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Noticias del Arzobispado Castrense

Santiago y Cierra España

Santiago el Mayor,  fue uno de los primeros discípulos elegidos  por Cristo;  pescador, que estando  en la  orilla del Genesaret,  remendando las redes,  al pasar,  Jesús,  a su lado,  le dijo: sígueme, que te haré pescador de hombres.  Uno de los tres,  que el Maestro,  tuvo como predilectos. Hijo de Zebedeo y de Salomé, siendo hermano mayor de S. Juan Evangelista,  a los que,  el Señor, llamó: “Hermanos Boanergués”,  cuya traducción en hebreo, es  “Hijos del Trueno”.  Su  nombre era Jacob,  como  el  patriarca  bíblico, padre de las doce tribus;  que se fue desformando con el tiempo,  pasando a Jacobo y a Iacob, hasta que en Gallaecia,  principio original de su devoción universal,  se comenzó a pronunciar,  Yago,  que precedido del tratamiento de santidad,  en la forma apocopada de sant, dio el resultado español actual de Santiago.

Además  de sus citas  en  el  Evangelio,  destacando,  entre otras,  su presencia en  el monte Tabor, durante la Transfiguración del Salvador,  así como  su  cercanía  en  la oración  del Hijo al Padre,  en Getsemaní. El  libro sagrado de “ Los Hechos de los Apóstoles ”, donde se narra la dispersión de los Once,  por el mundo,  tras el Pentecostés,  para llevar la Buena Nueva; lo que dio lugar a la leyenda, con base histórica, de su evangelizadora estancia, en la península Ibérica. También  relata su  muerte,  cuando después de una prédica,  se le condena a maltrato  para finalizar degollado  a  filo de espada con prohibición de su entierro, hacia el año 44,  en su vuelta a  Jerusalén,  y por orden del  rey de Judea,  Herodes Agripa I.  Siendo  uno de los primeros mártires cristianos, al ser esta la más pronta persecución, de todas las que la Iglesia sigue padeciendo. Y como vio que esta muerte, había  agradado a los judíos, también mandó, prender a Pedro.

La leyenda,  que no surge,  en el occidente europeo,  hasta el siglo VI, mientras que en la Península, llegó a finales del VII. Cuenta, como Santiago escogió la Hispania (actuales España y Portugal), para su anuncio evangélico. Donde pasando “Las Columnas de Hércules” tras bordear la Betica y la costa portuguesa,  llegó al “Finis Terrae”, desde donde, al no irle muy bien, deja la zona,  por La Coruña, tomando la vía Romana,  que recorría las estribaciones de la Cordillera Cantábrica para entroncar con el valle del Ebro hasta Tarraco; donde su celo catequetico,  logra algunos discípulos, siete de los cuales, van a Roma para ser ordenados obispos, por San Pedro. Estos Varones Apostólicos, acompañaban a Santiago, a orillas del Ebro,  cuando, allá sobre el año  40, en Cesaraugusta,  y sobre una columna de jaspe,  les visitó,  la Virgen María,  en carne mortal, muchos años antes de su asunción en cuerpo y alma a los cielos; para  confortarlos  en  la difícil tarea cristianizadora. Donde levantaron,  entre todos ellos, una capilla en la vera del Río, reedificada, según Nougués, el 318; base primitiva del templo, que la devoción, a través de los siglos, consolidó en la actual Basílica.  En cuyo archivo,  se custodia el manuscrito de 1297, de los Moralia, sive Exposito in job de Gregorio Magno, que recoge el testimonio de este relato.

Su paso por Galicia,  aquel sitio elegido para el comienzo de su misión salvifica, aunque no fuera tan fructífera, como el Apóstol deseara, dejó huella, conociéndose,  ya desde el siglo II,  la existencia,  de poblaciones  cristianas, muy importantes,  que testimonian la sólida rapidez en la extensión de nuestro Credo,  por la Península. Siendo muy significativo, la celebración, en ella, del concilio de Elvira, en el año tres del siglo IV;  al poco de terminar la tremenda persecución de Diocleciano.

Siguiendo  la narración legendaria,  con el traslado de su  cuerpo, que conservado de forma milagrosa,  es llevado por discípulos del Santo,  a  través del mar Mediterráneo, en una embarcación sobrenatural, y costeando, otra vez el  Atlántico, remontar Galicia  por el río  Ulla para enterrarlo  en  Iría Flavia, donde comenzó su labor pastoral  y desde donde emprendió sus viajes a otros puntos de la hispánica provincia romana.

