En la celebración de la Santa Misa, el capellán castrense, el páter Ramón, recordó en su homilía que María es verdaderamente la Reina del Cielo, coronada de gloria y rodeada por los ángeles. Pero, al mismo tiempo, no deja de ser la humilde servidora del Señor,
la mujer valiente que, sin miedo, se puso en camino.
Habló también de una María cercana, que supo vivir la fe con firmeza en medio de las dificultades de la vida. No fue ajena al dolor ni a los desafíos, pero nunca perdió la confianza en Dios. Ella es modelo de entrega, de servicio silencioso y de esperanza activa.
También el páter Ramón invitó a mirar a María no como una figura lejana, sino como una Madre que camina a nuestro lado, especialmente en los momentos de prueba. Nos enseña que no estamos solos. Y, como buena Madre y buena guía, nos anima a “volar alto”: a tener el corazón elevado hacia Dios, pero siempre con los pies bien firmes en la tierra, cumpliendo con responsabilidad nuestra misión.
Tras la misa, los asistentes se trasladaron a la zona Aeronáutica del Acuartelamiento donde tendría lugar el acto militar que fue presidido por el General Julio Salom y que consistió en la imposición de condecoraciones al personal militar de la Unidad, una locución por parte del jefe de la unidad, el teniente coronel Sánchez, un acto a los caídos, en el cual nuestro páter Marcos rezó un responso por todos los caídos en acto de servicio y la interpretación del himno de la unidad realizado por la Banda de Guerra n.º2 de la Brigada “Canarias” XVI. Para dar término al acto militar, la fuerza presente realizó el tradicional desfile a pie.
Tras el acto militar y como colofón, los asistentes se trasladaron al hangar del Batallón para disfrutar de un acto social.

