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Dos Estrellas de Cuatro Puntas...

A la memoria del Excmo. y Rvdmo. Mons. Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España

Cuando me llegó la noticia del fallecimiento de Don Juan a través de un mensaje de whatsapp del Canciller Secretario General de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, el Padre Torres, cerré los ojos al tiempo que repetía lo que ha sido máxima de mi vida hasta ahora, y espero lo siga siendo: “La voluntad de Dios sea”. La hice mía cuando se la oí a mi abuela materna el entregarle mi mujer el ramo de novia, porque, a su edad, ya no fue a nuestra boda. Y esa ha sido la voluntad de Dios: llamar a la Gloria a Don Juan. El mensaje del Padre Torres era escueto: “Don Juan ha muerto”. No hacía falta más explicación de identidad alguna. Llevábamos unos días pendientes de su estado. Cuando me enteré del ingreso escribí a mi amigo José Fernández Macías, Páter de la Base Aérea de Talavera la Real y Ala 23: “Querido Pepe, buenas noches. Cuenta con mis oraciones para pedir por una buena evolución de Don Juan del Río. Espero que estés bien. Un abrazo fuerte. Felipe Albarrán”.

Imagen1Don Juan era Don Juan. Ha habido otro Don Juan en mi vida, pero éste hace ya pronto treinta años que marchó a la Casa del Padre. Nunca lo he olvidado, como creo que me costará trabajo olvidar a Don Juan del Río. Es más, no quiero olvidarlo. Lo voy a tener presente en mis jaculatorias nocturnas, antes de entregarme al sueño, y uniré su nombre al de Don Santiago García Aracil, quien fuera mi Arzobispo. Hoy lo es otro, pero Don Santiago lo seguirá siendo, y Don Juan también. Me siento parte de la milicia.

He dicho que cerré los ojos al recibir el mensaje: “Don Juan ha muerto”. Me imaginé entonces el revuelo en la corte de “Ángeles Soldados” que sirven en el Cielo. Y hubo dos, porque uno solo no puede, que se encargaron de poner dos estrellas en la bóveda de la Casa del Padre. Dos estrellas de cuatro puntas. Dos estrellas que lucen con luz propia, y que brillan sobremanera en el firmamento. Quizá los dos no pudieron, y hubo de llamarse a un pelotón para que ayudara a ello. Normal, si las estrellas eran reflejo de la personalidad de quien estaba a punto de pasar revista a la tropa celestial.

Porque imagino que Don Juan habrá sido recibido en el Cielo al son de la Marcha de Infantes, que por algo tenía tratamiento de General de División. Y, tras ello, recibidas las novedades por parte del más antiguo de la formación de mayor grado, habrá pasado revista a cuantos le esperaban en la Casa de Todos, que así es también la Casa del Padre. Habrá podido ver y sonreír, al pasar frente a ellos, a cuantos miembros de las Fuerzas Armadas le han “precedido en el signo de la Fe y durmieron antes que él el sueño de la Paz”. Y, tras pasar revista, los habrá llamado a todos a su alrededor, y habrá comentado con cada uno qué tal se encontraban allí, en la morada deseada y ansiada, en su día, eso sí, por todos los que sabemos apreciar el relucir de las estrellas que los Ángeles, por orden de Dios, encienden cada día en la bóveda celestial. Y cuando alguno le preguntó que por qué había sido llamado ya, que los designios de la Providencia son inescrutables, cuando aún tenía años de fuelle vital por delante, con la sonrisa que lo caracterizaba, con esa tranquilidad tan suya, aprendida de tantos años de valioso sacerdocio, no se recató en la respuesta: “Quizá Dios, nuestro Capitán General, necesita un Castrense más en el Cielo”. Y quienes rodeaban a Don Juan rieron, apreciando la sencillez humana y profundidad espiritual de un hombre nacido en una tierra donde abunda la gente sencilla pero de peso moral.

Hablé con Don Juan la última vez en mayo del 2019, hace casi dos años. Fue en el último acto de investidura de Caballeros y Damas de la Sacra y Militar Orden Constantiniana de San Jorge. Un año antes había presidido la celebración litúrgica en la que fui investido Caballero de Iure Sanguinis. Era Capellán Gran Cruz de Justicia de la Constantiniana. Conocí a Don Juan hace ya bastantes años, al poco de ser nombrado yo Jefe de Protocolo de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz, en 2007, con motivo de una visita que hizo a Don Santiago en Palacio, pues vino a Badajoz a ver a sus diocesanos de la Castrense. Después, varias veces más, pues no faltó a las celebraciones episcopales a las que fue invitado, la última el 15 de abril de 2019, martes Santo, asistiendo a la Misa Crismal en la que se homenajeó a Don Antonio Montero, Arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, con motivo del quincuagésimo aniversario de su ordenación episcopal.

