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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días y feliz fiesta!

Hoy, solemnidad de Todos los Santos, en el Evangelio (cf. Mt 5,1-12) Jesús proclama el carné de identidad del cristiano. ¿Y cuál es el carné de identidad del cristiano? Las bienaventuranzas. Es nuestro carné de identidad, y también el camino hacia la santidad (cf. Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, 63). Jesús nos muestra un camino, el camino del amor, que Él mismo recorrió primero haciéndose hombre, y que para nosotros es a la vez don de Dios y respuesta nuestra. Don y respuesta.

Es don de Dios, porque, como dice san Pablo, es Él quien santifica (cf. 1 Co 6,11). Y por eso es ante todo al Señor a quien pedimos que nos santifique, que haga nuestro corazón semejante al suyo (cf. Carta Encíclica Dilexit nos, 168). Con su gracia nos sana y nos libera de todo lo que nos impide amar como Él nos ama (cf. Jn 13, 34), para que en nosotros, como decía el Beato Carlo Acutis, haya siempre «menos de mí para dejar espacio a Dios».

Y esto nos lleva al segundo punto: nuestra respuesta. En efecto, el Padre celestial nos ofrece su santidad, pero no nos la impone. La siembra en nosotros, nos hace gustarla y ver su belleza, pero luego espera nuestra respuesta. Nos deja que sigamos sus buenas inspiraciones, que nos dejemos implicar en sus proyectos, que hagamos nuestros sus sentimientos (cf. Dilexit nos, 179), poniéndonos, como Él nos enseñó, al servicio de los demás, con una caridad cada vez más universal, abierta y dirigida a todos, al mundo entero.

Todo esto lo vemos en la vida de los santos, incluso en nuestro tiempo. Pensemos, por ejemplo, en san Maximiliano Kolbe, que en Auschwitz pidió ocupar el lugar de un padre de familia condenado a muerte; o en santa Teresa de Calcuta, que gastó su existencia al servicio de los más pobres entre los pobres; o en el obispo san Óscar Romero, asesinado en el altar por haber defendido los derechos de los últimos contra los abusos de los prepotentes. Y así podemos hacer la lista de tantos santos, tantos: los que veneramos en los altares y otros, a los que me gusta llamar los santos «de al lado», los de todos los días, los ocultos, los que llevan su vida cristiana cotidiana. Hermanos y hermanas, ¡cuánta santidad escondida hay en la Iglesia! Reconocemos a tantos hermanos y hermanas modelados por las Bienaventuranzas: pobres, mansos, misericordiosos, hambrientos y sedientos de justicia, artífices de paz. Son personas «llenas de Dios», incapaces de permanecer indiferentes ante las necesidades del prójimo; son testigos de caminos luminosos, que también son posibles para nosotros.

Preguntémonos ahora: ¿le pido a Dios, en la oración, el don de una vida santa? ¿Me dejo guiar por los buenos impulsos que su Espíritu suscita en mí? ¿Y me comprometo personalmente a practicar las Bienaventuranzas del Evangelio, en los ambientes en los que vivo?

Que María, Reina de todos los Santos, nos ayude a hacer de nuestra vida un camino de santidad.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas

Expreso mi cercanía al pueblo del Chad, en particular a las familias de las víctimas del grave atentado terrorista de hace unos días, así como a los afectados por las inundaciones. Y a propósito de estas catástrofes medioambientales, recemos por los pueblos de la Península Ibérica, especialmente por la Comunidad Valenciana, abrumada por el temporal «DANA»: por los fallecidos y sus seres queridos, y por todas las familias damnificadas. Que el Señor sostenga a los que sufren y a los que llevan socorro. Nuestro pésame al pueblo valenciano.

Saludo con afecto a todos ustedes, peregrinos de los diversos países, familias, grupos parroquiales, asociaciones y grupos escolares. En particular a los fieles de Rignac (Francia).

