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Este año se celebrará del 21 al 25 de mayo de 2026, en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, el 66 Encuentro Internacional de Militares por la Paz, que organiza la Delegación de Peregrinaciones del Arzobispado Castrense.

Con este motivo, una delegación de nuestro Arzobispado, participó el pasado mes de octubre, en la ciudad polaca de Wadowice, con delegaciones de otros 19 países, en la Reunión Preparatoria de la 66 edición de la Peregrinación Internacional, que llevará por lema “Soldados, centinelas de la paz”.

La Comandancia de la Guardia Civil de Burgos ha hecho entrega formal de un donativo de 190 euros a la delegación de Cáritas Castrense en la ciudad. Esta cuantía fue recaudada gracias a las aportaciones voluntarias de los participantes en el Acto de Tiro Policial "I Memorial Virginio de Paz", celebrado en el marco de las festividades de la Patrona de 2025.

La tarde del día 26 de enero de 2026, la cripta de la Santa Iglesia Catedral de la Fuerzas Armadas acogía la presentación del libro “Versos a la Milicia” obra del jienense D. Eduardo López Aranda. 

El autor es un químico de profesión, pero con una gran vocación militar, que lo ha llevado con su servicio a ser nombrado Legionario de Honor o Soldado de la Unidad Militar de Emergencias de Honor, además de diversas condecoraciones militares y civiles; siendo actualmente Presidente del Círculo de Amigos de las Fuerzas Armadas de Jaén. 

Boletín Eclesiástico 2026

Boletín Eclesiástico 2026


 

Arzobispo Castrense de España

 

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Necrología

1ª lectura: He pecado contra el Señor.

Lectura del primer libro de Samuel 12, 1 7a. 10‐17

En aquellos días, el Señor envió a Natán a David. Entró Natán ante el rey y le dijo:

«Había dos hombres en un pueblo, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchos rebaños de ovejas y vacas.

El pobre, en cambio, no tenía más que una cordera pequeña que había comprado. La alimentaba y la criaba
con él y con sus hijos. Ella comía de su pan, bebía de su copa y reposaba en su regazo; era para él como una
hija. Llegó un peregrino a casa del rico, y no quiso coger una de sus ovejas o de sus vacas y preparar el banquete
para el hombre que había llegado a su casa, sino que cogió la cordera del pobre y la aderezó para el hombre
que había llegado a casa».

La cólera de David se encendió contra aquel hombre y replicó a Natán:

«Vive el Señor que el hombre que ha hecho tal cosa es reo de muerte. Resarcirá cuatro veces la cordera,
por haber obrado así y por no haber tenido compasión».

Entonces Natán dijo a David:

«Tú eres ese hombre. Pues bien, la espada no se apartará de tu casa jamás, por haberme despreciado, y
haber tomado como esposa a la mujer de Urías, el hitita, Así dice el Señor: “Yo voy a traer la desgracia sobre
ti, desde tu propia casa. Cogeré a tus mujeres ante tus ojos y las entregaré a otro, que se acostará con ellas a
la luz misma del sol. Tú has obrado a escondidas. Yo, e, cambio, haré esto a la vista de todo Israel y a la luz del
sol”». David respondió a Natán:

«He pecado contra el Señor» Y Natán le dijo:

«También el Señor ha perdonado tu pecado. No morirás. Ahora bien, por haber despreciado al Señor con
esa acción, el hijo que te va a nacer morirá. sin remedio».

Natán se fue a su casa.

El Señor hirió al niño que la mujer de Urías había dado a David, y cayó enfermo.

David oró con insistencia a Dios por el niño. Ayunaba y pasaba las noches acostado en tierra.

Los ancianos de su casa se acercaron a él e intentaban obligarlo a que se levantara del suelo, pero no accedió,
ni quiso tomar con ellos alimento alguno.

Salmo: Sal 50, 12-13. 14-15. 16-17

R. Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

Oh Dios, crea en mi un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R.

Líbrame de la sangre, oh Dios, Dios, Salvador mío,
y cantará mi lengua tu justicia.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Tanto amo Dios al mundo,
que entregó a su Unigénito;
todo el que cree en él tiene vida eterna. R.