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Don Juan se encontraba entre sus diocesanos como pez en el agua. Así lo viví en las Confirmaciones que llevó a cabo en la iglesia de La Concepción de Badajoz, el 31 de mayo del 2017, fecha a la que corresponde una de las fotografías adjuntas. Lo saludé y me atendió con cercanía y afecto singular. Ya estaba yo tramitando mi ingreso en la Constantiniana y se alegró mucho de ello. Volvió a impresionarme su sencillez, tanto durante la celebración en sí como en el acto que se celebró después en el Palacio de la antigua Capitanía de Badajoz.

He tenido la suerte de seguir algunas de sus celebraciones, y leer sus prédicas de otras. Creo que ha sido un buen sacerdote, un mejor obispo. Creo que ha sido, por lo que sé, un sin par Castrense, sin desmerecer a los que le precedieron en el cargo. Don Juan pasa a formar parte de esa lista de “mejores” que Dios se lleva para sí. Necesitaba un Castrense en edad de ejercer todavía, que el ejército celestial precisaba de un Pastor en edad de guiar a la milicia a la que el Supremo ha sido haciendo suya, llevándosela de aquí. Él sabrá; nosotros a aceptar su voluntad, aunque a veces nos resulte difícil, humanamente hablando, comprenderla. Aunque la voluntad de Dios no es para tratar de comprenderla, no, sino para acatarla. Somos creaturas suyas, y, por ello, sometidos a sus designios.

Suena en el Cielo la Marcha de Infantes… Dos estrellas de cuatro puntas lucen como ninguna otra… Y retumba una voz que dice: “A la orden de Vuecencia, mi General… La tropa está lista para ser revistada”. Y Don Juan baja de la tarima desde la que recibe novedades y pasa por delante de sus feligreses impartiendo su Bendición. Siento, de verdad, que yo también la he recibido.

Muchas gracias, Don Juan. Hasta siempre. Permítame, mi General, que este humilde Soldado de España se despida de Su Excelencia Reverendísima y le dé su abrazo de esta forma.

 

Badajoz, domingo, 31 de enero del 2021
Festividad de San Juan Bosco,
Patrón del Cuerpo de Especialistas del Ejército de Tierra.

Felipe Benicio Albarrán Vargas-Zúñiga
Caballero de Iure Sanguinis de la Sacra y Militar Orden
Constantiniana de San Jorge. exJefe de Protocolo de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Medalla de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz.
Diploma Plus Ultra de la Brigada Extremadura XI.

 

Homilía en el Funeral de Mons. Juan del Rio

El pasado 30 de enero se celebró el funeral de Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, el funeral se celebró “en la intimidad”, con sus familiares y una representación de los obispos, del clero castrense y de los fieles de su arzobispado, oficiado por el presidente de la CEE, cardenal Omella y acompañado por los también cardenales Osoro, Cañizares y Blázquez, asi como el Nuncio Auza y un grupo representativo de prelados españoles, entre ellos los obispos de Ávila, Toledo, Astorga.

Antes de iniciar la eucaristía, se colocó sobre su féretro el báculo y la mitra del difunto obispo, asi como su casulla y el Evangeliario.

Destacamos algunas de las palabras pronunciadas por el Cardenal Juna José Omella:

"Este virus no perdona ni hace diferencia entre personas, condición social, religión, culturas, razas. Este virus nos ha unidos a todos en la fragilidad, nos ha recordado a todos nuestra condición vulnerable"

"Dejamos en tus manos a sus familiares, amigos y compañeros, a sus amados sacerdotes, a las Fuerzas Armadas, que lo tenían como un padre o un hermano mayor"

"Trabajó en esa hermosa labor humanitaria de poner paz y solidaridad en todos los lugares del mundo y de la sociedad"

 

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A continuación la Homilia pronunciada por El Cardenal Juan José Omella Omella, Arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española, en el funeral del Arzobispo Castrense de España, fallecido el pasado dia 28 de enero por coronavirus. D.E.P.

"Queridos hermanos y hermanas, todos habíamos intensificado la oración cuando tuvimos noticia de que nuestro hermano y amigo obispo Don Juan del Río, estaba enfermo. No ha sido la voluntad del Señor dejarlo un tiempo más con nosotros.

Este virus no perdona, no hace diferencias entre personas, condición social, religión, culturas, razas, etc. Este virus nos ha unido a todos en la fragilidad, nos ha recordado a todos nuestra condición vulnerable.

Queridos hermanos, la muerte es un misterio. Ante ella siempre nos hacemos preguntas como estas: ¿Por qué tenemos que morir? ¿Por qué ahora? ¿Por qué tan pronto? A esas preguntas el Señor siempre responde diciendo: Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre (Jn 11,25- 26).