Y saludo a los participantes en la «Carrera de los Santos», organizada por la Fundación Misiones Don Bosco. Queridos amigos, también este año nos recuerdan que la vida cristiana es una carrera, pero no como corre el mundo, ¡no! Es la carrera de un corazón que ama. Y gracias por su apoyo a la construcción de un centro deportivo en Ucrania.

Rezamos por la martirizada Ucrania, rezamos por Palestina, Israel, Líbano, Myanmar, Sudán, y por todos los pueblos que sufren a causa de las guerras. Hermanos y hermanas, la guerra es siempre una derrota, ¡siempre! Y es despreciable, porque es el triunfo de la mentira, de la falsedad: se busca el mayor interés para uno mismo y el mayor daño para el adversario, pisoteando las vidas humanas, el medio ambiente, las infraestructuras, todo; y todo disfrazado con mentiras. ¡Y los inocentes sufren! Pienso en las 153 mujeres y niños masacrados en Gaza en los últimos días.

Mañana será la conmemoración anual de todos los fieles difuntos. Los que pueden estos días van a rezar a la tumba de sus seres queridos. Yo también iré mañana por la mañana a celebrar la Misa en el cementerio Laurentino de Roma. No lo olvidemos: la Eucaristía es la oración más grande y eficaz por las almas de los difuntos.

Deseo a todos una buena fiesta en compañía de los santos. Los saludo a todos, ¡saludo a los chicos de la Inmaculada que son buenos! Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Que tengáis una buena fiesta! Buen almuerzo y hasta luego.

 

 
 

Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

Hoy el Evangelio de la liturgia (Mc 10,46-52) nos habla de Jesús, que cura a un hombre de la ceguera. Su nombre es Bartimeo, pero la multitud, por la calle, lo ignora: es un pobre mendigo. Esa gente no tiene ojos para este ciego; lo dejan, lo ignoran. Ninguna mirada atenta, ningún sentimiento de compasión. Bartimeo tampoco ve, pero oye y se hace oír. Grita, grita fuerte: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!» (v. 48). Pero Jesús le escucha y le ve. Se pone a su disposición y le pregunta. «¿Qué quieres que te haga?» (v. 51).

“¿Qué quieres que haga yo por ti?”. Esta pregunta, delante de una persona ciega, parece una provocación y, sin embargo, es una prueba. Jesús está preguntando a Bartimeo a quién busca realmente, y por qué motivo. ¿Quién es para ti el “Hijo de David”? Y así el Señor empieza a abrir los ojos del ciego. Consideramos tres aspectos de este encuentro, que se convierte en diálogo: el grito, la fe, el camino.

En primer lugar, el grito de Bartimeo, que no es solo una petición de ayuda. Es una afirmación de sí mismo. El ciego está diciendo: “Yo existo, miradme. Yo no veo, Jesús. ¿Tú me ves?”. Sí, Jesús ve al hombre mendicante, y lo escucha, con los oídos del cuerpo y con los del corazón. Pensemos en nosotros, cuando por el camino nos cruzamos con algún mendigo, cuántas veces miramos para otro lado, cuántas veces lo ignoramos, como si no existiera. Y nosotros, ¿escuchamos el grito de los mendigos?

Segundo punto: la fe. Jesús ¿qué dice? «Vete, tu fe te ha salvado» (v. 52). Bartimeo ve porque cree; Cristo es la luz de sus ojos. El Señor observa cómo Bartimeo le mira a Él. ¿Cómo miro yo a un mendigo? ¿Lo ignoro? ¿Lo miro como Jesús? ¿Soy capaz de entender sus preguntas, su grito de ayuda? Cuando tú das limosna, ¿miras a los ojos del mendigo? ¿Le tocas la mano para sentir su carne?

Finalmente, el camino: Bartimeo, curado, seguía a Jesús «por el camino» (v. 52). Pero cada uno de nosotros es Bartimeo, ciego dentro, que sigue a Jesús una vez que se ha acercado a Él. Cuando tú te acercas a un pobre y te haces sentir cercano, es Jesús que se acerca a ti en la persona de ese pobre. Por favor, no confundamos: la limosna no es beneficencia. El que recibe más gracia de la limosna es el que la da, porque se hace mirar por los ojos del Señor.

