Ayer, 8 de mayo, la Orden Militar Constantiniana de San Jorge celebró, en la catedral castrense, el rito de admisión de sus nuevos miembros en el contexto de su patrona, la Virgen del Rosario de Pompeya. La celebración fue presidida por el arzobispo castrense, Juan del Río Martín. Dicha celebración consistió, principalmente, en una eucaristía. A parte del Gran Maestre, Pedro de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, acudieron diversas personalidades pertenecientes a distintas órdenes militares.
Los actos se desarrollaron con gran solemnidad, el hijo mayor de don Pedro, Jaime, realizó un discurso en el que recordó, al igual que el Arzobispo en su homilía, la importancia de esta orden en los dos milenios de historia del cristianismo. También hizo referencia también a las virtudes propias de los caballeros y recordó, de forma anecdótica, unas palabras del papa emérito, Benedicto XVI, en las que alude al célebre personaje de Cervantes, el Quijote, fijándose en las virtudes que este opta por vivir, la castidad de pensamiento, el valor en sus acciones, la rectitud en sus obras, etc. En su homilía, el Arzobispo recordó que “en esta sociedad descreída, que ha perdido sus raíces cristianas, hay que dar la cara”. Quiso acordarse también, repasando los misterios del Rosario, de aquellos que, en palabras suyas, “son la Pasión de Cristo hoy en día, gente que sale de sus tierras buscando paraísos que no existen”. Pero sus últimas palabras, terminando con los misterios gloriosos, fueron de ánimo, destacando que hemos sido hechos para la vida, no para la muerte.
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