Hoy, como pueblo de Dios que peregrina en España, en esta celebración de la Eucaristía por el eterno descanso de nuestro hermano Mons. Juan del Río, proclamamos con fe que Cristo ha vencido a la muerte, que el Resucitado vive y está en medio de nosotros, que en Él viven también, misteriosamente pero realmente, nuestros difuntos, y que en Él viviremos para siempre. Decimos con fe viva: Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor, Jesús (dela Plegaria Eucarística).

Pero en estos momentos es bueno también recordar las preciosa Palabra de Dios recogida en el libro del profeta Isaias: "No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio -oráculo del Señor-, tu Redentor es el Santo de Israel... Los pobres y los indigentes buscan agua, pero no la encuentran.... Yo, Yahvé, los escucho... Haré brotar ríos en cumbres peladas y vertientes en medio de los valles. Convertiré el desierto en lagunas y la tierra seca en manantiales. (Isaías 41:14.17.18).

Son palabras que consuelan y que nos resitúan allí donde debemos estar, en las manos de Dios. No somos dueños de casi nada, ni de la vida ni de la muerte, ni de la pastoral, ni de la labor evangelizadora. Todo está en manos del Señor y Él sabe sacar fuerza de la debilidad. Sólo nos pide que sepamos confiar en Él, abandonamos a sus manos amorosas de Padre. Por eso decimos al Señor:

«Señor, dejamos en tus manos de Padre a nuestro hermano

Juan del Río. Dale el descanso y la paz. Perdónale todos los pecados que por fragilidad haya podido cometer. Tú eres misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia. Y dejamos en tus manos a sus familiares, amigos y compañeros, a todos sus amados sacerdotes de la archidiócesis castrense de España, a tantos miembros de las Fuerzas armadas y de los Cuerpos de seguridad del Estado que lo tenían como un padre o como un hermano mayor.

Dales a todos ellos tu consuelo y tu paz. Que puedan experimentar lo que nos dices en el Evangelio: 'Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera'. Y te pedimos también por la archidiócesis castrense de España, por esta Iglesia que peregrina en medio de las tormentas, del sufrimiento, de la enfermedad, de la crisis económica, de la escasez de clero, de la fragilidad y de la pobreza. Que experimente también esa paz que tú les diste a los apóstoles, cuando se vieron zarandeados por las olas en medio del lago de Galilea. Tú les dijiste: 'Hombres de poca fe, ¿por qué dudáis? ' Danos la fe y la confianza en ti, que eres quien lleva y conduce la Iglesia a buen puerto».

Mons. Juan del Río había elegido como lema episcopal unas palabras del profeta Isaías: "Opus justitiae pax" ("La obra de la justicia será la paz") (Is 32,17). Él trabajó codo a codo con las Fuerzas armadas y de los Cuerpos de seguridad del Estado en esa hermosa labor humanitaria de poner paz y solidaridad en todos los lugares del mundo y de la sociedad. Y estaba contento y orgulloso de ver que las Fuerzas armadas y de los Cuerpos de seguridad del Estado colaboran tanto en ayudar a vencer la pandemia y a paliar sufrimientos a través de la Cáritas Castrense que creó en sus años de pastoreo en este Arzobispado.

Ponemos junto al Cristo Resucitado el cuerpo de Mons. Juan del Rio, nuestro hermano querido, y le pedimos que le dé la vida definitiva y le conceda gozar eternamente en su Reino.

Y le pedimos, también, que os conceda la paz, la esperanza y el consuelo a vosotros: sus familiares y amigos, a la familia Real, a todos los miembros de las Fuerzas armadas y de los Cuerpos de seguridad del Estado. Que el Señor os recompense por todo el cariño con el que habéis acompañado a vuestro arzobispo en la salud y en la enfermedad. Gracias por vuestro testimonio y vuestra generosa entrega.

Creemos que el Redentor vive, y que hemos de resucitar del polvo de la historia, y que nuestros propios ojos le contemplarán. Éste es nuestro consuelo. Ésta es nuestra firme esperanza. Éste es el misterio luminoso, el perfume intenso, la santa sábana en la que envolvemos los restos mortales de este pastor de la Iglesia, humilde trabajador en la viña del Señor.

Y quiero acabar con unas palabras muy hermosas de San Juan de Ávila, de quien era gran devoto Mons. Juan del Río por haberlo estudiado tanto a lo largo de su vida; palabras que podemos hacer nuestras, y que nos dicen lo que ha querido ser la vida de nuestro hermano y ojalá que nos sirvan de guía para nuestras propias vidas:

«Tú, Señor, lo sabes. No me turbaron las palabras de los que de mí murmuraban, de los que mal sentían y decían de mí y de los que me contradecían, porque yo te seguía a Ti, Pastor bueno, Pastor amoroso. Después que te seguí no deseé cosas de este mundo; no busqué favores de hombres ni riquezas que los hombres suelen desear, ni otra cosa que, según hombre, pudiera procurarme y desear. Tú, Señor, lo sabes que digo verdad, cuán de buena gana dejé todo lo que tenía y todo lo que pudiera tener por seguirte a ti, Señor mío, Pastor mío, Bien mío».

