Lectura de la profecía de Ezequiel 24, 15-24

Me fue dirigida esta palabra del Señor:

«Hijo del hombre, voy a arrebatarte repentinamente el encanto de tus ojos; pero tú no entones una
lamentación, no hagas duelo, no llores, no derrames lágrimas. Suspira en silencio no hagas ningún rito
fúnebre. Ponte el turbante y cálzate las sandalias; no te cubras la barba ni comas el pan del duelo». Yo había
hablado a la gente por la mañana, y por la tarde murió mi mujer. Al día siguiente hice lo que se me había
ordenado.

Entonces me dijo la gente:

«¿Quieres explicarnos qué significa lo que estás haciendo?».

Les respondí:

«He recibido esta palabra del Señor:

“Di a la casa de Israel: Esto dice el Señor Dios: ‘Voy a profanar mi santuario, el baluarte dl que estáis
orgullosos, encanto de vuestros ojos, esperanza de vuestra vida. Los hijos e hijas que dejasteis en Jerusalén
caerán a espada.

Entonces haréis lo que yo he hecho: no os cubriréis la barba ni comeréis el pan del duelo; seguiréis con
el turbante en la cabeza y las sandalias en los pies, no entonaréis una lamentación ni lloraréis; os consumiréis
por vuestras culpas y gemiréis unos con otros. Ezequiel os servirá de señal: haréis lo mismo que él ha hecho.

Y, cuando suceda, comprenderéis que yo soy el Señor Dios”‘».

Salmo: Salmo Dt 32, 18-21.

R. Despreciaste al Dios que te engendró.

Despreciaste al Dios que te engendró,
y olvidaste al Dios que te dio a luz.
Lo vio el Señor,
e irritado rechazó a sus hijos e hijas. R.

Pensando: «Les ocultaré mi rostro
y veré cuál es su suerte,
porque son una generación pervertida,
unos hijos desleales». R.

«Me han dado celos con un dios que no es dios,
me han irritado con sus ídolos vacíos;
pues yo les daré celos con un pueblo que no es pueblo,
con una nación fatua los irritaré». R.

Aleluya Mt 5, 3

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos. R.

Evangelio: Si quieres ser perfecto, vende tus bienes, así tendrás un tesoro en el cielo

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 16-22

En aquel tiempo, se acercó uno a Jesús y le preguntó:

«Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?».

Jesús le contestó:

«¿Por qué me preguntas qué es bueno? Uno solo es Bueno. Mira, si quieres entrar en la vida, guarda los
mandamientos».

Él le preguntó:

«¿Cuáles?». Jesús le contestó:

«No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu
madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo».

El joven le dijo:

«Todo eso lo he cumplido. ¿Qué me falta?».

Jesús le contestó:

«Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el
cielo - y luego ven y sígueme».

Al oír esto, el joven se fue triste, porque era rico.

 

1ª lectura: A los extranjeros los traeré a mi monte santo.
Lectura del libro de Isaías 56, 1. 6-7
Esto dice el Señor:
«Observad el derecho, practicad la justicia, porque mi salvación está por llegar, y mi justicia se va a manifestar.
A los extranjeros que se han unido al Señor para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus
servidores, que observen el sábado sin profanarlo y mantienen mi alianza, los traeré a mi monte santo, los
llenaré de júbilo en mi casa de oración; sus holocaustos y sacrificios serán aceptables sobre mi altar; porque
mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos».
Salmo: Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8
R. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Que Dios tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
y gobiernas las naciones de la tierra. R.
Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman todos los confines de la tierra. R.
2ª lectura: Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 11, 13-15. 29-32
Hermanos:
A vosotros, gentiles os digo: siendo como soy apóstol de los gentiles haré honor a mi ministerio, por ver
si doy celos a los de mi raza y salvo a alguno de ellos.
Pues si su rechazo es reconciliación del mundo, ¿qué no será su reintegración sino volver desde la muerte
a la vida?
Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables.
En efecto, así como vosotros, en otro tiempo, desobedecisteis a Dios; pero ahora habéis obtenido misericordia
por la desobediencia de ellos, así también estos han desobedecido ahora con ocasión de la misericordia que
se os ha otorgado a vosotros, para que también ellos alcancen ahora misericordia. Pues Dios nos encerró a
todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.
Aleluya Mt 4, 23
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Jesús proclamaba el evangelio del reino,
y curaba toda dolencia en el pueblo. R.