Siendo alrededor del año 813, cuando, reinando en el Principado Astur, Alfonso II el Casto;  un eremita cristiano, conocido por Paio,  comentó ante el obispo de Galicia, Teodomiro: como unas luces estrelladas, señalaban con sus resplandores, un punto concreto de un campo deshabitado. (Motivo, que dio al lugar, el nombre de “Campustela”) Donde al excavar, hallaron la tumba de un cuerpo degollado que portaba su cabeza bajo el brazo. La época de la tumba y el  aura milagrera que la  rodeó desde su descubrimiento;  fueron bases,  en la mentalidad de aquellos tiempos, para relacionarla con la del Apóstol Santo.

Después de los estudios realizados  por el historiador católico,  Claudio Sánchez  de  Albornoz,  en su obra “En los  Albores del Culto  Jacobeo”,  en Compostellanum 16 (1971) pp. 37-71).  Por una parte, arqueológicamente, se ha documentado,  la existencia previa,  de un cementerio céltico,  utilizado en varias épocas por diversos grupos: los primeros cristianos, llegados a Galicia, más o menos, en el año 250,  así como por pueblos germanos, entre los siglos V y VI; hasta por los musulmanes en el siglo VIII.  Descubrimientos que solo prueban, la existencia, en ese lugar, de una necrópolis precristiana. Pero dado el  trafico de reliquias,  desarrollado  en esos  tiempos,  no hay ningún motivo que nos impida pensar,  que los restos hallados,  pueden ser los del mayor  de de los hijos de Zebedeo.

El descubrimiento de la tumba del Apóstol,  supuso para el rey asturiano, una serie de beneficios:  la integración de todos sus dominios en un mismo  y único reino,  bajo la especial protección del Santo,  y la cristianización  de  la “Vía del Finisterre”, tan utilizada por pueblos de religión celta, para celebrar, en estos sitios,  sus matrimonios y otros ritos.  Ruta que luego se convirtió en el “Camino de Santiago”, por donde llegar al tercer punto de peregrinaciones medievales de los fieles católicos, tras Roma y Jerusalén.

Siendo el Papa Calixto II,  en el año 1122, quién proclamó, el Año Santo Compostelano, con la consideración y privilegios correspondientes; quedando instituido para todos aquellos años, que la liturgia de esta fiesta española tan solemne, coincidiera en domingo. Siendo el 2021, el próximo Año Jacobeo.

La Fiesta Principal de Santiago, con celebración el día 25 de julio. Tiene, en  España,  Misa Propia  y rito de primera clase,  con  el  siguiente Aleluya: Aleluya.  ¡ Oh  astro refulgente de España,  bienaventurado Apóstol Santiago¡ Interceded por nosotros al Señor. Aleluya.

También  se celebra la fiesta de la Traslación,  el  30 de  diciembre,  que conmemora el traslado de las reliquias de nuestro Evangelizador, desde Tierra Santa a Compostela. Lugar, que desde el siglo IX, se hace el centro devocional más concurrido de España. Para la liturgia de esta fiesta, la Iglesia introdujo un Aleluya, que reza de esta manera: Aleluya. Afluirán a él todas las gentes, y será glorioso su sepulcro. Aleluya.

Siendo la tercera fiesta,  la de “La Aparición”,  que celebra,  en general, el 23 de mayo; la constante protección del Apóstol en la cruzada, ocho veces secular, de España contra la morisma,  y en especial,  su auxilio en el reinado de Ramiro I.  Teniendo para las tres festividades el mismo Evangelio,  y para esta última,  dice el Aleluya:  Aleluya,  clamaran  al  Señor,  en presencia del opresor,  y les enviará un defensor que los libre. Aleluya. Nos visitó el Señor por su Santo Apóstol: le ciño de fortaleza para la guerra, y derrotó a nuestros enemigos. Aleluya.

Esta tercera fiesta,  está motivada por la historia legendaria,  que el  rey Alfonso promovió y sus descendientes secundaron, convirtiendo al Apóstol, en un símbolo del combate contra el Islam, naciendo, así, la imagen guerrera de Santiago Matamoros, que se prodigó a lo largo de los caminos peregrinos que llevan a la meta compostelana.