Rezamos juntos a María, aurora de la salvación, para que custodie nuestro camino en la luz de Cristo.

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Después del Ángelus

¡Queridos hermanos y hermanas!

Hoy hemos concluido el Sínodo de los Obispos. Rezamos para que todo lo que hemos hecho en este mes vaya adelante por el bien de la Iglesia.

El 22 de octubre se celebraba el 50º aniversario de la creación, por parte de san Pablo VI, de la Comisión para las relaciones religiosas con el judaísmo, y mañana será el 60º aniversario de la Declaración Nostra aetate del Concilio Ecuménico Vaticano II. Sobre todo, en estos tiempos de grandes sufrimientos y tensiones, animo a los que están comprometidos a nivel local por el diálogo y por la paz.

Mañana se abrirá en Ginebra una importante Conferencia Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, a los 75 años de los Convenios de Ginebra.  Que este evento pueda despertar las conciencias para que, durante los conflictos armados, se respeten la vida y la dignidad de las personas y de los pueblos, como también la integridad de las estructuras civiles y de los lugares de culto, cumpliendo el derecho internacional humanitario. Es triste ver cómo en la guerra, en algunos lugares, se destruyen los hospitales y las escuelas.

Me uno a la amada Iglesia de San Cristóbal de las Casas, en el estado mexicano de Chiapas, que llora al sacerdote Marcelo Pérez Pérez, asesinado el domingo pasado. Un dedicado servidor del Evangelio y del pueblo fiel de Dios. Su sacrificio, como el de otros sacerdotes asesinados por fidelidad al ministerio, sea semilla de paz y de vida cristiana.

Estoy cerca de las poblaciones de Filipinas golpeadas por un fortísimo ciclón. El Señor sostenga a ese pueblo tan lleno de fe.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos. En particular, saludo a la Cofradía del Señor de los Milagros, de los peruanos en Roma, a quienes doy las gracias por su testimonio y animo a proseguir en el camino de fe.

Saludo al grupo de ancianos de Loiri Porto San Paolo, a los chicos de la Confirmación de Assemini (Cagliari), a los “Peregrinos de la salud” de Piacenza, los Oblatos Seculares Cistercienses del Santuario de Cotrino y la Confederación de los Pobres Caballeros de San Bernardo de Chiaravalle.

Y por favor sigamos rezando por la paz, especialmente en Ucrania, Palestina, Israel, Líbano, para que se ponga fin a la escalada y se ponga en primer lugar el respeto de la vida humana que ¡es sagrada! Las primeras víctimas están entre la población civil: lo vemos todos los días. ¡Demasiadas víctimas inocentes! Vemos cada día imágenes de niños masacrados. ¡Demasiados niños! Recemos por la paz.

Os deseo a todos un buen domingo. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 

 
 

Jóvenes Voluntarios en Valencia

Este pasado fin de semana, del 8 al 10 de noviembre, 97 alumnos de la Academia de Oficiales de la Guardia Civil, se han desplazado a la ciudad del Algemesí (Valencia) para apoyar a la población local en labores de desescombro y limpieza. Ha sido una iniciativa humanitaria y pastoral, coordinada por un guardia civil del UCOMA, el suboficial Mayor y el Páter de la Academia.

Antes de concluir esta celebración eucarística, os doy las gracias a todos vosotros, que habéis venido a honrar a los nuevos santos. Saludo a los cardenales, los obispos, los sacerdotes, las personas consagradas, en particular a los Frailes Menores y a los fieles maronitas, a los Misioneros y las Misioneras de la Consolata, las Pequeñas Hermanas de la Santa Familia y las Oblatas del Espíritu Santo, como también los otros grupos de peregrinos venidos de varios lugares. Un saludo deferente dirijo al presidente de la República Italiana, a las otras delegaciones oficiales y a las autoridades civiles.

