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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy (cf. Mateo 4, 12-23) nos presenta el comienzo de la misión pública de Jesús. Esto ocurrió en Galilea, un área periférica con respecto a Jerusalén, y a la que se miraba con recelo por su mezcla con los paganos. Nada bueno ni nuevo se esperaba de esa región; en cambio, fue allí donde Jesús, que había crecido en Nazaret de Galilea, comenzó su predicación.

Proclama el núcleo de su enseñanza resumido en el llamamiento: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca» (v. 17). Esta proclamación es como un poderoso rayo de luz que atraviesa la oscuridad y penetra la niebla, y evoca la profecía de Isaías que se lee en la noche de Navidad: «El pueblo que andaba a oscuras vio una luz intensa. Sobre los que vivían en tierra de sombras brilló una luz» (9, 1). Con la venida de Jesús, luz del mundo, Dios Padre mostró a la humanidad su cercanía y amistad. Nos las dio libremente más allá de nuestros méritos. La cercanía y la amistad de Dios no son mérito nuestro: son un don gratuito de Dios. Debemos cuidar este don.

La llamada a la conversión, que Jesús dirige a todos los hombres de buena voluntad, se comprende plenamente a la luz del acontecimiento de la manifestación del Hijo de Dios, sobre el que hemos meditado los últimos domingos. Muchas veces es imposible cambiar de vida, abandonar el camino del egoísmo, del mal, abandonar el camino del pecado porque el compromiso de conversión se centra sólo en uno mismo y en las propias fuerzas, y no en Cristo y su Espíritu. Pero nuestra fidelidad al Señor no puede reducirse a un esfuerzo personal, no. Creer esto también sería un pecado de soberbia. Nuestra fidelidad al Señor no puede reducirse a un esfuerzo personal, sino que debe expresarse en una apertura confiada de corazón y mente para recibir la Buena Nueva de Jesús. ¡Es esto – la Palabra de Jesús, la Buena Nueva de Jesús, el Evangelio – lo que cambia el mundo y los corazones! Estamos llamados, por lo tanto, a confiar en la palabra de Cristo, a abrirnos a la misericordia del Padre y a dejarnos transformar por la gracia del Espíritu Santo.

Aquí es donde comienza el verdadero camino de la conversión. Justamente como sucedió con los primeros discípulos: el encuentro con el divino Maestro, con su mirada, con su palabra, les dio el impulso para seguirlo, para cambiar su vida concretamente sirviendo al Reino de Dios.

El encuentro sorprendente y decisivo con Jesús inició el camino de los discípulos, transformándolos en anunciadores y testigos del amor de Dios por su pueblo. Siguiendo el ejemplo de estos primeros anunciadores y mensajeros de la Palabra de Dios, que cada uno de nosotros pueda moverse sobre las huellas del Salvador, para ofrecer esperanza a los que tienen sed de ella.

Que la Virgen María, a quien nos dirigimos en esta oración del Ángelus, sostenga estas intenciones y las confirme con su intercesión materna.


Después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy celebramos por primera vez el domingo de la Palabra de Dios, establecido para celebrar y acoger cada vez mejor el don que Dios nos ha dado y da cada día de su Palabra a su Pueblo. Agradezco a las Diócesis, agradezco a las comunidades que han propuesto iniciativas para recordar la centralidad de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia.

Mañana se cumple el 75º aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Ante esta inmensa tragedia, esta atrocidad, no se puede aceptar la indiferencia y tenemos la obligación de recordar. Mañana todos estamos invitados a tener un momento de oración y de recogimiento, cada uno repitiendo en su corazón: ¡nunca más, nunca más!

Hoy se celebra el Día Mundial contra la Lepra. Estamos cerca de todas las personas que padecen esta enfermedad y de aquellos que cuidan de los enfermos de diferentes maneras.

También quiero estar cerca y rezar por las personas que están enfermas a causa del virus que se ha propagado en China. Que el Señor acoja a los muertos en su paz, reconforte a sus familias y apoye el gran compromiso de la comunidad china, que ya se ha puesto en marcha para combatir la epidemia.