Evangelio: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 35‐41

Aquel día, al atardecer, dice Jesús a sus discípulos:

«Vamos a la otra orilla».

Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó una
fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba en la popa, dormido
sobre un cabezal.

Lo despertaron, diciéndole:

«Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»

Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago:

«¡Silencio, enmudece!»

El viento cesó y vino una gran calma.

Él les dijo:

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» Se llenaron de miedo y se decían unos a otros:

«¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!»

1ª lectura: Me despreciaste y tomaste como esposa a la mujer de Urías.

Lectura del segundo libro de Samuel 11, 1 ‐ 4a. 4c ‐ 10a. 13‐17

A la vuelta de un año, en la época en que los reyes suelen ir a la guerra, David envió a Joab con sus servidores
y todo Israel. Masacraron a los amonitas y sitiaron Rabá, mientras David se quedó en Jerusalén.

Una tarde David, se levantó de la cama y se puso a pasear por la terraza del palacio. Desde allí divisó a una
mujer que se estaba bañando, de aspecto muy hermoso.

David mandó averiguar quién era aquella mujer.

Y le informaron:

«Es Betsabé, hija de Elián, esposa de Urías, el hitita».

David envió mensajeros para que la trajeran.

Ella volvió a su casa.

Quedó encinta y mandó este aviso a David:

«Estoy encinta».

David, entonces, envió esta orden a Joab:

«Mándame a Urías, el hitita».

Joab se lo mandó.

Cuando llegó Urías, David le preguntó cómo se encontraban Joab y la tropa y cómo iba la guerra.

Luego le dijo:

«Baja a tu casa a lavarte los pies».

Urías salió del palacio y tras de él un regalo del rey. Pero Urías se acostó a la puerta del palacio, con todos
los servidores de su señor, y no bajo a su casa.

Informaron a David:

«Urías no ha bajado a su casa».

David le invitó a comer con él y le hizo beber hasta ponerle ebrio.

Urías salió por la tarde a acostarse en su jergón con los servidores de su señor, pero no bajo a su casa.

A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab, que le mandó por Urías.

En la carta había escrito:

«Poned a Urías en primera línea, donde la batalla sea más encarnizada. Y luego retiraos de su lado,
para que lo hieran y muera».

Joab observo la ciudad y situó a Urías en el lugar en el que sabía que estaban los hombres
más aguerridos.

Las gentes de la ciudad hicieron una salida. Trabaron combate con Joab, y hubo
bajas en la tropa, entre los servidores de David. Murió también Urías, el hitita.

Salmo: Sal 50, 3-4. 5-6a. 6bc-7. 10-11

R. Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado.
Contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R.

En la sentencia tendrás razón,
en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací,
pecador me concibió mi madre. R.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa. R.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

Evangelio: Un hombre echa semilla y duerme, y la semilla va creciendo sin que
él sepa cómo.

Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 26‐34

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío:

«El reino de Dios se parece a un hombre que echa simiente en la tierra. Él duerme de noche y se levanta
de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero
los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado
la siega». Dijo también:

«¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al
sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrada crece, se hace más alta que las
demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros pueden anidar en su sombra».

Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía
con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

1ª lectura: ¿Quién soy yo, mi Dueño y Señor, y quién la casa de mi padre?

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 18‐19. 24‐29

Después de que Natán habló a David, el rey vino a presentarse ante el Señor y dijo:

«¿Quién soy yo, mi Dueño y Señor, y quién la casa de mi padre, para que me hayas engrandecido hasta tal
punto? Y, por si esto fuera poco a los ojos de mi Dueño y Señor, has hecho también a la casa de tu siervo una
promesa para el futuro. ¡Esta es la ley del hombre, Dueño mío y Señor mío! Constituiste a tu pueblo Israel
como pueblo tuyo para siempre, y tú, Señor, eres su Dios.