En el año  859,  Ordoño I de Asturias,  dijo haber obtenido,  la  victoria sobre los musulmanes,  en la batalla  de Clavijo,  debido  a la aparición  de Santiago, sobre un caballo blanco, matando moros, ayudando así,  al ejército Cristiano. La suposición de este milagro, dio lugar a la redacción, en el siglo XII,  en Santiago de Compostela, del llamado “Privilegio de los Votos”, que agradecido el rey,  habría hecho el voto  que todos los habitantes de España, pagasen al Apóstol,  o sea,  a su santuario,  una cantidad anual. Y según este mismo documento,  la victoria de Clavijo,  puso fin a la entrega anual,  a los enemigos, de un vergonzoso tributo de cien doncellas cristianas. La primera representación de Santiago a caballo, de principios del siglo XIII, del templo compostelano, muestra a las doncellas arrodilladas a sus pies.

A raíz de la creación de este documento,  se empezó a considerar, como Patrón de España, a Santiago.En el monasterio de Cañas,  se guardan,  como reliquias, las herraduras del caballo del Santo, que recogería Diego López II de Haro, en la batalla de Las Navas de Tolosa, y que regaló a su hermana Doña Urraca, abadesa,  por aquel entonces, de dicho monasterio.

Con los siglos, la imagen batalladora de Santiago, basada en la leyenda histórica de su participación decisiva en la reconquista peninsular, pasó a los confines del imperio español, llegando hasta un templo de Puebla,  en Izucar de Matamoros, allá por México,  donde se encuentra,  el Discípulo de Cristo, sobre un caballo blanco, con unas medidas de más de dos metros y medio de altura.

Esta tradición ancestral,  fue origen de la Orden, religiosa militar, de los Caballeros  de Santiago,  que popularizaron su Cruz de gules, simulando una espada, con forma de flor de lis en la empuñadura y en los brazos. Portada por los Caballeros, sobre su estandarte, donde tenía una venera en el centro y otra al final de  cada brazo. Luciéndola, así también, en sus capas blancas.

El estandarte santiaguista, entró en primer lugar de la comitiva, que en la toma de la  capital sevillana,  precedía al Rey Santo. Ya que el  Maestre de la misma, Pelayo Pérez Correa, de origen portugués, fue de los caballeros de San Fernando, más valientes y el mejor estratega en el asedio a la ciudad de Sevilla y de Triana,  su  arrabal y guarda,  fortaleza y puerta del Aljarafe.  Meseta,  que en el repartimiento de las tierras conquistadas, le fue entregada al Maestre Pelay Correa, para su Orden de Santiago. Lo que da lugar a esa devoción, conservada, por todo el Aljarafe, hasta nuestros días, al Patrón de España: la Parroquia de la Plaza (Santiago) en Castilleja de la Cuesta;  la Hermandad de Santiago y María Santísima de las Angustias en Aznalcazar;  su patronazgo sobre Villanueva del Ariscal, donde hasta la celebración de la festividad del Corpus Christi, desde el Siglo XIV, por bula pontificia de Urbano VI, se hace coincidir con la fecha del 25 de julio, litúrgica festividad del Santo Patrón.

Los restos mortales del Maestre de Santiago y caballero de los ejércitos de San Fernando, descansan en el monasterio de Tentudía.

Su  Orden caballeresca y su devoción tan extendida entre las tropas,  dada su conocida ayuda a los cristianos en sus luchas contra los infieles, siempre con la  representación de su imagen cabalgando sobre un caballo blanco,  le crearon unos  vínculos  con el Cuerpo de Caballería,  que terminaron,  el 20 de julio  de 1846,  con el nombramiento del  Apóstol Santiago  como Patrón de dicha Arma. Siendo ratificada, esa designación, el 20 de julio de 1892.  De ahí,  que el 25 de Julio, se celebre el Patrón del Arma de Caballería.  La Cruz de Santiago,  es un elemento habitual en los escudos y distintivos que identifican al Cuerpo.

Es, el de Santiago, otro de los patronazgos, que sigue confirmando, con el peso de la veracidad,  el fervor mariano arraigado en las fuerzas militares,  dado la protección maternal, que la Virgen le dispensó, animándole en los desalientos de su evangelización; como el amor filial, que El Hijo del Trueno,  siempre tuvo a la Madre del Maestro,  a la que visitó,  antes de su dormición,  volviendo para tal fin a Jerusalén, donde encontró el martirio.  Por algo,  España,  siempre lleva unidos, los nombres del Apóstol y el de la Virgen del Pilar. 

No solo es el Arma de Caballería, ostentando oficialmente el patrocinio de Santiago,  la que implora el resguardo celestial  de su Patrón,  en momentos de difícil situación.  Los gloriosos Tercios de Flandes, en caso de avance enemigo, en vez de retirarse, cerraban filas al grito de ¡Santiago y cierra España! 

José Manuel León Gómez. Sevilla.

 

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