Descanse en paz."

 

+ Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona
Presidente de la Conferencia Episcopal Española

 

Los Últimos Salmos del Arzobispo Castrense

En numerosas ocasiones el Arzobispo Castrense, Mons. D. Juan del Río Martín visitó el Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla”, las más de las veces motivado por su afán pastoral: para visitar a los enfermos, para presidir la Eucaristía en las Jornadas de la Pastoral de la Salud, en funerales, o para la celebración de la Patrona de la Sanidad Militar, “Nuestra Señora del Perpetuo Socorro”, etc., fueron tantas que yo le decía que aunque un servidor fuera el Jefe del Servicio Religioso, él era el primer Capellán del Hospital.

FOTO PARA LOS ÚLTIMOS SALMOS DEL ARZOBISPO CASTRENSETambién lo hacía para controles médicos, pues este era su centro de referencia, donde siempre se lo trató con deferencia, profesionalidad y mucho cariño, empezando por el General Director, además contaba allí con su médico particular, una internista encantadora. Recuerdo con una sonrisa cuando el prelado acudió porque se preparaba para ir a una misión a Afganistán, ya con los 70 años cumplidos, y el médico que le atendió le dijo muy serio que tuviera en cuenta que tenía una insuficiencia mitral notable y D. Juan, con el gracejo andaluz que le caracterizaba, espetó: “Ezo es imposible, tengo dos mitras”.

Hace dos semanas acudió a urgencias con su hermana María Antonia, en circunstancias harto diferentes, con síntomas de infección por Covid-19. El examen meticuloso que les hicieron confirmó lo que esperaban, también les hicieron pruebas de plaquetas por ver si pudieran haber otras complicaciones, como neumonía, y asimismo fueron sometidos a una serología completa: el positivo por Covid era cierto pero las otras pruebas fueron negativas.

D. Juan siempre se ha mostrado reacio a ser internado en el hospital, celoso por su apretada agenda, mas encarecidamente le rogaron que por lo menos deberían guardar en Palacio la cuarentena. Don Juan, no obstante, protestó alegando citas ineludibles, y ante mi insistencia, no se me olvida, me dijo: “Julián, es que vas a marcarme tú mi agenda”. Sin embargo, cuando insistimos del peligro no solamente para ellos sino para los demás, se avino sin reservas. María Antonia y él empezaron la cuarentena en casa con todas las medidas adecuadas y estrictas para pasar el confinamiento.

Después de haber estado en cuarentena domiciliaria, la semana pasada volvieron al hospital pues no se encontraban bien. Enseguida se les practicó a los dos todo lo establecido por el protocolo. A las pocas horas al Arzobispo le ingresaron en la Unidad de Cuidados Intensivos por neumonía producida por el Covid-19; por su parte, la hermana fue llevada a una planta de las destinadas a enfermos de Covid y allí sigue evolucionando favorablemente, con una entereza, valentía y simpatía proverbiales.

No es mi cometido pormenorizar la evolución médica ni los tratamientos escrupulosos y especialísimos a los que fue sometido D. Juan, sino el “tratamiento espiritual” que le dedicamos, reflejo de su estimulante vida de fe y religiosidad, me basta decir sobre aquellos, y ello me consuela, que el trato médico fue impecable por parte de todo el personal del hospital y particularmente del personal de la U.C.I.: puntualmente el médico responsable informaba al Vicario General, D. Carlos Jesús, del estado de salud y de las pruebas que, con rigor y precisión médica, se le iban realizando. El Vicario obsequiosamente, vertía la información a quienes se lo solicitaban, con cariño y buen hacer, sin dejar que las maneras educadas, de quien era su más estrecho colaborador, translucieran para los demás el desasosiego que le causaba el profundo pesar, por las vicisitudes del prelado. D. Carlos nos llamaba continuamente. Me venían muy bien otras comunicaciones mantenidas con el Vicario Episcopal para la Defensa, D. Javier, tanto por corresponder a la pleitesía debida por jurisdicción inmediata a la par que por amistad.

Mi compañero, el P. Eugenio, ataviado con el correspondiente equipo, le administró el sacramento de la Unción de los Enfermos, la Absolución general y la Recomendación del alma; por consejo del Canciller depositamos en su mesilla una estampa, con imagen y oración, del Siervo de Dios, el P. Fernando Huidobro S.J., Capellán que fuera de la Legión, pues D. Juan era muy devoto suyo y promotor de su Causa; junto a esa estampa, adjuntamos otra de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro y el Diurnal para el seguimiento de la Liturgia de las Horas que fervorosamente nos había pedido.