Ahora, pues, Señor Dios, confirma la palabra que has pronunciado acerca de tu siervo y de tu casa y cumple
tu promesa. Tu nombre sea ensalzado por siempre de este modo: “¡El Señor del universo es el Dios de Israel
y la casa de tu siervo David permanezca estable en tu presencia”. Pues tú, Señor del universo, Dios de Israel,
has manifestado a tu siervo: “Yo te construiré una casa”. Por eso, tu siervo ha tenido ánimo para dirigirte esta
oración. Tú, mi Dueño y Señor, eres Dios. tus palabras son verdad y has prometido a tu siervo este bien.

Dígnate, pues, bendecir la casa de tu siervo, para que permanezca para siempre ante ti. Pues tú, mi Dueño
y Señor, has hablado, sea bendita la casa de tu siervo para siempre».

Salmo: Sal 131, 1-2. 3-5. 11. 12. 13-14

R. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.

Señor, tenle en cuenta a David
todos sus afanes:
cómo juró al Señor
e hizo voto al Fuerte de Jacob. R.

«No entraré bajo el techo de mi casa,
no subiré al lecho de mi descanso,
no daré sueño a mis ojos, ni reposo a mis párpados,
hasta que encuentre un lugar para el Señor,
una morada para el Fuerte de Jacob». R.

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractara:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono». R.

«Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono». R.

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré, porque la deseo». R.

Aleluya Sal 118. 105

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mi sendero. R.

Evangelio: La lámpara se trae para ponerla en el candelero. La medida que uséis
la usarán con vosotros.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 21‐25

En aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:

«¿Se trae la lámpara para meterla debajo del celemín o debajo de la cama?, ¿no es para ponerla en
el candelero?

No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no haya nada oculto, sino para que salga a la luz.
El que tenga oídos para oír, que oiga».

Les dijo también:

«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que
tiene se le dará y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

1ª lectura: Suscitaré descendencia tuya después de ti y afirmaré su reino.

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4‐17

En aquellos días, vino esta palabra del Señor a Natán:

«Ve y habla a mi siervo David: “Así dice el Señor: ¿Tú me vas a construir una casa para morada mía?

Desde el día en que hice subir de Egipto a los hijos de Israel hasta hoy, yo no he habitado en casa alguna,
sino que he estado peregrinando de acá para allá, bajo una tienda como morada. Durante todo el tiempo que
he peregrinado con todos los hijos de Israel, ¿acaso me dirigí a alguno de los jueces a los que encargué pastorear
a mi pueblo Israel, diciéndoles: ‘Por qué no me construís una casa de cedro?’” Pues bien, di a mi siervo David:

“Así dice el Señor de universo. Yo te tomé del pastizal, de andar tras el rebaño, para que fueras jefe de mi
pueblo Israel.

He estado a tu lado por donde quiera que has ido, he suprimido a todos tus enemigos ante ti y te he hecho
tan famoso como los de la tierra.

Dispondré un lugar para mi pueblo Israel y lo plantaré para que resida en él sin que lo inquieten, ni le hagan
más daño los malvados, como antaño, cuando nombraba jueces sobre mi pueblo Israel.

A ti te he dado reposo de todos tus enemigos. Pues bien, el Señor te anuncia que te va a edificar una casa.

En efecto, cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo suscitaré descendencia tuya después
de ti. Al que salga de tus entrañas le afirmaré su reino.

Será él quien construya una casa a mi nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.

Yo seré para él padre y él será para mí un hijo. Si obra mal, yo lo castigaré con vara y con golpes de hombres.

Pero no apartaré de él mi benevolencia, como la aparté de Saúl, al que alejé de mi presencia. Tu casa y tu reino
se mantendrán siempre firmes ante mí, tu trono durará para siempre”».

Natán traslado a David estas palabras y la visión.

Salmo: Sal 88, 4-5. 27-28. 29-30

R. Le mantendré eternamente mi favor.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades. R.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora»;
y lo nombraré mi primogénito,
excelso entre los reyes de la tierra. R.

Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable;
le daré una prosperidad perpetua
y un trono duradero como el cielo. R.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

La semilla es la palabra de Dios, y el sembrador es Cristo;
todo el que lo encuentra vive para siempre. R.

Evangelio: Salió el sembrador a sembrar.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 4, 1‐20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al mar. Acudió un gentío tan enorme, que tuvo que
subirse a una barca y, ya en el mar, se sentó; y el gentío se quedó en tierra junto al mar.

