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Queridos hermanos y hermanas, buenos días, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio nos traslada a la noche de Pascua. Los apóstoles están reunidos en el cenáculo, cuando desde Emaús vuelven los dos discípulos y relatan su encuentro con Jesús. Y, mientras expresan la alegría de su experiencia, el Resucitado se aparece a toda la comunidad. Jesús llega precisamente mientras están compartiendo el relato del encuentro con Él. Esto me hace pensar que es hermoso compartir, es importante compartir la fe. Este relato nos hace pensar en la importancia de compartir la fe en Jesús resucitado.

Cada día nos bombardean con mil mensajes. Muchos son superficiales e inútiles, otros revelan una curiosidad indiscreta o, peor aún, nacen de cotilleos y malicia. Son noticias que no sirven para nada, es más, hacen daño. Pero también hay noticias hermosas, positivas y constructivas, y todos sabemos lo bien que sienta escuchar cosas buenas y cómo nos sentimos mejor cuando eso ocurre. Y es hermoso también compartir las realidades que, en lo bueno y en lo malo, han tocado nuestra vida, de modo que podamos ayudar a los demás.

Sin embargo, hay algo de lo que a menudo nos cuesta hablar. ¿De qué nos cuesta hablar? De lo más hermoso que tenemos que contar: nuestro encuentro con Jesús. Cada uno de nosotros ha encontrado al Señor y nos cuesta hablar de ello. Cada uno de nosotros podría decir tanto al respecto: ver cómo el Señor nos ha tocado y compartir esto, no haciendo de maestro de los demás, sino compartiendo los momentos únicos en los que ha sentido al Señor vivo, cercano, que encendía en el corazón la alegría o enjugaba las lágrimas, que transmitía confianza y consuelo, fuerza y entusiasmo, o perdón, ternura. Estos encuentros, que cada uno de nosotros ha tenido con Jesús, compartidlos y transmitidlos. Es importante hacer esto en familia, en la comunidad, con los amigos. De igual modo que sienta bien hablar de las inspiraciones buenas que nos han orientado en la vida, de los pensamientos y de los sentimientos buenos que nos ayudan tanto a avanzar, también de los esfuerzos y de las fatigas que hacemos para entender y para progresar en la vida de fe, tal vez también para arrepentirnos y volver sobre nuestros pasos. Si lo hacemos, Jesús, precisamente como sucedió a los discípulos de Emaús la noche de Pascua, nos sorprenderá y hará aún más hermosos nuestros encuentros y nuestros ambientes.

Probemos entonces a recordar, ahora, un momento fuerte de nuestra vida, un encuentro decisivo con Jesús. Todos lo hemos tenido, cada uno de nosotros ha tenido un encuentro con el Señor. Hagamos un pequeño silencio y pensemos: ¿Cuándo encontré yo al Señor? ¿Cuándo el Señor se hizo cercano a mí? Pensemos en silencio. ¿Y este encuentro con el Señor, lo he compartido para dar gloria al propio Señor? Y también, ¿he escuchado a los demás cuando me hablan de este encuentro con Jesús?

Que la Virgen nos ayude a compartir la fe para que nuestras comunidades sean cada vez más lugares de encuentro con el Señor.

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Después del Regina Caeli

Queridos hermanos y hermanas:

Sigo en la oración y con preocupación, también dolor, las noticias que han llegado en las últimas horas sobre el agravamiento de la situación en Israel a causa de la intervención por parte de Irán. Hago un encarecido llamamiento para que se detenga toda acción que pueda alimentar una espiral de violencia con el riesgo de arrastrar a Oriente Medio a un conflicto bélico aún más grande.

Nadie debe amenazar la existencia ajena. Que todas las naciones, por el contrario, se posicionen del lado de la paz y ayuden a los israelíes y a los palestinos a vivir en dos Estados, uno al lado del otro, con seguridad. ¡Es su deseo profundo y legítimo y es su derecho! Dos Estados cercanos.

Que se alcance pronto un alto el fuego en Gaza y se recorran los caminos de la negociación, con determinación. Que se ayude a esa población, sumida en una catástrofe humanitaria, se libere inmediatamente a los rehenes secuestrados hace meses. ¡Cuánto sufrimiento! Recemos por la paz. ¡Basta con la guerra, basta con los ataques, basta con la violencia! ¡Sí al diálogo y sí a la paz!

Hoy en Italia se celebra la centésima Jornada nacional de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, sobre el tema «Demanda de futuro. Los jóvenes entre el desencanto y el deseo». Animo a este gran Ateneo a proseguir su importante servicio formativo, en la fidelidad a su misión y atento a las necesidades juveniles y sociales actuales.