Saludo a todos vosotros que habéis venido de Italia y de diferentes países, especialmente a los peregrinos de Valencia, Salamanca, Burgos, Santander y Valladolid; a los estudiantes y educadores de Murcia, Cuenca, Badajoz y a los de Panamá.

Saludo a los fieles de Tursi y al grupo UNITALSI de Lacio, que facilita la participación de los discapacitados en las audiencias generales y en el Ángelus, y que hoy distribuye el Misal con la Palabra de Dios de cada día.

Acaban de llegar los compañeros [dos chicos de Acción Católica de Roma junto al Papa]. Saludo con afecto a los chicos y chicas de Acción Católica, de las parroquias y escuelas católicas de la Diócesis de Roma. También este año, acompañados por el Obispo Auxiliar Mons. Selvadagi, vuestros padres y educadores y los sacerdotes asistentes, habéis venido en gran número para concluir la “Caravana de la Paz”. Os agradezco esta iniciativa. Y ahora escuchemos juntos el mensaje que vuestros amigos, aquí a mi lado, nos leerán.

Os deseo a todos un buen domingo. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Qué tengáis un buen almuerzo y hasta pronto!

La pandemia continúa provocando situaciones de necesidad en la sociedad.

Por este motivo Cáritas Parroquial Castrense de Valencia y Castellón ha vuelto a pedir mediante una campaña dirigida a los todas las personas, feligreses, voluntarios y colaboradores, una nueva muestra de solidaridad para poder apoyar a los más afectados por esta crisis social que está provocando la pandemia de la COVID-19.

En la Escuela de Guerra del Ejército y vía online

Robles: “Este año no lo olvidaremos nunca, se ha escrito una página de la historia de España con mucho dolor, y también con mucho orgullo”

Imposición de la Medalla Balmis a 24 militares y civiles de Defensa que participaron en la misión

La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha presidido esta mañana en la Escuela de Guerra un solemne acto de homenaje a las 27 víctimas del COVID-19 de las Fuerzas Armadas con motivo de la conmemoración del 1º aniversario de las operaciones militares de lucha contra la pandemia, entre las cuales recordamos a nuestro querido Arzobispo Castrense de España, D. Juan del Río Martín.  

La Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas acogió en la mañana de hoy la Santa Misa presidida por el Ordinario Castrense de España, D. Carlos Jesús Montes Herreros, en honor de San Hermenegildo, patrón de los veteranos militares y de la Guardia Civil.

Jesús resucitado se aparece a los discípulos varias veces. Consuela con paciencia sus corazones desanimados. De este modo realiza, después de su resurrección, la “resurrección de los discípulos”. Y ellos, reanimados por Jesús, cambian de vida. Antes, tantas palabras y tantos ejemplos del Señor no habían logrado transformarlos. Ahora, en Pascua, sucede algo nuevo. Y se lleva a cabo en el signo de la misericordia. Jesús los vuelve a levantar con la misericordia ―los vuelve a levantar con la misericordia― y ellos, misericordiados, se vuelven misericordiosos. Es muy difícil ser misericordioso si uno de se da cuenta de ser miseridocordiado.

