Después de sacrificar muchas horas de descanso, y con la satisfacción que da el trabajo bien realizado, y más si es para la Patrona de Extremadura, antes de comenzar el Vía Crucis fue bendecido el pequeño Trono, que llegó a la puerta de la Capilla acompañado de un gran número de compañeros de los creadores de esta bonita obra.
En nuestros pueblos de España existe la tradición de acompañar durante todo el Viernes Santo a la Virgen, en su tristeza, por la muerte de su Hijo. Nuestros militares han permanecido también al pie de la Cruz, a los pies de Ntra. Sra. de Guadalupe para acompañarla en medio de su dolor. En medio de su misión han encontrado un tiempo precioso para descubrir que en la cruz de nuestro mundo hay mucha madre, mucha mujer buena que acompaña el sufrimiento de las familias y de sus seres queridos.
Hubo tiempo para acordarse de las madres de familia, de nuestras madres, que siguen siendo el alma y corazón de tantos hogares y que como nuestra Madre, la Virgen, siguen al pie de la cruz día a día.
La imagen de Ntra. Sra. de Guadalupe, aquí, en la misión, siempre nos recordará el sufrimiento y el dolor de tantas madres, pero también la luz de la resurrección que se abre paso en medio de la injusticia y el dolor.