De corazón dirijo mi bienvenida a todos vosotros, romanos y peregrinos llegados de Italia y de tantos países. Saludo, en particular, a los fieles de Los Ángeles, Houston, Nutley y  Riverside en los Estados Unidos de América; como también a los polacos, especialmente -¡cuántas banderas polacas!- a aquellos de Bodzanów y a los jóvenes voluntarios del Equipo de Ayuda a la Iglesia del Este. Acojo y animo a los responsables de las Comunidades de Santo Egidio de algunos países latinoamericanos.

Saludo a los voluntarios de las ACLI comprometidos en los patronatos en toda Italia; a los grupos de Trani, Arzachena, Montelibretti; a los muchachos de la profesión de fe de la parroquia de los Santos Silvestre y Martín en Milán; a los confirmandos de Pannarano; y al grupo juvenil “Arte y Fe”, de las hermanas Doroteas.

Saludo con afecto a los niños de varias partes del mundo, que han venido a recordar que el 25-26 de mayo la Iglesia vivirá la primera Jornada Mundial de los Niños. ¡Gracias! Invito a todos a acompañar con la oración el camino hacia este evento – la Primera Jornada de los Niños – y agradezco a todos los que están trabajando para prepararlo. Y a vosotros, niñas y niños, os digo: ¡Os espero! ¡A todos vosotros! Necesitamos vuestra alegría y vuestro deseo de un mundo mejor, un mundo en paz. Recemos, hermanos y hermanas, por los niños que sufren por las guerras – ¡son muchos! – en Ucrania, en Palestina, en Israel, en otras partes del mundo, en Myanmar. Recemos por ellos y por la paz.

Deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Saludo a los muchachos de la Inmaculada. Buen almuerzo y hasta pronto.

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy, segundo domingo de Pascua -dedicado por san Juan Pablo II a la Divina Misericordia-, el Evangelio (cfr. Jn 20,19-31) nos dice que si creemos en Jesús, el Hijo de Dios, podemos tener vida eterna en su Nombre (v. 31). “Tener vida”: ¿qué significa?

Todos queremos tener vida, pero existen diversos puntos de vista sobre cómo lograrlo. Por ejemplo, hay quien reduce la existencia a una carrera frenética para gozar y poseer muchas cosas: comer y beber, divertirse, acumular dinero y objetos, sentir emociones fuertes y nuevas, etc. Este es un camino que a primera vista parece atractivo, pero que no sacia el corazón. No es así como se “tiene vida”, porque siguiendo los caminos del placer y del poder no se encuentra la felicidad. De hecho, quedan sin respuesta muchos aspectos de la existencia como, por ejemplo, el amor, las experiencias inevitables del dolor, las limitaciones y la muerte. Y, además, no se hace realidad el sueño que todos tenemos en común: la esperanza de vivir para siempre, de ser amados sin fin.

Hoy, el Evangelio dice que esta plenitud de vida, a la que cada uno de nosotros está llamado, se realiza en Jesús: es Él quien nos da la vida plena. Pero, ¿cómo acceder a ella, cómo experimentarla?

Veamos lo que les sucedió a los discípulos del Evangelio. Están atravesando el momento más trágico de su vida: después de los días de la Pasión, están encerrados en el Cenáculo, asustados y desanimados. El Resucitado se presenta en medio de ellos, y, en primer lugar, les muestra sus llagas (cfr. v. 20): son los signos del sufrimiento y del dolor, podrían suscitar sentimientos de culpa, y, sin embargo, con Jesús se convierten en canales de misericordia y perdón. Así, los discípulos ven y tocan con la mano que con Jesús la vida vence siempre, la muerte y el pecado son derrotados. Y reciben el don de su Espíritu, que les da una vida nueva, de hijos amados -vida de hijos amados-, hecha de alegría, amor y esperanza. Os pregunto: ¿tenéis esperanza? Que cada uno se pregunte: ¿cómo va mi esperanza?

He aquí qué hacer cada día para “tener vida”: basta con fijar la mirada en Jesús crucificado y resucitado, encontrarlo en los Sacramentos y en la oración, reconocerlo presente, creer en Él, dejarse tocar por su gracia y guiar por su ejemplo, experimentar la alegría de amar como Él. Cada encuentro con Jesús, un encuentro vivo con Él, nos permite tener más vida. Hay que buscar a Jesús, dejarse encontrar -porque Él nos busca-, abrir el corazón al encuentro con Jesús.

Pero preguntémonos: ¿creo en el poder de la resurrección de Jesús, creo que ha resucitado? ¿Creo en su victoria sobre el pecado, el miedo y la muerte? ¿Me dejo implicar en la relación con el Señor, con Jesús? ¿Y dejo que Él me empuje a amar a los hermanos y las hermanas, y a tener esperanza todos los días? Que cada uno piense en esto.