Les enseñaba muchas cosas con parábolas y les decía instruyéndolos:

«Escuchad: salió el sembrador a sembrar; al sembrar, algo cayó al borde del camino, vinieron los pájaros y
se lo comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra; como la tierra no era profunda,
brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y, por falta de raíz, se secó. Otro parte cayó entre
abrojos; los abrojos crecieron, la ahogaron, y no dio grano. El resto cayó en tierra buena: nació, creció y dio
grano; y la cosecha fue del treinta o del sesenta o del ciento por uno». Y añadió:

«El que tenga oídos para oír, que oiga».

Cuando se quedó solo, los que lo rodeaban y los Doce le preguntaban el sentido de las parábolas.
Él les dijo:

«A vosotros se os han dado el misterio del reino de Dios; en cambio a los de fuera todo se les presenta en
parábolas, para que “por más que miren, no vean, por más que oigan, no entiendan, no sea que se conviertan
y sean perdonados”».

Y añadió:

«¿No entendéis esta parábola? ¿Pues, cómo vais a entender las demás? El sembrador siembra la palabra.

Hay unos que están al borde del camino donde se siembra la palabra; pero en cuanto la escuchan, viene Satanás
y se lleva la palabra sembrada en ellos. Hay otros que reciben la semilla como terreno pedregoso; son los que
al escuchar la palabra enseguida la acogen con alegría, pero no tienen raíces, son inconstantes y cuando viene
una dificultad o persecución por la palabra, en seguida sucumben. Hay otros que reciben la semilla entre
abrojos; estos son los que escuchan la palabra, pero los afanes de la vida, la seducción de las riquezas y el
deseo de todo lo demás los invaden, ahogan la palabra, y se queda estéril. Los otros son los que reciben la
semilla en tierra buena; escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha del treinta o del sesenta o del ciento
por uno».

El pasado miércoles 21 de Enero, se celebró en el Contingente español desplegado en Letonia, una Misa Funeral, en memoria de los fallecidos en el accidente ferroviario de Adamuz, oficiada por el Páter, Ismael Montero Hernández.

Con ayuda de los mandos del Contingente se organizó la celebración de este sencillo acto litúrgico con el que los militares españoles, desde allí , quisieron acompañar y mostrar sus condolencias a todos los familiares y amistades de las víctimas mortales y de los heridos que ha causado esta tragedia.

Lectura del primer libro de Samuel 6, 12b 15. 17‐19

En aquellos días, fue David y llevó el arca de Dios desde la casa de Obededón a la Ciudad de David,
haciendo fiesta.

Cuando los portadores del Arca del Señor avanzaban seis pasos, se sacrificaba un toro y un animal cebado.

David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas, ceñido de un efod de lino.

Él y toda la casa de Israel iban subiendo el Arca del Señor entre aclamaciones y al son de trompeta.

Trajeron el Arca del Señor y la instalaron en su lugar, en medio de la tienda que había desplegado David.

David ofreció ante el Señor holocaustos y sacrificios de comunión. Cuando acabó de ofrecerlos, bendijo al
pueblo en el nombre del Señor del universo. Repartió a todo el pueblo, a la muchedumbre de Israel, hombres
y mujeres, una torta de pan, un pastel de dátiles y un pastel de uvas pasas. Tras lo cual, todo el pueblo se fue,
cada uno a su casa.

Salmo: Sal 23, 7. 8. 9. 10

R. ¿Quién es ese Rey de la gloria? Es el Señor en persona.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. R.

¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor valeroso en la batalla. R.

¡Portones!, alzad los dinteles,
que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. R.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo,
él es el Rey de la gloria. R.

Aleluya Cf. Mt 11, 25

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del reino a los pequeños. R.

Evangelio: El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y
mi madre.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 3, 31‐35

En aquel tiempo, llegaron la madre de Jesús y sus hermanos y, desde fuera, lo mandaron llamar.

La gente que tenía sentada alrededor le dijo:

«Mira, tu madre y tus hermanos y tus hermanas están fuera y te buscan» Él les pregunta:

«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?»

Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:

«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y
mi madre».

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