Antes de estas disposiciones, el Arzobispo compartió su estado de ánimo, encontrándose preparado para afrontar todo lo que la providencia le tuviera reservado, “si el Señor quisiera llevarme, bendito sea el Señor, si el Señor me quisiera ahorrar el trance, bendito sea también, que continuaría trabajando para su Reino”.

Poco tiempo transcurrió para que su estado general fuera deteriorándose: la neumonía provocada por el pernicioso virus, complicada con fallos renales, insuficiencia pulmonar y afecciones cardíacas iban paulatinamente dibujando un cuadro luctuoso hasta que la sedación se impuso y, desgraciadamente, lo acompañaría hasta el final. Con lágrimas evocaba cuánto nos animaba en los primeros meses de la pandemia y cómo me aseguraba que estaba presto para enviarme la ayuda necesaria o incluso participar activa y presencialmente con nosotros en la capellanía hospitalaria. Ahora estaba con nosotros presencialmente, pero como enfermo y enfermo de gravedad.

Como se encontraba bajo los efectos de la sedación no podía naturalmente rezar la Liturgia de las Horas, pero mi compañero no quiso privarlo de ese deseo. De este modo, Eugenio y luego yo, rezábamos el Breviario no por él sino con él.

Consciente de que el oído es lo último que pierde el paciente en sedación, desde la puerta del Box 53, donde estaba nuestro pastor, me sigo viendo a mí mismo declamando en alta voz los Laudes, la Hora Intermedia y las Vísperas. No sé qué pensarían los trabajadores de la UCI cuando miraban a los capellanes con el alzacuellos, la bata blanca y el dispositivo de móvil acondicionado para el rezo de las Horas, pero a los pocos días, primero su médico, la doctora González, luego, algún que otro miembro de ese esforzado grupo fueron arrimándose a hacerlo con nosotros.

Entre Oficio y Oficio, intercalaba conversaciones con D. Juan con voz más queda, animándolo en esa postración, confortándolo con palabras sinceras acerca de las bondades de la muerte cristiana, bondades en las que creo decididamente y, agradeciendo su labor al frente de la Iglesia y de esta, su parcela y la nuestra, de la Iglesia castrense.

Ayer jueves, 28 de enero, haciendo la Memoria de Santo Tomás de Aquino, mientras rezaba Laudes con D. Juan, el médico responsable de la unidad, con amabilidad pero con decisión, me informó que el Sr. Arzobispo no acabaría la mañana con vida y efectivamente fue lo que sucedió. No había transcurrido una semana de su ingreso en el hospital. La lectura que interrumpió el galeno, del capítulo 40 del profeta Isaías comenzaba así:

“Mirad, el Señor Dios llega con poder,

y su brazo manda.

Mirad, viene con él su salario,

y su recompensa lo precede”

…

Nuestro Arzobispo solía encargarme, de modo particular cuando venía al Hospital, que escribiera algún artículo, ahora tampoco quiero defraudarlo como si me lo encargara desde el cielo y así lo estoy haciendo, justo lo hago el día siguiente de su fallecimiento terrenal, porque aunque me encuentro muy cansado, zarandeado por el sueño, todavía de guardia en el Hospital, con sentimientos encontrados entre la pena y la alegría de la esperanza cristiana …, se lo debo. Se lo debo a D. Juan del Río Martín, por su testimonio en la vida y en la muerte, por el privilegio de haberlo podido asistir en sus últimos días … y por haber sido mi Pastor, hermano y amigo, encomendándole que cuando esté junto al Padre, desde la mediación infinita de Jesucristo, interceda por nosotros.

En el H.C.D. “Gómez Ulla”, 29-I-2021
Julián Esteban Serrano
Delegado Castrense de Pastoral Sanitaria

El Arzobispado Castrense ante la irreparable pérdida de D. Juan del Río Martín tiene previsto la organización de la Sagrada Eucaristía para rezar por su eterno descanso en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas (C/ Sacramento, 11 de Madrid).

Dadas las circunstancias actuales, marcadas por la pandemia y por las restricciones emitidas por las autoridades sanitarias se establecen los siguientes horarios de misas para que todos los componentes de las Fuerzas Armadas, Cuerpos de Seguridad y Ministerio de Defensa puedan rezar por el eterno descanso de Monseñor Juan del Río. Los funerales serán presididos por los Jefes de los Servicios Religiosos de cada uno de los ejércitos o cuerpo de seguridad y estarán dirigidos prioritariamente al personal de la institución indicada.