1. Ante todo, son misericordiados por medio de tres dones: primero Jesús les ofrece la paz, después el Espíritu, y finalmente las llagas. En primer lugar, les da la paz. Los discípulos estaban angustiados. Se habían encerrado en casa por temor, por miedo a ser arrestados y correr la misma suerte del Maestro. Pero no sólo estaban encerrados en casa, también estaban encerrados en sus remordimientos. Habían abandonado y negado a Jesús. Se sentían incapaces, buenos para nada, inadecuados. Jesús llega y les repite dos veces: «¡La paz esté con ustedes!». No da una paz que quita los problemas del medio, sino una paz que infunde confianza dentro. No es una paz exterior, sino la paz del corazón. Dice: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes» (Jn 20,21). Es como si dijera: “Los mando porque creo en ustedes”. Aquellos discípulos desalentados son reconciliados consigo mismos. La paz de Jesús los hace pasar del remordimiento a la misión. En efecto, la paz de Jesús suscita la misión. No es tranquilidad, no es comodidad, es salir de sí mismo. La paz de Jesús libera de las cerrazones que paralizan, rompe las cadenas que aprisionan el corazón. Y los discípulos se sienten misericordiados: sienten que Dios no los condena, no los humilla, sino que cree en ellos. Sí, cree en nosotros más de lo que nosotros creemos en nosotros mismos. “Nos ama más de lo que nosotros mismos nos amamos” (cf. S. J.H. Newman, Meditaciones y devociones, III,12,2). Para Dios ninguno es un incompetente, ninguno es inútil, ninguno está excluido. Jesús hoy repite una vez más: “Paz a ti, que eres valioso a mis ojos. Paz a ti, que tienes una misión. Nadie puede realizarla en tu lugar. Eres insustituible. Y Yo creo en ti”.

En segundo lugar, Jesús misericordia a los discípulos dándoles el Espíritu Santo. Lo otorga para la remisión de los pecados (cf. vv. 22-23). Los discípulos eran culpables, habían huido abandonando al Maestro. Y el pecado atormenta, el mal tiene su precio. Siempre tenemos presente nuestro pecado, dice el Salmo (cf. 51,5). Solos no podemos borrarlo. Sólo Dios lo quita, sólo Él con su misericordia nos hace salir de nuestras miserias más profundas. Como aquellos discípulos, necesitamos dejarnos perdonar, decir desde lo profundo del corazón: “Perdón Señor”. Abrir el corazón para dejarse perdonar. El perdón en el Espíritu Santo es el don pascual para resurgir interiormente. Pidamos la gracia de acogerlo, de abrazar el Sacramento del perdón. Y de comprender que en el centro de la Confesión no estamos nosotros con nuestros pecados, sino Dios con su misericordia. No nos confesamos para hundirnos, sino para dejarnos levantar. Lo necesitamos mucho, todos. Lo necesitamos, así como los niños pequeños, todas las veces que caen, necesitan que el papá los vuelva a levantar. También nosotros caemos con frecuencia. Y la mano del Padre está lista para volver a ponernos en pie y hacer que sigamos adelante. Esta mano segura y confiable es la Confesión. Es el Sacramento que vuelve a levantarnos, que no nos deja tirados, llorando contra el duro suelo de nuestras caídas. Es el Sacramento de la resurrección, es misericordia pura. Y el que recibe las confesiones debe hacer sentir la dulzura de la misericordia. Este es el camino de los sacerdotes que reciben las confesiones de la gente: hacerles sentir la dulzura de la misericordia de Jesús que perdona todo. Dios perdona todo.

Después de la paz que rehabilita y el perdón que realza, el tercer don con el que Jesús misericordia a los discípulos es ofrecerles sus llagas. Esas llagas nos han curado (cf. 1 P 2,24; Is 53,5). Pero, ¿cómo puede curarnos una herida? Con la misericordia. En esas llagas, como Tomás, experimentamos que Dios nos ama hasta el extremo, que ha hecho suyas nuestras heridas, que ha cargado en su cuerpo nuestras fragilidades. Las llagas son canales abiertos entre Él y nosotros, que derraman misericordia sobre nuestras miserias. Las llagas son los caminos que Dios ha abierto completamente para que entremos en su ternura y experimentemos quién es Él, y no dudemos más de su misericordia. Adorando, besando sus llagas descubrimos que cada una de nuestras debilidades es acogida en su ternura. Esto sucede en cada Misa, donde Jesús nos ofrece su cuerpo llagado y resucitado; lo tocamos y Él toca nuestra vida. Y hace descender el Cielo en nosotros. El resplandor de sus llagas disipa la oscuridad que nosotros llevamos dentro. Y nosotros, como Tomás, encontramos a Dios, lo descubrimos íntimo y cercano, y conmovidos le decimos: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20,28). Y todo nace aquí, en la gracia de ser misericordiados. Aquí comienza el camino cristiano. En cambio, si nos apoyamos en nuestras capacidades, en la eficacia de nuestras estructuras y proyectos, no iremos lejos. Sólo si acogemos el amor de Dios podremos dar algo nuevo al mundo.