Agosto Dpto. Internet Arzobispado de Madrid
Lecturas de la Misa

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Evangelio: Mujer, qué grande es tu fe.
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle
«Atiéndela, que viene detrás gritando».
Él les contestó:
«Sólo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».
Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.

 

la Bienaventurada Virgen María, solemnidad.
1ª lectura: Una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies
Lectura del libro del Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab
Se abrió en el cielo el santuario de Dios y apareció en su santuario el arca de su alianza.
Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol y la luna bajo sus pies y una corona de doce
estrellas sobre su cabeza; y está encinta, y grita con dolores de parto y con el tormento de dar a luz.
Y apareció otro signo en el cielo: un gran dragón rojo que tiene siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus
cabezas siete diademas, y su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra.
Y el dragón se puso en pie ante la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo cuando lo
diera a luz.
Y dio a luz un hijo varón, destinado el que ha de pastorear a todas las naciones con vara de hierro, y fue
arrebatado su hijo junto a Dios y junto a su trono; y la mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado
por Dios.
Y oí una gran voz en el cielo que decía:
«Ahora se ha establecido la salvación y el poder y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo».
Salmo: Sal 44, 10bc. 11-12ab. 16
R. De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir. R.
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu señor. R.
Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real. R.
2ª lectura: Primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 15, 20-27a
Hermanos:
Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto.
Si por un hombre vino la muerte, por un hombre vino la resurrección. Pues lo mismo que en Adán
mueren todos, así en Cristo todos serán vivificados.
Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después todos los que son de
Cristo, en su venida; después al final, cuando Cristo entregue el reino a Dios Padre, cuando
haya aniquilado todo principado, poder y fuerza.
Pues Cristo tiene que reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies.
El último enemigo en ser destruido será la muerte, porque lo ha sometido todo
bajo sus pies.

Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
María ha sido asunta al cielo,
se alegra el ejército de los ángeles. R.
Evangelio: El Poderoso ha hecho obras grandes en mí: enaltece a los humildes
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá;
entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que. en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de
Espíritu Santo y levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la
criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor
se cumplirá».
María dijo:
«Proclama mi alma la grandeza del Señor, “se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado
la humildad de su esclava”.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mi:
“su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, “derriba del trono a los poderosos y
enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia” - como lo había prometido a “nuestros padres”
- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y volvió a su casa.

1ª lectura: Eras perfecta con los atavíos que yo había puesto sobre ti; y te prostituiste

Lectura de la profecía de Ezequiel 16, 1-15. 60. 63

Me fue dirigida esta palabra del Señor:

«Hijo del hombre, hazle conocer sus acciones detestables a Jerusalén.

Di: “Esto dice el Señor Dios, a Jerusalén. Por tu origen y tu nacimiento eres cananea: tu padre era amorreo
y tu madre era hitita. Así fue tu nacimiento: El día en que naciste, no te cortaron el cordón, no te lavaron con
agua para purificarte, ni te friccionaron con sal, ni te envolvieron en pañales. Nadie se apiadó de ti ni hizo
por compasión nada de todo esto, sino que por aversión te arrojaron a campo abierto el día en que naciste.

Yo pasaba junto a ti y te vi revolviéndote en tu sangre, y te dije: Sigue viviendo, tú que yaces en tu sangre,
sigue viviendo.

Te hice crecer como un brote de campo. Tú creciste, te hiciste grande, llegaste a la edad del matrimonio.

Tus senos se afirmaron y te brotó el vello, pero continuabas completamente desnuda.