Saludo al numeroso grupo de peregrinos ugandeses, con el vicepresidente del país, que han venido con ocasión de los sesenta años de la canonización de los mártires de Uganda.

El testimonio de san Giuseppe Allamano nos recuerda la atención necesaria hacia las poblaciones más frágiles y más vulnerables. Pienso en particular en el pueblo Yanomami, en la selva amazónica brasileña, entre cuyos miembros tuvo lugar precisamente el milagro vinculado a la canonización de hoy. Hago un llamamiento a las autoridades políticas y civiles, para que aseguren la protección de estos pueblos y de sus derechos fundamentales y contra todo tipo de explotación de su dignidad y de sus territorios.

Hoy celebramos la Jornada Misionera Mundial, cuyo tema – “Id e invitad a todos al banquete” (cfr Mt 22,9) – nos recuerda que el anuncio misionero es llevar a todos la invitación al encuentro festivo con el Señor, que nos ama y que nos quiere partícipes de su alegría conyugal. Como nos enseñan los nuevos santos: «todo cristiano está llamado a participar en esta misión universal con su propio testimonio evangélico en todos los ambientes» (Mensaje para la XCVIII Jornada misionera mundial, 25 de enero 2024). Sostengamos, con nuestra oración y con nuestra ayuda, a todos los misioneros que, a menudo con gran sacrificio, llevan el anuncio luminoso del Evangelio a cada lugar de la tierra.

Y seguimos rezando por las poblaciones que sufren a causa de la guerra – la atormentada Palestina, Israel, Líbano, la atormentada Ucrania, Sudán, Myanmar y todas las demás – e invocamos para todos el don de la paz.

La Virgen María nos ayude a ser, como Ella y como los santos, valientes y felices testigos del Evangelio.

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Queridos hermanos y hermanas, ¡feliz domingo!

El Evangelio de la liturgia de hoy (Mc 10,17-30) nos habla de un hombre rico que corre al encuentro de Jesús y le pregunta: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?» (v. 17). Jesús lo invita a dejar todo y a seguirlo, pero el hombre, entristecido, se va, porque -dice el texto- «era muy rico» (v. 23). Cuesta dejarlo todo.

Podemos ver aquí los dos movimientos de este hombre: al principio, corre para ir a ver a Jesús; al final, sin embargo, se va entristecido, se marcha triste. Primero corre al encuentro y luego se va. Detengámonos en esto.

En primer lugar, este hombre va corriendo adonde está Jesús. Es como si algo en su corazón le impulsara: en efecto, a pesar de tener tantas riquezas, se siente insatisfecho, lleva dentro una inquietud, va en busca de una vida plena. Como hacen a menudo los enfermos y los endemoniados (cfr. Mc 3,10; 5,6), en el Evangelio se ve, se postra a los pies del Maestro; es rico, y sin embargo necesita ser sanado. Es rico pero necesita ser sanado. Jesús lo mira con amor (v. 21); luego, le propone una “terapia”: vender todo lo que posee, darlo a los pobres y seguirlo. Pero, en este punto, llega una conclusión inesperada: ¡ese hombre pone cara triste y se va! Tan grande e impetuoso ha sido su deseo de conocer a Jesús, como fría y rápida ha sido su despedida de Él.

También nosotros llevamos en el corazón una necesidad irreprimible de felicidad y de una vida llena de sentido; sin embargo, podemos caer en la ilusión de pensar que la respuesta se encuentra en poseer cosas materiales y en las seguridades terrenas. Jesús, en cambio, quiere llevarnos a la verdad de nuestros deseos y hacer que descubramos que, en realidad, el bien que anhelamos es Dios mismo, su amor por nosotros y la vida eterna que Él y solo Él puede darnos. La verdadera riqueza es ser mirados con amor por el Señor -esta es una gran riqueza-, y, como hace Jesús con aquel hombre, amarnos entre nosotros haciendo de nuestra vida un don para los demás. Hermanos y hermanas, por eso, Jesús nos invita a arriesgar, a “arriesgarnos a amar”: vender todo para darlo a los pobres, que significa despojarnos de nosotros mismos y de nuestras falsas seguridades, prestando atención a quien está necesitado y compartiendo nuestros bienes, no solo las cosas, sino lo que somos: nuestros talentos, nuestra amistad, nuestro tiempo…  