Que María nos ayude a crecer cada vez más en la fe en Jesús resucitado, para que “tengamos vida” y difundamos la alegría de la Pascua.

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Después del Regina Caeli:

Queridos hermanos y hermanas:

Deseo recordar a las personas que murieron en el accidente del autobús que se salió de una carretera en Sudáfrica hace algunos días. Oremos por ellas y por sus familiares.

Ayer se celebró el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz. Todos sabemos que la práctica de un deporte puede educar a una sociabilidad abierta, solidaria, sin prejuicios. Pero para ello se necesitan dirigentes y formadores que no tengan como único objetivo la victoria o la ganancia. ¡Promovamos un deporte que fomente la amistad social y la fraternidad!

Que no disminuya nuestra oración por la paz, por una paz justa y duradera, especialmente en la atormentada Ucrania y en Palestina e Israel. Que el Espíritu del Señor Resucitado ilumine y sostenga a quienes trabajan para reducir la tensión y alentar gestos que hagan posible la negociación. Que el Señor conceda a los líderes la capacidad de detenerse un poco para tratar, para negociar.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de Italia y de numerosos países. Saludo especialmente a los alumnos de la escuela católica Mar Qardakh de Erbil, capital del Kurdistán iraquí; y a los chicos de Castellón, España. Acojo con afecto a los grupos de oración que cultivan la espiritualidad de la Divina Misericordia, reunidos hoy en el Santuario del Espíritu Santo en Sassia.

Saludo al club de petanca La Perosina; al grupo ACLI de Chieti; a los participantes en la Conferencia Internacional para la abolición de la gestación subrogada; a los fieles de Modugno y de Alcamo; a los alumnos de la escuela San José de Bassano del Grappa; y a los confirmandos de Sant’Arcangelo di Romagna. Saludo a los numerosos polacos, ¡veo sus banderas!

Les deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta la vista!

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Teresa Denis, viuda desde hace 42 años de un capitán de la Guardia Civil, es la voluntaria encargada de organizar eventos sociales para nuestros beneficiarios.

El pasado 15 de abril organizó la visita a la exposición que la Fundación UNICAJA dispone en el palacio Episcopal de Málaga, con el título “VINO: ARTE Y SÍMBOLO”.

1ª lectura: Señor Jesús, recibe mi espíritu.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 7, 51‐8, 1a.

En aquellos días, dijo Esteban al pueblo y a los ancianos y escribas:
«¡Duros de cerviz, incircuncisos de corazón y de oídos! vosotros siempre resistís al Espíritu Santo, lo mismo que
vuestros padres. ¿Hubo un profeta que vuestros padres no persiguieran? Ellos mataron a los que anunciaban la
venida del Justo, y ahora vosotros lo habéis traicionado y asesinado; recibisteis la Ley por mediación de ángeles, y
no la habéis observado». Oyendo sus palabras se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia.

Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de
Dios, y dijo:

«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».

Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron
fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos, dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo
y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación:

«Señor Jesús, recibe mi espíritu»

Luego, cayendo de rodillas, lanzó un grito:

«Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y, con estas palabras, murió.

Saulo aprobaba su ejecución.

Salmo: Sal 30. 3cd-4. 6 y 7b y 8a. 17 y 21 ab.

R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
yo confío en el Señor.
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría. R.

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia.
En el asilo de tu presencia los escondes
de las conjuras humanas. R.

Aleluya Jn 6, 35ab

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Yo soy el pan de vida ‐ dice el Señor ‐;
el que viene a mí no tendrá hambre. R.

Evangelio: No fue Moisés, sino que es mi Padre el que da el verdadero pan del cielo.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 30‐35.

En aquel tiempo, en gentío dijo a Jesús:

«¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná
en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”». Jesús les replicó:

«En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el
verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo». Entonces le dijeron:

«Señor, danos siempre de este pan». Jesús les contestó:

«Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed».

1ª lectura: No lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 6, 8‐15.

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos
cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir
con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba.

Entonces indujeron a unos que asegurasen:

‐ «Le hemos oído palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios».

Alborotaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas, y viniendo de improviso, lo agarraron y lo condujeron al
Sanedrin, presentando testigos falsos que decían:

‐ «Este individuo no para de hablar contra el Lugar Santo y la Ley, pues le hemos oído decir que ese Jesús el
Nazareno destruirá este lugar y cambiará las tradiciones que nos dio Moisés». Todos los que estaban sentados en
el Sanedrin fijaron su mirada en él y su rostro les pareció el de un ángel.

Salmo: Sal 118, 23-24. 26-27. 29-30.

R. Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

Aunque los nobles se sienten a murmurar de mí,
tu siervo medita tus decretos;
tus preceptos son mi delicia,
tus enseñanzas son mis consejeros. R.