Pasé otra vez a tu lado, te vi en la edad del amor; extendí mi manto sobre ti para cubrir tu desnudez. Con
juramento, hice alianza contigo - oráculo del Señor Dios - y fuiste mía.

Te lavé con agua, te limpié la sangre, que te cubría y te ungí con aceite. Te puse vestiduras bordadas, te
calcé zapatos de cuero fino, te ceñí de lino, te revestí de seda.

Te engalané con joyas: te puse pulseras en los brazos y un collar al cuello. Te puse un anillo en la nariz,
pendientes en tus orejas y una magnífica diadema en tu cabeza.

Lucías joyas de oro y plata, y vestidos de lino, seda y bordado; comías flor de harina, miel y aceite; estabas
cada vez más bella y llegaste a ser como una reina.

Se difundió entre las naciones paganas la fama de tu belleza, perfecta con los atavíos que yo había puesto
sobre ti - oráculo del Señor -. Pero tú, confiada en tu belleza, te prostituiste; valiéndote de tu fama, prodigaste
tus favores y te entregaste a todo el que pasaba.

Con todo, yo me acordaré de mi alianza contigo en los días de tu juventud y estableceré contigo una
alianza eterna, para que te acuerdes y te avergüences y no te atrevas nunca más a abrir la boca por tu
oprobio, cuando yo te perdone todo lo que hiciste - oráculo del Señor -».

Salmo: Salmo Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6

R. Ha cesado tu ira y me has consolado.

«Él es mi Dios y Salvador: confiaré y no temeré,
porque mi fuerza y mi poder es el Señor,
él fue mi salvación».
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación. R.

«Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
contad a los pueblos sus hazañas,
proclamad que su nombre es excelso». R.

Tañed para el Señor, que hizo proezas,
anunciadlas a toda la tierra;
gritad jubilosos, habitantes de Sión:
porque es grande en medio de ti el santo de Israel. R.

Aleluya Cf. 1 Tes 2, 13

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Acoged la palabra de Dios, no como palabra humana,
sino, cual es en verdad, como palabra de Dios. R.

Evangelio: Por la dureza de corazón permitió Moisés repudiar a las mujeres; pero, al principio, no era así
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba:

«¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo?».

Él les respondió:

«¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará el
hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne”? De modo que ya
no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre». Ellos insistieron:

«¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?».

Él les contestó:

«Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no
era así. Pero yo os digo que, si uno repudia a su mujer - no hablo de unión ilegítima - y se casa con otra,
comete adulterio».

Los discípulos le replicaron:

«Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse».

Pero él les dijo:

«No todos entienden esto, solo los que han recibido ese don. Hay eunucos que
salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay
quienes se hacen eunucos ellos mismos por el reino de los cielos. El que
pueda entender, entienda».

1ª lectura: Emigra en pleno día, a la vista de todos.

Lectura de la profecía de Ezequiel 12, 1-12

Me fue dirigida esta palabra del Señor:

«Hijo de hombre, vives en medio de un pueblo rebelde: tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para
oír, y no oyen; pues son un pueblo rebelde.

Así pues, tú, hijo del hombre, prepara tu equipaje para el destierro, y emigra en pleno día, a la vista de
todos; a la vista de todos emigra a otro sitio. Tal vez así comprendan que son un pueblo rebelde.

Sacarás tu equipaje de deportado en pleno día, a la vista de todos; partirás al atardecer, a la vista de
todos, como quien va al destierro.

A la vista de todos abre una brecha en el muro y saca por allí tu equipaje.

Cárgalo al hombro a la vista de todos, sácalo en la oscuridad. Cúbrete la cara para no ver la tierra,
porque hago de ti un signo para la casa de Israel».

Yo hice todo lo que me había ordenado. Saqué mi equipaje como quien va al destierro, en pleno día; al
atardecer abrí una brecha en el muro con las manos, lo saqué en la oscuridad y me lo cargué al hombro,
a la vista de todos.

