En la madrugada del día 31, llenos de esperanza, llegaron a los respectivos alojamientos de la Ciudad Eterna. Disfrutaron de pocas horas para recargar pilas y coger fuerzas para los días tan intensos de Peregrinación que les esperaban.
El día 31 por la mañana, celebraron la memoria de San Ignacio de Loyola en la Iglesia de San Antonio del Laterano para continuar con la visita de las Basílicas Mayores de San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros. Por la tarde, algo de tiempo libre para realizar lo que en el Jubileo se ha denominado diálogo con la ciudad, es decir, la visita a los distintos monumentos de la Capital.
El 1 de agosto, sábado, bien temprano, atravesaron por fin la Puerta Santa de San Pedro del Vaticano. A continuación, Eucaristía en la Iglesia del Espíritu Santo y, por la tarde, Encuentro de Jóvenes Españoles en la mismísima Plaza de San Pedro. Fue un acontecimiento histórico en el que el color verde de las camisetas de la CEE tiñó por completo la plaza. Más de 20.000 jóvenes compatriotas disfrutaron de música, testimonios y la Santa Misa, expresando juntos el orgullo de ser cristianos tras los pasos del Señor Jesús.
El día 2, a primera hora de la mañana, algunos valientes con mucha fuerza de voluntad, madrugaron para cruzar la Puerta Santa de la basílica de Santa María la Mayor y orar ante la tumba del recordado Papa Francisco. Completaban así el paso por las cuatro puertas jubilares más emblemáticas. Después de recoger todo el equipaje en los alojamientos, la Peregrinación se dispuso a emprender el duro camino de 6 km a pie hasta Tor Vergata. Bajo un ardiente sol, disfrutaron del camino con ambiente festivo junto a miles de jóvenes venidos de los cinco continentes. Al llegar por fin a las praderas de Tor Vergata, se instalaron por zonas para compartir, con un millón de jóvenes, tanto la Vigilia de ese día como la Misa dominical presidida por el Santo Padre León XIV.
Esa misma tarde, deshaciendo el camino, emprendieron el regreso hacia España y llegaron a sus respectivos destinos bien entrada la madrugada del día 5 de agosto. Con ellos, una vivencia inolvidable y un compromiso: ser discípulos de Cristo y testigos del amor de Dios.
Hay que agradecer los apoyos prestados por parte del Acuartelamiento "General Álvarez de Castro" y del Arsenal de Cartagena, así como la AGRUMAD de la Armada de Madrid. Sin su ayuda no hubiera sido posible esta magnífica experiencia.