2. Así, misericordiados, los discípulos se volvieron misericordiosos. Lo vemos en la primera Lectura. Los Hechos de los Apóstoles relatan que «nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común» (4,32). No es comunismo, es cristianismo en estado puro. Y es mucho más sorprendente si pensamos que esos mismos discípulos poco tiempo antes habían discutido sobre recompensas y honores, sobre quién era el más grande entre ellos (cf. Mc 10,37; Lc 22,24). Ahora comparten todo, tienen «un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32). ¿Cómo cambiaron tanto? Vieron en los demás la misma misericordia que había transformado sus vidas. Descubrieron que tenían en común la misión, que tenían en común el perdón y el Cuerpo de Jesús; compartir los bienes terrenos resultó una consecuencia natural. El texto dice después que «no había ningún necesitado entre ellos» (v. 34). Sus temores se habían desvanecido tocando las llagas del Señor, ahora no tienen miedo de curar las llagas de los necesitados. Porque allí ven a Jesús. Porque allí está Jesús, en las llagas de los necesitados.

Hermana, hermano, ¿quieres una prueba de que Dios ha tocado tu vida? Comprueba si te inclinas ante las heridas de los demás. Hoy es el día para preguntarnos: “Yo, que tantas veces recibí la paz de Dios, que tantas veces recibí su perdón y su misericordia, ¿soy misericordioso con los demás? Yo, que tantas veces me he alimentado con el Cuerpo de Jesús, ¿qué hago para dar de comer al pobre?”. No permanezcamos indiferentes. No vivamos una fe a medias, que recibe pero no da, que acoge el don pero no se hace don. Hemos sido misericordiados, seamos misericordiosos. Porque si el amor termina en nosotros mismos, la fe se seca en un intimismo estéril. Sin los otros se vuelve desencarnada. Sin las obras de misericordia muere (cf. St 2,17). Hermanos, hermanas, dejémonos resucitar por la paz, el perdón y las llagas de Jesús misericordioso. Y pidamos la gracia de convertirnos en testigos de misericordia. Sólo así la fe estará viva. Y la vida será unificada. Sólo así anunciaremos el Evangelio de Dios, que es Evangelio de misericordia.

La campaña Alas de Solidaridad, organizada por el Mando Aéreo de Canarias, finalizó el pasado 7 de abril con la entrega de los alimentos donados a Cáritas Diocesana de Canarias, en sus instalaciones ubicadas en la Av. de Escaleritas, en Las Palmas de Gran Canaria.

La campaña se desarrolló entre todas las unidades del Ejército del Aire ubicadas en Gran Canaria, con el eslogan: “Tu colaboración por pequeña que la consideres hará grande esta campaña.”

​Los lazos de unión entre el personal de este Mando Aéreo y la sociedad Canaria quedo de manifiesto con el éxito de la campaña.

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Ayer Jueves Santo  presidió la celebración litúrgica D. Carlos Jesús Montes Herreros, titular de la jurisdicción castrense.

Condicionados por la situación de pandemia actual y siguiendo las medidas de prevención señaladas por las autoridades sanitarias se ha iniciado el Triduo Pascual en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas. D. Carlos Jesús inició su homilía agradeciendo a los alabarderos su presencia, facilitando a los asistentes la veneración a la imagen del Cristo de la Fe, titular de su Real Congregación y colaborando con el control en los accesos al templo, en uno de los días más grandes del año. 