A la mañana siguiente me fue dirigida esta palabra del Señor:

«Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, la casa rebelde, qué es lo que hacías?
Pues respóndeles:

“Esto dice el Señor Dios: Este oráculo toca al príncipe en Jerusalén y a toda la casa de Israel que vive allí”.

Di: “Yo soy un signo para vosotros: como yo he hecho, así harán con ellos. Serán deportados irán
al destierro.

El príncipe que vive entre ellos se cargará al hombro el equipaje, en la oscuridad saldrá, por una brecha
que abrirán en el muro para sacarlo, se cubrirá la cara para no ver su tierra con sus propios ojos”».

Salmo: Sal 77, 56-57. 58-59. 61-62

R. No olvidéis las acciones del Señor.

Ellos tentaron al Dios altísimo y se rebelaron,
negándose a guardar sus preceptos;
desertaron y traicionaron como sus padres,
fallaron como un arco engañoso. R.

Con sus altozanos lo irritaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.
Dios lo oyó y se indignó,
y rechazó totalmente a Israel. R.

Abandonó sus valientes al cautiverio,
su orgullo a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la espada,
encolerizado contra su heredad. R.

Aleluya Sal 118, 135

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
enséñame tus decretos. R.

Evangelio: No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 21-19, 1

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al
empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor
mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado,
arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado
aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo:

“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo:

“Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:

“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste. ¿No debías tú también tener
compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos
hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».
Cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y vino a la región de Judea, al otro lado del Jordán.

1ª lectura: Marca en el frente a los que se lamentan por las acciones detestables de Jerusalén.

Lectura de la profecía de Ezequiel 9, 1-7; 10, 18-22

Oí al Señor que exclamaba con voz potente:

«¡Ha llegado el juicio de la ciudad! Que cada uno empuñe su arma destructora».

Entonces aparecieron seis hombres por el camino de la puerta de arriba, la que da al norte. Cada uno
empuñaba una maza. En medio de ellos estaba un hombre vestido de lino, con los avíos de escribano a la
cintura. Al llegar se detuvieron junto al altar de bronce. La Gloria del Dios de Israel se había levantado del
querubín en que se apoyaba, dirigiéndose al umbral del templo.

Llamó al hombre vestido de lino, que tenía los avíos de escribano a la cintura.

El Señor le dijo:

«Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén, y marca en la frente a los que gimen y se lamentan por las acciones
detestables que en ella se cometen».

A los otros les dijo en mi presencia:

«Recorran la ciudad detrás de él, golpeando sin compasión y sin piedad. A viejos, jóvenes y doncellas, a
niños y mujeres, mátenlos, acaben con ellos; pero no se acerquen a ninguno de los que tienen la señal.

Comenzarán por mi santuario».

Y comenzaron por los ancianos que estaban frente al templo. Luego les dijo:

«Profanen el templo, llenando sus atrios de cadáveres, y salgan a matar por la ciudad».

La Gloria del Señor salió levantándose del umbral del templo y se colocó sobre los querubines.
Los querubines desplegaron sus alas y se elevaron sobre la tierra ante mis ojos. Junto con ellos partieron
también las ruedas y se detuvieron a la entrada de la puerta oriental del templo del Señor. La Gloria del Dios
de Israel estaba por encima de ellos. Eran los mismos seres que había visto bajo el Dios de Israel junto al
río Quebar, y comprendí que eran querubines.

Cada uno tenía cuatro rostros y cuatro alas, y bajo las alas una especie de mano humana. El aspecto de
sus rostros era el de los rostros que había visto junto al río Quebar. Todos ellos iban de frente.

Salmo: Sal 112, 1-2. 3-4. 5-6

R. La gloria del Señor se eleva sobre los cielos.

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que habita en las alturas
y se abaja para mirar
al cielo y a la tierra? R.

Aleluya 2 Cor. 5, 19ac

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo,
y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.

Evangelio: Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu
hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por
boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la
comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. En verdad les digo que todo lo que aten en la
tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en los cielos.

Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi
Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio
de ellos».