Hermanos y hermanas, aquel hombre rico no quiso arriesgarse, no quiso arriesgarse a amar y se fue con cara triste. ¿Y nosotros? Preguntémonos: ¿a qué está apegado nuestro corazón? ¿Cómo saciamos nuestra hambre de vida y de felicidad? ¿Sabemos compartir con quien es pobre, con quien está en dificultad o necesita un poco de escucha, necesita una sonrisa, una palabra que le ayude a recuperar la esperanza? O necesita que lo escuchen… Recordemos esto: la verdadera riqueza no son los bienes de este mundo, la verdadera riqueza es ser amados por Dios y aprender a amar como Él.

Y ahora pidamos la intercesión de la Virgen María, para que nos ayude a descubrir en Jesús el tesoro de la vida.

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Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Sigo con preocupación lo que está ocurriendo en Oriente Medio y pido, una vez más, un alto el fuego inmediato en todos los frentes. ¡Que se recorran las vías de la diplomacia y el diálogo para obtener la paz!

Expreso mi cercanía a todas las poblaciones afectadas en Palestina, en Israel y en Líbano, donde pido que se respete a las fuerzas de paz de las Naciones Unidas. Rezo por todas las víctimas, por los desplazados, por los rehenes, que espero sean liberados cuanto antes, y deseo que este gran sufrimiento innecesario, engendrado por el odio y la venganza, llegue pronto a su fin.

 Hermanos y hermanas, la guerra es una ilusión, es una derrota, no traerá nunca la paz, no traerá nunca la seguridad, es una derrota para todos, especialmente para quien se cree invencible. ¡Deténganse, por favor!

Hago un llamamiento para que no se deje morir de frío a los ucranianos y para que cesen los ataques aéreos contra la población civil, que es siempre la más afectada. ¡Basta de matar inocentes!

Sigo la dramática situación de Haití, donde continúa la violencia contra la población, que se ve forzada a huir de sus casas buscando seguridad en otros lugares, dentro y fuera del país. No olvidemos nunca a nuestros hermanos y hermanas haitianos. Pido a todos que recen para que cese toda forma de violencia y, con el compromiso de la Comunidad internacional, se siga trabajando para construir la paz y la reconciliación en el país, defendiendo siempre los derechos y la dignidad de todos.

Saludo a los romanos y a los peregrinos de Italia y de muchos países, en especial a la Asociación Milicia de la Inmaculada, fundada por san Maximiliano Kolbe; a las parroquias de Resuttano (Caltanissetta); a los atletas paralímpicos italianos con sus guías y asistentes; y al grupo de Pax Christi International.

Saludo una vez más a los nuevos alumnos del Colegio Urbano, a quienes he recibido esta mañana.

El próximo viernes, 18 de octubre, la Fundación “Ayuda a la Iglesia necesitada” promueve la iniciativa «Un millón de niños rezan el Rosario por la paz en el mundo». ¡Gracias a todos los niños y niñas que participan! Nos unimos a ellos y confiamos a la intercesión de la Virgen -hoy es el aniversario de su última aparición en Fátima- la atormentada Ucrania, Myanmar, Sudán y los demás pueblos que padecen la guerra y cualquier forma de violencia y de miseria.

Saludo a los jóvenes de la Inmaculada, y veo banderas polacas, brasileñas, argentinas, ecuatorianas, francesas… ¡Saludo a todos!

Les deseo a todos un feliz domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y ¡hasta pronto!