El Ordinario Castrense señaló que en esta fiesta de la última cena se celebran tres acontecimientos de modo particular: la institución del sacerdocio, la institución de la Eucaristía, y el día del amor fraterno, por eso de modo especial acompañamos hoy a Nuestro Señor en el monumento, que no nos pueda decir Jesús como a sus discípulos, que no hemos sido capaces de acompañarlos una hora.

Por las limitaciones actuales no se ha podido hacer el lavatorio de los pies, signo en que Cristo muestra que vino a servir y no a ser servido, destacando la importancia de su humildad y entrega. Finalizada la liturgia eucarística se trasladó el santísimo sacramento al monumento para ser acompañado por las personas que lo deseen. Finalizando el día con la Hora Santa dirigida por los seminaristas castrenses.

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Jueves Santo

Hoy Jueves Santo se abre el Triduo Pascual, el periodo durante el cual se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, y constituye el momento central de la Semana Santa y del año litúrgico.

Hoy celebramos, la institución de la Eucaristía en la Última Cena, el lavatorio de los pies y la oración en el huerto de Getsemaní.

Según narran los Evangelios, en la Última Cena Jesús se reunió con los doce apóstoles para despedirse de ellos antes de su muerte, que él ya preveía. Además, durante esta cena les anunció que uno de ellos le traicionaría, dando a entender que era Judas Iscariote.

Sin embargo, el momento más trascendental de la Última Cena es en el que se instituye la Eucaristía, uno de los siete sacramentos.

Esta se produce cuando Jesús toma el pan, lo parte y lo reparte entre los comensales diciendo: "Tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros". A continuación toma un cáliz lleno de vino y dice: "Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados".

Y concluyó: "Haced esto en conmemoración mía". Esta última frase es la institución del Orden Sacerdotal, otro de los siete sacramentos.

EL LAVATORIO DE LOS PIES

El lavatorio de los pies tiene lugar durante la Última Cena. El episodio aparece narrado en el evangelio de San Juan (capítulo 13, versículos 1 al 15). En un momento de la Última Cena, Jesús se levantó de la mesa, se quitó los vestidos, se ciñó una toalla y echó agua en un lebrillo. Entonces se puso a lavar los pies de sus apóstoles.

El único de los doce que le cuestionó esta acción fue Pedro, quien le llegó a espetar: "No me lavarás los pies jamás", pues entendía esto como una humillación de su Señor hacia él, su discípulo. Jesús le respondió: "Si no te lavo no tienes parte conmigo". A lo que Pedro replicó: "Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza".

Jesús realizó esta acción como ejemplo de servicio y de humildad, ordenando que los lavados hicieran lo mismo que él había hecho con ellos.

LA ORACIÓN EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ

Terminada la Última Cena tuvo lugar otra de las escenas de este Jueves Santo recordadas por todos los cristiano. Jesús salió al huerto de Getsemaní para orar, pidiendo a sus apóstoles que le acompañaran en la oración. Sin embargo, todos cayeron dormidos más tarde o más temprano.

Es en esta oración agónica de Jesucristo cuando este llega a decir: "Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". También definió así sus sentimientos de angustia: "Siento una tristeza mortal".

Después de la oración, se produce el prendimiento de Jesús por parte de un grupo guiado por Judas Iscariote, que le había entregado por treinta monedas de plata.

El Jueves Santo recuerda y celebra, a través de los distintos actos y oficios religiosos, todos estos hechos y otros ocurridos en el día anterior a la muerte de Jesús.

 

El 28 de marzo de 2021, los cristianos hemos celebrado el Domingo de Ramos. Por segundo año consecutivo los fieles no hemos podido procesionar por las calles de nuestras ciudades con los ramos a causa de las restricciones causadas por esta terrible pandemia.  

Los efectos devastadores que, ya en marzo de 2020, se preveían que la pandemia iba a causar sobre la salud y la economía hicieron que el Arzobispo Castrense de España, D. Juan del Río (q.e.p.d.), fallecido a causa del coronavirus el pasado 28 de febrero, instara a Cáritas Castrense a las creación de un fondo de emergencia denominado “El Granero de José”  (puedes tener más información en el siguiente enlace https://www.caritas.es/castrense/campanas/fondo-de-emergencia-el-granero-de-jose-covid-19/ ).