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos habla de Jesús, quien, en el lago de Galilea, caminando sobre las aguas, se une a los discípulos en medio de una tormenta (cf. Mt 14,22-33).

Tras el milagro de los panes y los peces (cf. Mt 14,13-21), el Maestro insta a sus discípulos a subir a la barca y a hacerse a la mar, mientras Él se retira al monte a solas para orar. Lejos de la orilla, sin embargo, se encuentran a merced del viento y les cuesta avanzar. Tras una experiencia exitosa, en la que habían sido protagonistas de un signo prodigioso, ahora se encuentran frágiles y asustados ante la amenaza de las olas y el viento en contra.

Hacia el final de la noche, Jesús les sale al encuentro sobre las aguas agitadas, y ellos, asustados, lo confunden con un fantasma (v. 26). Pero Él les dice: «¡Ánimo, soy yo, no tengan miedo!» (v. 27). La presencia del Señor lo cambia todo: Pedro incluso logra dar unos pasos sobre las olas hacia Él; luego se asusta, comienza a hundirse y Jesús lo salva. Cuando el Maestro sube a la barca, la tormenta se calma, y entonces brota espontáneamente del corazón de los discípulos la profesión de fe: «En verdad tú eres el Hijo de Dios» (v. 33).

Para llegar a esto, no les bastó haber presenciado un milagro, ni haber tenido éxito ante la gente: tuvieron que pasar por la experiencia de su debilidad y, en ella, reconocer la presencia de Dios. Sólo de este modo realmente pudieron abrir los ojos y el corazón a su cercanía, encontrando paz incluso en medio de la tempestad.

Tiempo después, un día Jesús les dirá: «Si ustedes tienen fe y no dudan […], dirán a este monte: “¡Quítate y lánzate al mar!”, y así sucederá» (Mt 21,21). Y eso mismo es lo que experimentaron en el lago: la paz de Cristo, que había estado en la montaña orando, los alcanzó en medio de la furia de las aguas.

Este milagro nos enseña algo importante: ante todo, a no dejarnos llevar por el éxito y a no ser nunca presuntuosos; y, al mismo tiempo, a no desesperarnos, ni siquiera en los momentos de oscuridad, cuando nos sentimos impotentes ante los problemas y, a pesar de nuestros esfuerzos, nos parece que vamos más hacia atrás que hacia adelante. En cualquier circunstancia, Jesús no nos abandona y, si lo acogemos con humildad en la barca de nuestra vida —con la oración, con los sacramentos, con la escucha de su Palabra—, en Él encontraremos la paz, encontraremos luz y fuerza para nuestro camino.

Que nos ayude María a vivir así, abandonados confiadamente en Dios, ella, que fue llamada dichosa por su fe (cf. Lc 1,45).

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Sigo con preocupación la trágica situación en Sudán, especialmente en la ciudad de El Obeid. Al expresar mi cercanía espiritual a todos los habitantes de la nación, renuevo mi llamado a las Autoridades para que garanticen corredores humanitarios a la población civil. Al mismo tiempo, insto a la comunidad internacional a apoyar los esfuerzos destinados a lograr un alto el fuego inmediato.  Oremos pidiendo al Señor que sostenga a quienes sufren, convierta los corazones de quienes siembran violencia y conceda la paz tan anhelada.

Siguen llegando noticias dolorosas sobre personas inocentes asesinadas y heridas en Ucrania y en Rusia. Los episodios trágicos se suceden, es más, se multiplican, causando cada vez más víctimas civiles, entre ellas también niños. Me solidarizo con las familias de las víctimas, con los heridos y con todos aquellos que sufren a causa del conflicto en curso. Ante tanto dolor, renuevo un vehemente llamamiento para que se respete el derecho humanitario y ambas partes pongan fin a los ataques contra objetivos civiles. La guerra sólo genera más guerra y provoca un enorme sufrimiento. Es hora de detener la espiral de violencia y dar cabida a la diplomacia y al diálogo para allanar el camino hacia la paz.

¡Y ahora doy la bienvenida a todos ustedes, romanos y peregrinos de distintos países!