Viernes día 29

         18.00 h.     componentes del Cuerpo de Policía Nacional

         19.00 h.     componentes de la Guardia Civil

         20.00 h.     componentes del Ejército del Aire

Sábado día 30

         09.00 h.     componentes de la Armada

         10.00 h.     componentes del Ejército de Tierra

         11.00 h.     componentes del Órgano Central y organismos periféricos del Ministerio de Defensa

La Misa funeral y posterior entierro tendrán lugar el sábado día 30 a las 12.00 h. que se celebrarán en la intimidad familiar, episcopal e institucional.

Todas las misas seran emitidas en directo a traves del canel de YuTube de este Arzobispado Castrense.
Puede seguirlo
AQUI

La capilla ardiente con el féretro de D. Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, se ha instalado en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas en la Calle Sacramento, 11 de Madrid.

La capilla ardiente estará abierta para todos aquellos que quieran presentar sus respetos a Monseñor Juan del Río y orar por su eterno descanso desde las 09.00 horas hasta las 21.00 horas. El aforo será conforme a lo determinado en las normas emitidas por las autoridades sanitarias.

D. Juan del Río Martín, falleció a causa del COVID-19 en la mañana de ayer en el Hospital Central de la Defensa donde estaba ingresado desde hace unos días.

Posteriormente se comunicarán los horarios de las misas y del funeral que serán, D.m., mañana sábado 30 de enero.

La capilla ardiente con el féretro de D. Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, se instalará en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas en la Calle Sacramento, 11 de Madrid.

La capilla ardiente estará abierta para todos aquellos que quieran presentar sus respetos a Monseñor Juan del Río y orar por su eterno descanso desde las 09.00 horas hasta las 21.00 horas. El aforo será conforme a lo determinado en las normas emitidas por las autoridades sanitarias.

D. Juan del Río Martín, falleció a causa del COVID-19 en la mañana de hoy en el Hospital Central de la Defensa donde estaba ingresado desde hace unos días.

Mañana se comunicarán los horarios de las misas y del funeral que será D.m. el sábado 30 de enero.

Monseñor Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, presidente de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales y presidente y fundador de Cáritas Castrense,  ha fallecido esta mañana, sobre las 11 horas en el Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla” como consecuencia de las afecciones provocadas por el coronavirus COVID-19.

foto oficialD. Juan del Río Martín ingresó en el Hospital el pasado jueves y desde entonces su estado se ha agravado hasta el fatal desenlace producido en el día de hoy. Los desvelos y profesionalidad del personal sanitario no han conseguido evitar el fallecimiento del prelado.

Los capellanes castrenses, los equipos de gobierno del Arzobispado y del Seminario “San juan Pablo II”, los seminaristas y el personal de la Curia se unen a la familia en estos momentos de dolor y elevan sus oraciones por el eterno descanso de quien fue su pastor.

D. Juan del Río Martín nació en Ayamonte (Huelva), el 14 de octubre de 1947. Estudió Bachillerato en el Instituto Laboral de su ciudad natal, y Filosofía y Teología en el Seminario Metropolitano y Centro de Estudios Teológicos de Sevilla (1973). Graduado Social por la Universidad de Granada (1975(, es Bachiller, Licenciado y Doctor en Teología por la Universidad Gregoriana de Roma 1979-1984).

Ordenado sacerdote el 2 de febrero de 1974 en Pilas (Sevilla), ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos.

Formador y profesor del Seminario Menor de Pilas (1974-79). Párroco de Sta. María la Mayor de Pilas (1976-79). Vicerrector del Seminario Mayor Metropolitano de Sevilla (1984-87). Profesor de Teología del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla y Director Espiritual de la Hermandad de los Estudiantes (1984-2000). Profesor de Religión en el Instituto de Bachillerato "Ramón Carande" de Sevilla (1984-87). Párroco de Nuestra Señora de Valme y Beato Marcelo Spínola de Dos Hermanas (1987). Delegado Diocesano de Pastoral Universitaria (1987-2000). Director del Servicio de Asistencia Religiosa de la Universidad de Sevilla, y Director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (1988-2000). Profesor del Instituto de Liturgia "San Isidoro" de Sevilla (1993-2000). Profesor de Teología de la Universidad de Sevilla (1994-2000). Secretario del Consejo Presbiteral de la Diócesis de Sevilla (1995-2000).

Nombrado Obispo de Asidonia-Jerez el 29 de junio de 2000, fue ordenado en la Catedral de Jerez de la Frontera el 23 de septiembre. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares.