Granero joseLa situación actual del Granero de José constata lo oportuna y necesaria que fue la medida y la necesidad de continuar con ella durante estos meses en los que la pandemia y sus efectos sobre la salud y la economía siguen ejerciendo su nefasta influencia sobre la sociedad.

Los conceptos por los que se aplican estas ayudas y la filosofía de creación del fondo sigue siendo cubrir, de una forma rápida y con las menores trabas burocráticas posibles las necesidades básicas de alimentación, higiene infantil, alquileres de domicilio, suministro y transporte de los más necesitados o desprotegidos.

Desde que se inició la recogida de donativos ya se han recaudado 88.664 euros, gracias a la generosidad de 502 donantes. De ellos han sido repartidos 47.819 euros auxiliando a 297 personas.

Las familias que se ayudan carecen de recursos económicos suficientes para cubrir sus necesidades básicas (comida, alojamiento vestuario, electricidad…) La mayoría de ellas tienen hijos menores a su cargo y los progenitores se encuentran, uno o ambos, en desempleo, situación de ERTE o con trabajo en precario. Se atienden también a familias de ex intérpretes afganos de las tropas españolas que se encuentran en estas situaciones, a antiguos legionarios en situación de exclusión social (situación de calle) y familias de internos en prisión militar en precariedad económica con menores a su cargo. En el mes de febrero se dio el primer caso de apoyo a una familia en el que fue necesario satisfacer necesidades sanitarias para material ortopédico, centro de día y gastos de desplazamientos para intervención quirúrgica.

Como se desprende de la experiencia, es muy previsible que la situación provocada por la pandemia del COVID 19 que padecemos se mantenga en el medio plazo y los casos que se nos presentan sigan manteniéndose e incluso aumentando en número y gravedad. 

CPC Zaragoza 4 600x450Necesitamos por ello, continuar sin pausa con la inestimable ayuda de los centenares de donantes que están sensibilizados con esta buena acción. Damos las gracias a todos ellos y a los voluntarios que están soportando el proyecto.

 

En el día de la Solemnidad de la Anunciación del Señor tuvo lugar una celebración eucarística en la que se bendijo y entronizó una nueva imagen de Nuestra Señora del Rosario, Patrona de la Unidad Militar de Emergencias. La talla fue entregada a la Base por la Fervorosa y Trinitaria Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado y Nuestra Señora del Rosario Doloroso.

Esta Hermandad tiene su origen en Septiembre de 1979, en la Parroquia de San Ignacio de Loyola teniendo como primer título el de Fervorosa Asociación de Fieles de María Santísima del Rosario y San Ignacio de Loyola. 

Con la llegada de la Orden Trinitaria a la Parroquia, en 1988, esta Asociación toma un nuevo rumbo y, a su vez, un gran auge que se plasma en el gran número de altas en su censo de hermanos.

En Marzo de 1989, se formó su primera Junta de Gestión.

Un año después, presentada la documentación correspondiente ante la Autoridad Eclesiástica, para la aprobación y transformación de la Asociación de Fieles en Agrupación Parroquial como paso previo para la constitución de la futura Hermandad, se concede el Decreto favorable del Vicario General del Arzobispado de Sevilla.

La Hermandad recibe el título de Trinitaria, por Decreto del Ministro General de la Orden Fray José Gamarra Mayor, de fecha 8 de Marzo de 1991, por su identificación y acogida al carisma y espíritu Trinitario. Siendo comunicado a la Autoridad Eclesiástica Hispalense, quien autoriza su inclusión en el título de la Hermandad.

El 28 Marzo de 1992, se bendice la Imagen Titular de Ntro. Padre Jesús Cautivo y Rescatado, obra de don Luis Álvarez Duarte; el acto es apradinado  por la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos.