Saludo en especial a los jóvenes de la Comunidad Santa María Magdalena de la Diócesis de Milán, que recorrieron la Vía Francígena desde Siena hasta Roma; así como a los scouts de Enna, que realizaron su campamento en las Colinas Albanas, en los alrededores de Roma, y a los jóvenes de Pernumia, de la Diócesis de Padua.  

La presencia de tantos grupos de jóvenes, que deciden dedicar unos días de sus vacaciones a actividades formativas y de compañerismo, es un signo de esperanza; así como lo fue el encuentro de los jóvenes franciscanos, con quienes tuve la alegría de reunirme el jueves pasado en Asís.

A todos ustedes, chicos y chicas que me escuchan, quisiera recordarles que en estos días el calendario litúrgico nos presenta algunas figuras maravillosas de santos y santas que los invito a conocer mejor: ayer, el gran santo Domingo, fundador de los Frailes Predicadores; hoy, santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, carmelita asesinada en Auschwitz y copatrona de Europa; mañana, san Lorenzo, diácono de la Iglesia de Roma; pasado mañana, santa Clara de Asís, quien dejó una vida acomodada para seguir a Jesús, pobre y humilde, siguiendo el ejemplo de su conciudadano san Francisco. ¡Queridos jóvenes, déjense inspirar por estos testigos ejemplares del Evangelio!

¡Gracias a todos por su presencia y que tengan un feliz domingo!

[Multimedia]

1ª lectura: Me dio a comer el volumen, y me supo en la boca dulce como la miel.

Lectura de la profecía Ezequiel 2, 8-3, 4

Esto dice el Señor:

«Ahora, hijo del hombre, escucha lo que te digo: ¡No seas rebelde, como este pueblo rebelde! Abre la
boca y come lo que te doy».

Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba
escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes.

Entonces me dijo:

«Hijo del hombre, come lo que tienes ahí, cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel».
Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome:

«Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy».

Lo comí y me supo en la boca dulce como la miel.

Me dijo:

«Hijo del hombre, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras».

Salmo: Sal 118, 14.24.72.103.111. 131

R. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor!

Mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R.

Tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R.

Más estimo yo la ley de tu boca
que miles de monedas de oro y plata. R.

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca! R.

Tus preceptos son mi herencia perpetua,
la alegría de mi corazón. R.

Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos. R.

Aleluya Mt 11, 29ab

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tomad mi yugo sobre vosotros - dice el Señor -,
y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. R.

Evangelio: Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños.

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?».

Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:

«En verdad os digo que, si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.

Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que
acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños,
porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial.

¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y
nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por
ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.

Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».

1ª lectura: Dios ama al que da con alegría.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 6-10

Hermanos:

El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra abundantemente, abundantemente
cosechará.

Cada uno dé como le dicte su corazón: no a disgusto ni a la fuerza, pues Dios ama “al que
da con alegría”.

Y Dios tiene poder para colmaros de toda clase de dones, de modo que, teniendo lo suficiente siempre y
en todo, os sobre para toda clase de obras buenas.

Como está escrito:

«Repartió abundantemente a los pobres, su justicia permanece eternamente».

El que proporciona “semilla al que siembra y pan para comer” proporcionará y multiplicará vuestra semilla
y aumentará los frutos de vuestra justicia.

Salmo: Sal 111, 1b-2. 5-6 7-8. 9

R. Dichoso el que se apiada y presta.

Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra
la descendencia del justo será bendita. R.

Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos,
porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo. R.

No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su corazón está seguro, sin temor,
hasta que vea derrotados a sus enemigos. R.

Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad. R.

Aleluya Jn 8, 12 bc

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

El que me sigue no camina en tinieblas - dice el Señor -,
sino que tendrá la luz de la vida. R.

Evangelio: A quien me sirva, el Padre lo honrará.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 12, 24-26

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si
muere, da mucho fruto.

El que ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la
vida eterna. El que quiere servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien
me sierva, el Padre lo honrará».

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