ACTIVIDADES DESTACADAS:

  • Presidente de la Comisión de Comunicación Social de la CEE.
  • Delegado Permanente de los Obispos andaluces ante RTVA 1990-2000
  • Miembro de la Comisión Mixta Iglesia-Junta Andalucía RTVA 1990-2000
  • Coordinador del Foro de Profesores Universitarios "Humanismo y Ciencia" 1990-2000
  • Director Adjunto Pabellón Santa Sede Exposición Universal Sevilla 1990-93
  • Postulador Diocesano Causa Beatificación de la Madre Celia Méndez 1992-95
  • Miembro del Consejo Presbiteral de la Diócesis de Sevilla 1995-2000
  • Miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis de Sevilla 1995-2000
  • Miembro del Consejo de Redacción de la revista Isidorianum 1995-2000
  • Director Oficina Prensa I Congreso Andaluz para la Educación Católica 1996
  • Coordinador Simposio Cons. Pontificio Cultura en la Univ. de Sevilla 1998
  • Director Oficina Prensa Congr. Diocesano Caridad y Pobreza 1998
  • Director Oficina Prensa Asamblea Diocesana Hdades. y Cofradías 1997-98
  • Director Oficina Prensa I Congr. Internacional Hdades y Religios. Popular 1999
  • Miembro Comité Organ. Simposio Form. Perm. Clero, Seminario Sevilla 1999
  • Consultor de la Comisión de Medios Comunicación de Conf. Episc. 1999-2000
  • Comisión Asesora Pro-Doctorado San Juan Ávila 1999-
  • Miembro Comisión Episcopal Medios Comunicación de Conf. Episc. 2000-2005
  • Obispo Delegado Pastoral Social y Past. Salud de Obispos Sur 2001-2005
  • Obispo Delegado Medios Comunicación y Nuevas Tecnologías Obs. Sur 2005-2008
  • Presidente Com. Episc. Medios Comunicación Social Conf. Episc. 2005-2009
  • Miembro del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal (2009-2017)
  • Miembro del Consejo de Economía de la Conferencia Episcopal Española (2017-2020)
  • Obispo responsable del Secretariado para el Sostenimiento de la Iglesia (2017-2020)
  • Presidente de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (2020)

OTROS DATOS DE INTERÉS:

  • Antiguo Alumno del Pontificio Colegio Español de San José (Roma) y del Instituto de Estudios Históricos Españoles de la Iglesia Nacional Española Santiago y Montserrat (Roma).
  • Defendió su tesis sobre la eclesiología en el pensamiento reformador de San Juan de Ávila por la Universidad Gregoriana.
  • Visitas a universidades españolas y extranjeras en relación al diálogo fe-cultura.
  • Colaborador de las revistas Pastoral Litúrgica, Anaquel, Isidorianum, Boletín del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla y de los programas confesionales en RTVA, RNE y COPE. Numerosas conferencias sobre temas teológicos, filosóficos, relaciones fe-cultura, religiosidad popular, Iglesia-Medios Comunicación Social.
  • Miembro de la Real Academia San Dionisio de Ciencias, Artes y Letras de Jerez.

Además, es autor de infinidad de obras y artículos.

 

Estado de salud de D. Juan del Río

Monseñor Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de España, ingresado en el Hospital Central de la Defensa “Gómez Ulla”, a causa del COVID-19 se mantiene estable en la gravedad.

La solemne sesión de apertura del proceso de Beatificación y Canonización del Padre Fernando Huidobro, convocada por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Carlos Osoro, del Arzobispo Castrense, Monseñor Juan del Río y el provincial de la Compañía de Jesús, Antonio José España tuvo lugar en la tarde del viernes en la parroquia de San Francisco de Borja de Madrid.

A la sesión asistieron, entre otras autoridades, el Jefe de la Brigada “Rey Alfonso XIII” II de La Legión, general de brigada Marcos Llago, el jefe del Tercio “Duque de Alba” II de La Legión, coronel Zacarías Hernández y el jefe de la Bandera “Cristo de Lepanto” IV de La Legión, Luis Carmona.

La ceremonia comenzó con un canto seguido por unas palabras del Provincial de los jesuitas, Antonio Jesús España, que presentó la Causa. Después intervino el Arzobispo Castrense, D. Juan del Río Martín dando paso las lecturas del Libello de demanda por el Vicepostulador y del Nihil Obstat de la Congregación de La Causa de los Santos por el Canciller de Madrid. A continuación, el Arzobispo de Madrid, Cardenal Carlos Osoro se dirigió a los asistentes finalizando la sesión con el rezo de un responso ante la tumba del Padre Fernando Huidobro.

Fernando Huidobro nació en 1903 en Santander. A los 16 años ingresó en el Noviciado de la Compañía de Jesús en La Cartuja (Granada), y en 1933 celebró su primera Misa en Bélgica, donde se había exiliado tras la disolución de la Compañía en España con la proclamación de la II República.

Al estallar la Guerra Civil, el padre Huidobro solicitó el traslado a la península para acompañar espiritualmente a todos aquellos que pudieran necesitarle. Así, es nombrado capellán de la Legión y comienza su labor en Madrid. El 11 de abril de 1937, a la edad de 34 años, murió durante un bombardeo mientras atendía a los heridos en la casa de socorro de la Cuesta de las Perdices, en el frente de Ciudad Universitaria.

