El Arzobispo Castrense, D. Juan del Rio, presidió en la tarde de ayer el funeral que se ofició en la Catedral de las Fuerzas Armadas por el eterno descanso del General de Ejército José Rodrigo Rodrigo.
A la misa asistieron, los familiares, compañeros y amigos del general Rodrigo y, entre otras autoridades, la ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, el ex ministro Pedro Morenes, el Almirante General Fernando García Sánchez, Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el Secretario de Estado, Pedro Arguelles, la Subsecretaria, Irene Domínguez-Alcahud, y el General de Ejército Jaime Domínguez Buj, Jefe de Estado Mayor del Ejército (JEME).
La misa funeral fue concelebrada por el Vicario del Ejército de Tierra, Francisco José Bravo, el Rector de la Catedral, Carlos Jesús Montes y el Vicesecretario del Arzobispado, Serafín Martínez, que contaron con la colaboración de los alumnos del Seminario Castrense “san Juan Pablo II”.
Al iniciar la homilía Monseñor Juan del Rio se dirigió a los familiares para decirles: “la única verdad de la vida es que morimos y para morir solo hace falta estar vivo. Pero los católicos no somos ilusos y creemos en un Dios que es vida y cuyo hijo resucito de entre nosotros. Ese hecho crea esperanza, sobre todo en un mundo desesperado como nos ha tocado vivir. La última palabra la tiene la vida, no la muerte”.
El Arzobispo destacó que el general Rodrigo vivió con amor a su Patria, a su esposa, a sus hijos y a sus nietos. Con una mirada llena de esperanza y con el orgullo de ser español. Su vida ha estado dedicada al servicio pero siempre con una cara amable. Sobre este militar, según las palabras de Monseñor, se puede decir que: “No era un señor de la guerra, era un guardián de la paz”.