Te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus mandamientos;
instrúyeme en el camino de tus mandatos,
y meditaré tus maravillas. R.

Apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu ley;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos. R.

Aleluya Mt 4, 4b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.

Evangelio: Trabajad no por el alimento que perece, sino por el que perdura para la
vida eterna.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 22‐29.

Después de que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el mar.

Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar notó que allí no había habido más que una
barca y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos.

Entretanto, unas barcas de Tiberíades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan después que el Señor
había dado gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún
en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?». Jesús les contestó:

«En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo
del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios». Ellos le preguntaron:

«Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?». Respondió Jesús:

‐ «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado».

El día 10, nuestro arzobispo, D. Juan Antonio Aznárez Cobo, junto al vicario de tierra, D, Miguel Ángel García Arteaga, se trasladó a Salamanca para realizar la visita pastoral a dicha plaza militar.

Fue recibido en el Acuartelamiento General Arroquia por el General del Mando de Ingenieros, Julio Rayos Varas y por los Jefes de las Unidades que se alojan en dicho Acuartelamiento.

Después de que el capellán realizase una breve exposición sobre la atención que presta el servicio religioso en Salamanca el Sr. Arzobispo se trasladó a la capilla del acuartelamiento donde firmó los libros sacramentales.

Los días 11 y 12 de abril de 2024, los equipos de apoyo religioso de las unidades de la OTAN con base en FOS Adazi, Letonia y Polonia , participaron en un grupo de trabajo (NLFC3), desarrollando una lista de tareas comunes para proporcionar/realizar RS (Religious Support) en los grupos de batalla de la OTAN Estonia, Letonia y Lituania. Como parte de la iniciativa Multinacional de Interoperabilidad de Apoyo Religioso (MRSI), el Dr. Matt Woodbery (Oficial de Interoperabilidad y Movilización de Apoyo Religioso - USAREUR-AF), se unió a la conferencia para informar sobre el concepto de MSRI en el contexto del Grupo de Batalla de la OTAN.

El Arzobispo Castrense de España, Monseñor don Juan Antonio Aznárez Cobo, ha decretado que se honre al Santísimo Cristo de La Laguna como especial protector del Regimiento de Artillería de Campaña número 93 de Tenerife (RACA 93).

Esta iniciativa surgió de la petición del coronel del Regimiento con la finalidad de ratificar el vínculo histórico y la devoción por el Santísimo Cristo de La Laguna que tiene el RACA 93, Regimiento ubicado en la localidad de San Cristóbal de La Laguna.

1ª lectura: Salieron contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 34‐42.

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el
Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a los apóstoles y dijo:

«Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. Hace algún tiempo se levantó Teudas, dándoselas
de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, se dispersaron todos sus secuaces
y todo acabó en nada. Más tarde, en los días del censo, surgió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del
pueblo; también pereció, y dispersaron todos sus secuaces.

En el caso presente, os digo: no os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de
hombres, se disolverá; pero, si es cosa de Dios, no lograréis destruirlos, y os expondríais a luchar contra Dios».

Le dieron la razón y, habiendo llamado a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús
y los soltaron. Ellos, pues, salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el Nombre. Ningún
día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando la buena noticia acerca del Mesías Jesús.

Salmo: Sal 26, 1bcde. 4. 13-14.

R. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida
¿quién me hará temblar? R.

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R.

Aleluya Mt 4, 4b

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

No solo de pan vive el hombre,
sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. R.

Evangelio: Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 6, 1‐15.

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del mar de Galilea, o de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque
habían visto los signos que hacía con los enfermos.

Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha
gente, dice a Felipe:

«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?».

Lo decía para probarlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer, Felipe le contestó:

«Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo». Uno de sus discípulos, Andrés, el
hermano de Simón Pedro, le dice:

«Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero, ¿qué es eso para tantos?». Jesús dijo:

«Decid a la gente que se siente en el suelo».

Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil.

Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que
quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos:

«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se pierda».

Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían
comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía:

«Este es verdaderamente el Profeta que va a venir al mundo».

Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

1ª lectura: Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo.

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 27‐33.

En aquellos días, los apóstoles fueron conducidos a comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote los
interrogó, diciendo:

‐ «¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con
vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre». Pedro y los apóstoles replicaron:

‐ «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros
matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a
Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a
los que le obedecen».

Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.

Salmo: Sal 33, 2 y 9. 17-18. 19-20.

R. El afligido invocó al Señor, y él lo escuchó.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R.

El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias. R.

El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor. R.

Aleluya Jn 20, 29

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

Porque me has visto, Tomás, has creído ‐ dice el Señor ‐;
bienaventurados los que crean sin haber visto. R.

Evangelio: El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano.

Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 31‐36.

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que
viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio.

El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz.

El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo
ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que
la ira de Dios pesa sobre él.

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