Alberto Fernández, delegado episcopal para las Causas de los Santos, destaca que la muerte del páter, como se le conoce popularmente, fue «en servicio a la reconciliación porque se ofrecía a atender a soldados y a víctimas de los dos bandos. Hay testimonios muy bonitos que pueden servir a la reconciliación de hoy». «La vida del padre Huidobro fue desde sus inicios muy interesante –continúa el delegado–, es una vida muy ejemplar no sólo en sus últimos años; ya desde sus primeros años de jesuita despunta y deslumbra por sus virtudes, su valentía, su amor al Señor, el servicio a los demás, y también por una inteligencia muy profunda y muy brillante».

El padre Huidobro se encuentra enterrado en la iglesia de los jesuitas de la calle Serrano de Madrid; su causa de beatificación se abrió en 1947 pero quedó paralizada hasta ahora: «En el marco del centenario de la Legión [que se celebró en 2020], los legionarios escribieron al Papa para pedirle que se volviese a retomar la causa, que está impulsada por el Arzobispado Castrense de España y la Compañía de Jesús». La instrucción se lleva a cabo en la archidiócesis de Madrid ya que es donde falleció el jesuita.

El acto fue retrasmitido en directo a traves del canal de Youtube del Arzobispado Castrense.

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El Arzobispo Castrense, Monseñor Juan del Río Martín, acaba de publicar su nueva obra bajo el título Un plus de humanidad donde a través de más de 130 páginas y tres apartados ofrece su visión de la situación actual y la importancia de las encíclicas del Papa: Laudato Si y Fratelli Tutti.

Portada Pastoral2021La publicación se inicia con la Carta Pastoral: Una encíclica en la pandemia “Guerra y Fraternidad”. Donde el Arzobispo Castrense resalta la transcendencia de las últimas publicaciones de Su Santidad que tienen como elemento común “el amor como ceñidor de la unidad entre la naturaleza y la humanidad”, pero el objeto de la reflexión son los elementos relacionados con la realidad de la pastoral en las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Análisis que se efectúa constatando un hecho: los militares son “artesanos de la Paz” y al igual que el resto de los poderes y mandatarios públicos tienen la obligación de evitar las guerras, los atentados terroristas y las manifestaciones de odio que pongan en peligro la convivencia social.

La Carta Pastoral pasa a continuación a tratar sobre la Fratelli Tutti que tiene como pórtico o antesala el documento: Fraternidad humana. Por la paz mundial y la convivencia común, firmado el pasado año en Abu Dabi (2019). Francisco, siguiendo el sendero espiritual del Poverello de Assis se encontró con el Gran Imán Ahmad Al-Tayyeb para declarar conjuntamente que: “Las religiones no incitan a la guerra y no instan a sentimientos de odio, hostilidad, extremismo, ni invitan a la violencia o derramamiento de sangre”.

Tras desgranar los elementos fundamentales de la obra papal, D. Juan del Río Martín expresa su preocupación por la pandemia que sufrimos y que ha desmoronado algunas formas de vivir basadas en el desinterés hacia el prójimo, hacia el que sufre. El COVID-19 ha puesto de manifiesto la fragilidad humana ante el coronavirus, pero al mismo tiempo ha sacado lo mejor de los hombres y mujeres que han puesto su trabajo y conocimiento para luchar contra sus consecuencias. En este sentido valora la actitud de los militares, guardias civiles y policías que desde el primer momento asumieron las misiones asignadas para aliviar los daños ocasionados por la pandemia, acompañados por los capellanes castrenses que se han esforzado por auxiliar a sus feligreses y, en ocasiones, a todos los creyentes que les han pedido ayuda y consuelo.

En su conclusión D. Juan del Río nos indica: “A la luz de esta encíclica estudiada desde la perspectiva de la pastoral castrense, los militares y sus pastores en tiempos de paz o de conflictos deben cimentar la fraternidad y la amistad social”

El siguiente apartado de la publicación está dedicado a los artículos que bajo el título Diario de un pastor ante el COVID-19 el Arzobispo Castrense ha escrito durante los meses de la pandemia para expresar desde un punto de vista pastoral y cristiano su criterio sobre temas de actualidad que han marcado la existencia de la humanidad durante los últimos tiempos.

La pandemia también ha suscitado el interés de los medios de comunicación sobre el importante papel que han desarrollado los presbíteros de la jurisdicción, por esta razón la publicación contiene un apartado denominado “los capellanes castrenses en acción” que contiene fragmentos de algunas noticias publicadas por medios digitales y escritos.

La obra termina con el Mensaje del Santo Padre Francisco con motivo de la 54 Jornada Mundial de la Paz.

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