El día 12 de octubre, en la Comandancia de la Guardia Civil de Ofra, en la isla de Tenerife, tuvo lugar la celebración de los actos en honor a la Virgen del Pilar, patrona de este Cuerpo.

Los actos comenzaron a las 11 de la mañana, con una Eucaristía presidida por el capellán castrense de la unidad, el páter Marcos J. Albertos y el sacerdote Don Manuel, encargado de la parroquia del Camino, en las proximidades de la comandancia. En dicha Eucaristía, el páter alentó a los presentes en su homilía a ser testigos del Evangelio y, que antes de perder los ánimos, recobráramos las fuerzas como hizo Santiago a orillas del rio Ebro, junto a María. También señaló que debemos pedirle a ella tener fuerza evangelizadora, de la misma manera que lo habíamos hecho a través de los años los miembros de este cuerpo llevando la devoción de María por todos los cuarteles de España.

Un nuevo impulso en la catequesis

La Parroquia Castrense de San Francisco de Ferrol comenzó un nuevo curso catequético con novedades importantes. Ante la necesidad de animar las catequesis y dar nuevos y modernos instrumentos de trabajo a los catequistas, la parroquia ha dotado a las 4 aulas de catequesis con pizarras interactivas de 65 pulgadas, conectadas a internet. A su vez se ha renovado todo el material catequético, que, basado en el Catecismo "Jesús es el Señor", se ha digitalizado en presentaciones y se han creado dos nuevos cuadernillos de actividades para los niños de primero y segundo de Comunión. Para dinamizar el conocimiento de los niños, se ha creado un álbum de cromos de santos, en los que los niños van compartiendo los cromos unos con otros para poder completarlo, a la vez que aprenden la vida de dichos santos e interactúan unos con otros, fomentando valores importantes como el compañerismo, la generosidad, etc.

ENCUENTRO DE DELEGADOS DE PASTORAL JUVENIL

Entre los días 3 al 6 de octubre, ha tenido lugar en Tenerife, el Encuentro de Delegados de Pastoral Juvenil, que organiza la Subcomisión de Juventud de la Conferencia Episcopal Española.

Durante los días 2 y 3 de octubre, tuvo lugar en la Base Naval de Rota, la visita canónica del Vicario Episcopal de la Armada, D. Vicente Hernández Chumillas.

Durante su estancia, despachó con los diferentes Jefes de las Unidades sitas en la Base, pudiendo experimentar una calurosa y hospitalaria acogida.

El primer día, el Almirante de la Flota ofreció un almuerzo en su residencia oficial en el que participaron todos los capellanes de la Base y el Capellán Mayor de la Bahía de Cádiz, además de otros Almirantes.

Cuando por el año 1246, los Caballeros de la Orden de Santiago, después de fundar los pueblos de Calera, Fuentes, Segura (hoy provincia de Badajoz), Arroyomolinos y Cañaveral (en la actual de Huelva), apellidados los cinco, de León; por ser incorporados a este Reino de Fernando III, también Rey de Castilla. Y tras haber tomado las villas y baluartes de Llerena, Usagre, Azuaga, Almadén, las alcazabas de Reina y Constantina, así como la atalaya de “Castriel Blanco”. En el Real Sitio de su Campamento, cercano a este último bastión, el Freire Soldado portugués, don Pelayo Pérez Correa, destacado guerrero y estratega, lo que le hizo alcanzar, en dicha campaña, el cargo de Gran Maestre de la Orden. Siguiendo la costumbre de su Señor, el Rey de León y de Castilla, que avanzaba con sus otros ejércitos, en paralelo, por las partes de Jaén y Córdoba; con sentido político y devocional a la Virgen, dejaba por terrenos reconquistados, Imágenes de la Madre de Dios. Quiso levantar una ermita, donde se venerara una de esas Imágenes, traídas por el Santo Rey, que recordara su estancia y la de sus huestes, por estos parajes, antes del asedio y del consiguiente asalto a la capital del Al-Andalus.

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