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La Universidad de Sevilla crea la cátedra Arzobispo Juan del Río Martín

Reproducimos a continuación un artículo publicado en "Iglesia en Sevilla" por considerarlo de especial interés.

El pasado martes, la Universidad de Sevilla tributó un merecido homenaje a monseñor Juan del Río, quien tanto contribuyó durante trece años (1987-2000) al diálogo entre la fe y la cultura, y quien tanta huella dejó en una comunidad universitaria que ese día, coincidiendo con su onomástica, se volvió a encontrar en la estancia más noble de la Hispalense.

SEVILLA.- Un homenaje en forma de cátedra que lleva su nombre y que ha servido para unir voluntades, desde la empresa a las hermandades, desde Sevilla a su Ayamonte natal, pasando por el Jerez de su primera mitra, el Madrid donde desempeñó su ministerio como arzobispo castrense, el Almonte de sus más íntimas devociones familiares o la villa de Pilas, cuya ciudadanía siempre llevó a gala. Como afi rmó su sobrino Juan Jesús Martín, profesor de la Universidad de Sevilla, “esta será la primera cátedra universitaria en España a nombre de un arzobispo y en el seno de una universidad pública”.

La Cátedra Arzobispo Juan del Río Martín se ha convertido en “un espacio de refl exión permanente en el seno de la Universidad de Sevilla sobre el diálogo cultura y fe, y su aportación a la confi guración y comprensión del mundo actual”.
Fondo bibliográfi co Juan del Río
El nacimiento de la cátedra llegó acompañada de la noticia del establecimiento por parte de la Universidad de Sevilla de un fondo bibliográfi co que lleva el nombre del primer director del SARUS, compuesto por los 2.447 volúmenes que conformaban la biblioteca de monseñor Del Río.

Como recordó Juan Jesús Martín en un emotivo discurso, “don Juan destacó además como un impulsor de vocaciones sacerdotales y laicas”. Entre las primeras, pueden dar fe de ello el obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Ramón Valdivia; el actual párroco de Santa María Magdalena, de Sevilla, Francisco Román; o el capellán de la Real Maestranza, Juan Luis García. Los tres asistieron, varios lustros después de sus primeros pasos por los pasillos de la Fábrica de Tabacos, a este homenaje póstumo a quien, en palabras de Federico Mantaras, “tanta preocupación mostró por la formación de los fi eles, porque sabía que para vivir bien había que creer bien”.

El discurso de presentación de la cátedra concluyó con una sentida alusión a una frase habitual de don Juan del Río que demuestra hasta qué punto las invocaciones más solemnes pueden caer en el error más evidente. Solía decir a su sobrino: “Niño, cuando yo me vaya nadie se acordará de mí”. Los que ese mediodía se reunieron en el Paraninfo son la viva demostración de que monseñor Del Río Martín -Juan, a secas- también se equivocaba. Como reconoció su sobrino, “todos aquellos que estos años, cuando hemos cerrado nuestros ojos y hemos necesitado unas palabras, unas sonrisas y un consejo, te hemos echado de menos y seguimos echándote de menos”.

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