Realiza su primera salida procesional el día 4 de abril por la calles de la feligresía

Después de quince años de existencia, se elaboran y exponen las primeras Reglas de la futura Hermandad a la consideración del Cabildo General Extraordinario de hermanos, quienes la votaron por unanimidad y fueron presentadas a la Autoridad Eclesiástica.

El 5 de Enero de 2005, el Cardenal-Arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo, firma el Decreto de erección Canónica como Hermandad Sacramental y de Penitencia.

El 15 de enero de 2007, el Pleno de Hermanos Mayores de la Sección de Penitencia del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla, aprueban por mayoría absoluta elevar petición a la Autoridad Eclesiástica para su incorporación a la nómina de Hermandades que realizan Estación de Penitencia a la Santa Iglesia Catedral de Sevilla en Semana Santa.

Posteriormente es remitido a la Hermandad el Decreto dictado por el Vicario General de la Diócesis mediante el cual se concede dispensa a favor de la Hermandad, sobre el cumplimiento del art. 53 de las actuales Normas Diocesanas, que fija en 57 el número de Cofradías que pueden hacer Estación de Penitencia a la Catedral de Sevilla en los días de Semana Santa.

El 3 de octubre de 2007, se celebra la Solemne Bendición de la nueva imagen de Nuestra Señora del Rosario, obra de don Luis Álvarez Duarte.Preside y Oficia, S.E.R. el Cardenal-Arzobispo de Sevilla, Fray Carlos Amigo Vallejo. Recayendo el madrinazgo en la Hermandad de la Esperanza Macarena que entrega un recuerdo para la Santísima Virgen del Rosario consistente en la Cruz de la Esperanza, réplica de la que María Santísima de la Esperanza Macarena porta en su corona.

El 8 de enero de 2008, el Hermano Mayor de la Hermandad, recibe la noticia del Presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías que ha comunicado en esa misma tarde a los Hermanos Mayores del Lunes Santo y a la Junta Superior del Consejo, la decisión adoptada como consecuencia de la confianza depositada por los responsables de esta jornada de la Semana Santa, para la inclusión en la Nómina del Lunes Santo de la Hermandad para este año.

La Hermandad realiza su primera Estación de Penitencia en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, el 17 de Marzo de 2008, Lunes Santo, siendo la primera en abrir los cortejos de la jornada.

Cinco años después el Secretario de la Hermandad de San Pablo tiene conocimiento del patronazgo de Nuestra Señora del Rosario sobre la Unidad Militar de Emergencias y lo pone en conocimiento del Hermano Mayor de la Hermandad, al objeto de solicitar su autorización para entablar un primer contacto con el Segundo Batallón de Intervención en Emergencias.Se llevó a cabo una primera reunión en la Base Aérea de Morón de la Frontera y en ella la Hermandad pudo comprobar que la idea que allí se planteó fue acogida con entusiasmo e interés y se les indicó que fuera solicitada por escrito. Una vez informado el Hermano Mayor, por el Secretario, de los resultados obtenidos, se presentó en Cabildo de Oficiales, y una vez estudiada y debatida la propuesta presentada por éste, se aprobó por unanimidad el solicitar de la UME el Hermanamiento.

El 21 Febrero de 2014, la Hermandad solicitó por escrito del Excmo. Sr. Teniente General de la UME, de acuerdo a lo aprobado en el Cabildo de Oficiales, el 10 de septiembre, el aceptamiento como Hermano honorífico de la Unidad Militar de Emergencias. Varios meses después se recibe la autorización del Cuartel General de la UME  para comenzar los trámites del Hermanamiento.

Con motivo del 7 de octubre de 2016, Festividad de la Virgen del Rosario, Patrona de la Unidad Militar de Emergencias y de la Hermandad de san Pablo se comunica al Hermano Mayor que por parte del Excmo. Sr. Tte. General Jefe de la UME, había sido aceptado el ofrecimiento de Hermanamiento de la Unidad Militar de Emergencias con la Hermandad de San Pablo.                 

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